martes, 12 de mayo de 2009

Nuke them All

Have the instructions being given on any occasion to British airmen to engage in area bombing rather than limit their attentions to purely military targets, Richard Stokes PM asked the Air Minister in the House of Common on 31 March 1943.

The targets of Bomber Command are always military, but night-bombing of military objectives necessarily involves bombing the area in which they are situated, replied Sir Archibald.

Is the Right Hon. Member aware that a growing volume of opinion in this country considers indiscriminate bombing of civilians centres both morally wrong and strategic lunacy? Stokes asked the Deputy Prime Minister on 27 May 1943

No, there is not indiscriminate bombing, replied Mr Clement Attlee, amidst rousing cheers. As has been repeatedly stated in the House, the bombing is of those targets which are most effective from the military point of view.

Intervenciones en el Parlamento sobre las acciones del Bomber Command Británico

...but there is fresh evidence that makes some of us afraid that we are losing moral superiority to the Germans, and if Harris means not merely that incidental casualties to women and children cannot be avoided, but also that the residential heart of Berlin is to cease to beat, then a good many people will feel that they have been let down - though in writing this I speak in the name of no commitee. Of course the Germans began it, but we do not take the devil as example...

Carta del Marqués de Salisbury al Ministro de Aviación en noviembre de 1943

Leyendo la magistral crónica, Bomber Command, que escribiera Max Hastings sobre el mando de bombarderos británico durante la segunda guerra mundial me llamó la atención un aspecto poco conocido pero sobre el que el autor hacía especial incapaz, el como amplios sectores de la opinión pública británica, tanto del gobierno como de la oposición se sentian bastante incómodos, desde un punto de vista moral, con la forma en que Sir Arthur Harris, el comandante de la fuerza de bombardeos estaba llevando a cabo la ofensiva aerea contra Alemania.

Como se puede ver por los fragmentos que he incluido, muchos sentían que llevando a cabo una campaña de bombardeo indiscriminado sobre las ciudades alemanas, en la que un elevado número de muertes civiles era inevitable, suponía que Inglaterra había comenzado a actuar como los propios nazis y por tanto perdido cualquier superioridad moral en el conflicto.

No es éste, ni era, un problema baladí. Estamos hablando de unas acciones de guerra que se pueden calificar casi de crímenes de guerra, especialmente si tenemos en cuenta que el propio Harris contaba con derribar la resistencia alemana quebrando la moral de la población mediante la destrucción de sus ciudades y la muerte de sus habitantes, lo cual no se separaba mucho de la política de ocupación nazi, en la que se buscaba la sumisión completa mediante el terror, las represalias y la arbitrariedad.

Por supuesto, es posible encontrar un buen número de justificaciones a las tácticas de bombardeo indiscriminado del Bomber Command. En primer lugar, Inglaterra había estado sometida en los años 40/41 a lo que se conoce como el Blitz, una ofensiva indiscriminada por parte de la Luftwaffe con el objetivo de arrasar las ciudades británicas sin que en estos ataques mediara ninguna justificación militar, como podría ser el hecho de dejar fuera de combate un conjunto industrial, un nudo de comunicaciones, etc, etc, en el curso del cual se produjeran un número de víctimas civiles. No, el objetivo de la Luftwaffe era el terror por el terror.

En ese sentido la contraofensiva de la RAF servía como un medio de levantar la moral del pueblo británico, demostrando que ellos también podían devolver los golpes. Un contraataque que se justifica como ataques contra los centros industriales alemanes, es decir las fábricas de armamento y las instalaciones, centrales de energía, plantas de gasolina sintética, que permitían que estos centros funcionaran.

Aquí llegamos a otro punto crucial, el pequeño salto cuantitivo que permitiría un salto cualitativo en el error. la RAF no tenía capacidad para realizar incursiones diurnas frente al poder de las defensas alemanas, esto significaba que cualquier intento de bombardeo de precisión era imposible, ya que no había medios para encontrar un objetivo preciso y pequeño en medio de la noche. De hecho las propias estadísticas de la RAF demostraban que casi ninguna de las bombas alcanzaba el objetivo esparciéndose en un radio de más de cinco millas a su alrededor.

Un impedimiento técnico y táctico que como digo llevó a abandonar cualquier intento de precisión y ejecutar el bombardeo por zonas, en la esperanza de que si un número grande de bombarderos atacaba un lugar determinado alguna de las bombas acabaría por alcanzar el objetivo. Una política cínica en la que se intercambiaba la certeza de causar un gran número de víctimas civiles, los habitantes de las zonas cercanas, por la seguridad de causar un daño a la máquina de guerra alemana.

Hasta aquí podríamos decir que se podría trazar una línea. La de una estrategia que buscando unos objetivos podríamos decir legítimos aceptaba causar una serie de tremendos daños, que en cierta medida quedaban justificados por la resistencia enemiga, los problemas técnicos y el deseo de devolver el daño sufrido. El problema es que aquí entra en juego la personalidad de Harris, que a medida que leo más de él se parece más a un obseso, incapaz de ver otra cosa que no sea el objeto de su obsesión.

En efecto, literalmente Harris lanzó por la borda todas las justificaciones militares y se embarcó en la política que comentábamos antes, la derribar a Alemania por el medio de destruir sus ciudades. Una obsesión que se reveló en multitud de facetas a cada cual más aterradora, el hecho de que en muchos de sus ataques los bombarderos eligieran deliberadamente los centros de población y ni siquiera llegasen a rozar las zonas industriales (la descripción que hace Hastings del bombardeo de Darmstadt es reveladora), en la que se nego a aceptar cualquier otra solución que no fuera la suya, negando la evidencia y proclamando a los cuatro vientos que era él quien estaba derrotando a Alemania, impidiendo que los recursos a su cargo fueran utilizados en tareas más necesarias y urgentes, como era la lucha contra los Uboot o la preparación del desembarco de Normandía.

Una obsesión que le llevó a continuar la destrucción de las ciudades alemanas cuando ya no era necesaria, ni ninguna de sus justificaciones era ya sostenible, puesto que en 1944 y en 1945, la destrucción de la Luftwaffe y los medios técnicos permitían ya el bombardeo de precisión, y la aniquilación de las ciudades alemanas no servía a ningún objetivo militar, sino que sólo denotaba un odio y un rigor que no eran necesarios.

Porque esta es otro de los grandes absurdos de la guerra, a pesar de sus rimbobantes declaraciones de que la RAF con sus bombardeos indiscriminados había derrotado a la luftwaffe y puesto de rodillas a Alemania, la cuestión es que quien expusó a la aviación alemana de los cielos fue la USAAF, cuando a primeros del 44 introdujo el caza de escolta de amplio radio y obligo por primera vez a los cazas alemanes a atacar a las formaciones de bombarderos en inferioridad de condiciones. Es más, en ese mismo instante de tiempo la USAAF descubrió el auténtico punto débil de los alemanes, sus instalaciones de producción de petróleo sintético, que atacó hasta casi cerrarlas, y que hubiera podido eliminar completamente si Harris hubiera sido un poco más abierto o más humano.

Porque el caso es que, a pesar de los terroríficos bombardeos que causaron decenas de miles de muertos y crearon lo que se llamo tempestades de fuego, capaces de convertir una ciudad en un brasero, como demostraron los casos de Hamburgo y Dresde, la RAF era incapaz de aplicarlos con la intensidad suficiente para derribar a Alemania, excepto en 1944-45 cuando esta ya estaba derrotada. Es más, a la altura de 1943 quien estaba completamente derrotada es la RAF que en la batalla de Berlín sufrió pérdidas que no podia reemplazar ni compensar.

Un ejemplo de como la tozudez lleva a los mayores disparates... y a la muerte inútil y absurda de centenares de miles de personas, unos 50.000 miembros de la RAF y unos 600.000 civiles alemanes.