martes, 2 de septiembre de 2014

Taking to the streets


Aldo van Eyck, Playground

Si siguen la temporada de exposiciones madrileñas, sabrán que hay instituciones mucho más locuaces que otras. Ciertos museos y fundaciones - ya intuirán a quien me refiero - realizan auténticas campañas propagandísticas de sus muestras, en su opinión, únicas, definitivas, irrepetibles, iluminadoras e enciclopédicas. En realidad, la mayoría de las ocasiones lo único que hacen es dar vueltas al mismo molino, repitiendo una y otra vez esos artistas y movimientos que saben atraerán al público a manadas.

Una excepción en este ámbito es el MNCARS, Museo Reina Sofía o Sofidú, para los amigos. La diferencia estriba en que aunque se trata de una institución mastodóntica, un transatlántico/acorazado de las artes, el objetivo de sus muestras recientes es trazar una historia del arte post-1945, tan desconocido para el aficionado corriente. Esta tarea no se limita a revisar artistas o enumerar movimientos, sino que intenta buscar temas metaartísticos, aparentemente fuera del ámbito de la estética y la práctica artística, que  permitan contemplar estos fenómenos desde un punto de vista nuevo, para encontrar así relaciones y similitudes inesperadas.

Una de estas exposiciones tipo/búsqueda es la Playgrounds: Reinventar la Plaza , que se puede visitar aún en las salas de ese museo.
El punto de partida no puede ser más banal. Se trata de examinar en detalle la historia y evolución de un elemento ubícuo en el paisaje urbano de las ciudades: los lugares destinados al juego de los niños, bien en los parques, bien en las propias calles. Con esta excusa, se logran dos objetivos de importancia insospechada. Por un lado, mostrar como la sociedad contemporánea ha (re)definido el uso de los espacios urbanos, además de mostrar como la lucha política e ideológica se ha trasladado a su uso y utilización. Por otro lado, señalar como artistas de renombre han considerado este tema menor como digno de su obra, incluso hasta dedicarse a ellos por completo.

En este último punto, la importancia de los lugares de juego/parques infantiles radica en su dimensión social y ciudadana. Se trataría tanto de proceder al embellecimiento de la ciudad, eliminando las zonas ambiguas  - descampados, solares y obras -, como de ofrecer un lugar en el que los niños puedan jugar y desarrollar sus capacidades. Hay que puntualizar que este eliminar no supone un proceso de gentrificación - entendida como el proceso de mejorar un ámbito urbano mediante la expulsión de sus habitantes originarios -, sino aceptar que esos espacios olvidados estaban ya siendo utilizados informalmente con finalidades lúdicas, para concederles así pública y oficialmente ese rango. Tampoco significa que se sanitize ese área, reduciendo la creatividad de los niños a una serie de actividades impersonales inocuas, sino que el sabor de la aventura, de la exploración, incluso del peligro, que atrajo a los niños a ese área, sea subrayado y reforzado.

No es de extrañar, por tanto, que grandes personalidades de las artes se hayan sentido atraídos por ese concepto y sus posibilidades. Entre ellos, merece destacarse el holandés Aldo van Eyck, quién sembró los rincones de Holanda de pequeños espacios para el juego, cada uno adaptado a su entorno, en los que unos mismos elementos básicos de partida permitían una variedad inacabable de soluciones; o Lady Allen of Hurtwood, quien creo el concepto de Adventure-Playground, lugares de juego camuflados de espacios abandonados en decadencia, en los que los niños podían encontrar ese atractivo de lo prohibido que les hace huir de los lugares reglamentados y ordenados. Dos figuras clave a las que habría que añadir otras como Noguchi, Giacometti o Constant.

Constant, Playground

Éste último nombre nos lleva al primer objetivo de la exposición: el uso social y político de la calle. Tanto Constant como van Eyck formaron parte de la Internacional Situacionista, que buscaba reconquistar la ciudad. Esta reconquista se expresaba como oposición a una visión comercial de los entornos urbanos como lugar de paso entre el hogar y el trabajo, donde el individuo veía limitada a una serie de vías prefijadas y determinadas, ya fuera de superficie o subterráneas, en transporte público o privado, a cuyo recorrido dejaba de prestar atención. El Situacionismo pretendía romper esta servidumbre, convirtiendo la ciudad en un auténtico campo de juegos, donde una serie de actividades lúdicas, sin propósito ni finalidad aparente, permitiesen redescubrir los entornos urbanos, obligándonos a salir de nuestras rutinas habituales, a torcer esa esquina que nunca habíamos tomado, para toparnos así con nuevos paisajes, nuevas posibilidades, nuevas perspectivas.

Aunque aparentemente lúdica, esta concepción de la ciudad tiene profundas implicaciones políticas, casi revolucionarias. Trata de que seamos nosotros los que demos sentido a la ciudad, al modo en que vivimos en ella, a la manera en que la experimentamos, sin que esto venga impuesto por los poderes económicos y políticos, por nuestras necesidades laborales, económicas o del tráfico urbano. El situacionismo es así tanto la expresión modernista y vanguardista de fenómenos existentes desde antiguo en las sociedades humanas - festivales, ferias y carnavales en su modo colectivo, el paseo y el vagabundeo en su vertiente personal -, como el punto de partida de todo tipo de movimientos sociopolíticos que buscan reconquistar la calle.

Entre ellos se contarían las iniciativas como las de guerrilla artística urbana que buscaban ocupar un rincón de una ciudad, poner patas arriba las actividades cotidianas, para proceder así a la movilización de una población adormecida, repentinamente concienciada. Si bien este modo de actuación ha sido rápidamente absorbido por los mecanismos de la publicidad y la propaganda - por ejemplo como promoción de nuevos grupos de música - no es menos cierto que se ha metamorfoseado en acciones más radicales y combativas, sean las protestas contra la gentrificación de barrios populares, que en realidad ocultan proyectos de deportación urbana blanda, sean fenómenos más recientes, productos de un tiempo de recesión económica y política, como los escraches o las movilizaciones antideshaucios.

En conclusión. la exposición Playgrounds es una de las más interesantes del panorama actual, tanto por su contenido estético como por sus ramificaciones políticas, que le dan ese carácter de excepción, que poco tiene que ver con esas fiestas vacías del autobombo que tanto gustan a otras instituciones


Isamu Noguchi, Playground