martes, 19 de mayo de 2009

Neverending war

Two weeks later on 11th December, the first troops marched down Unter den Linden in Berlin. The men wore green laurel wreath over their steel helmets, each rifle bore its little spray of flowers, the machine guns were garlanded with green branches and children waving gaily coloured flags sat by the side of them. They were greeted by the new chancellor, the socialist Friedrich Ebert: I salute you who returned unvanquished from the field of battle.

Hew Strachan, The First World War.

He leído hace unas semanas la crónica de la primera guerra mundial del que he extraído el párrafo que abre esta entrad y, antes de comentarla, señalar que ha sido una cierta decepción, que no iguala la expectación con que se saludaba en cierto suplemento cultura de cierto periódico de ámbito nacional. No es problema sin embargo del historiador y de la forma en que ha expuesto el tema, muy interesante y complea, el fallo radica más bien en que se nota que es un resumen de la inmensa trilogía que está escribiendo el autor, detenida en el primer tomo desde el 2001, y de la cual el primer tercio de este libro parece un copy & paste de párrafos señálados, mientras que los dos tercios restantes hacen desear la pronta aparición de los tomos dos y tres, para ver el material ampliado y analizado en profundidad.

Pero no esto lo que quería comentar, lo que quería señalar, como bien hace Strachan, es como la primera guerra mundial, y su historia, es una acumulación de contradicciones, desde el mismo momento en que la guerra para acabar con todas las guerras, acabó siendo el prólogo de un conflicto mayor, más cruel y más devastador que terminaría en 1945 con una Europa arrasada. De la misma manera, la fecha convencional para señalar el fin de la guerra, el 11/11/1918 a las 11 de la mañána, sólo supuso el fin de la guerra en el frente occidental, puesto que en Europa oriental continuaría hasta principios de los años 20, en forma de guerra civil rusa primero y conflicto ruso polaco después, o en el conflicto paralelo entre griegos y turcos, donde éstos últimos se convertirían en el primer país en librarse de las condiciones del tratado de Versalles, ¡Y por la fuerza de las armas, ni más ni menos!

O como indica el párrafo que he elegido, una escena que podría pensarse tiene lugar en 1933, recién llegados los nazis al poder, para demostrar la pujanza de la nueva Alemanía y su voluntad de revisar Versalles, pero que tiene lugar en 1919, recién creada la república de Weimar y con el beneplácito y presencia de un presidente del SPD (el partido socialista alemán)... demostrando hasta que punto el mito de la puñalada por la espalda, ése según el cual Alemanía no había sido derrotada en los campos de batalla, con lo que las condiciones del tratado de paz eran injustas e ilegales, estaba extendido hasta los rincones más insospechados de la sociedad Alemana, un factor que Hitler sabría muy bien manipular y utilizar en su propio beneficio.

Lo anterior puede resultar chocante aunque previsible, pero las contradicciones no se acaban ahí, porque un hecho casi desconocido, al menos es en España, es que la situación económica de Alemania tras la guerra era mucho mejor que la de Inglaterra. En efecto, a pesar de la derrota, la revolución y el cambio de gobierno, la proliferación de movimientos extremistas, las pérdidas de población y territorio, la inflacción de primeros de los 20 y el peso de las indemnizaciones de guerra, la economía alemana se las arreglo para experimentar un auténtico boom a finales de los 20, mientras que la economía británica, endeudada hasta las cejas con EEUU y uncida a un Imperio mundial que empezaba a representar una carga insostenible, no se recupero tras el conflicto, y atravesó las décadas de los años 20 y 30 en depresión, con tasas de paro y pobreza insospechadas en un país moderno... lo cual, curiosamente, podría explicar porqué el impacto psicológico de la gran depresión fue peor en Alemania que en Inglaterra, donde lo único que hizo fue empeorar lo malo y no derribar lo bueno.

La lista de contradicciones sería interminable. Tenemos un conflicto completamente Europeo, una guerra general como las que se venían librando desde el XVII, con la guerra de los 30 años, que se convierte rápidamente en mundial, afectando al continente africano e incluso culminando en llamadas por parte de las autoridades musulmanas a la Yihad contra las potencias aliadas, mezclado esto con las aspiraciones turcas de crear una PanTurquia, que se extendiera del Egeo a China, tras englobar las repúblicas rusas del Asia Central, o avanzando un poco más, donde la lucha en los campos de flandes, se convierten en una lucha entre China y Japón, que prefigura el conflicto de los añós 30 que haría estallar la guerra del Pacífico en los 40.

Una guerra, en fin, que comienza como un conflicto del XIX, aparentemente restringido a una campaña de verano, librada con reglas estrictas, pero que rápidamente se transforma en el primer conflicto del XX, una guerra total donde los civiles se convierten en un objetivo válido y donde se produce el primer genocidio como tal, una guerra que adquiere tintes revolucionarios, pues en ella se utiliza la aviación, el tanque, la ametralladora, los gases, el camuflaje, el submarino y el portaaviones, todas y cada una de las invenciones, excepto la bomba atómica, que nos parecen indisociables del a guerra moderna, pero donde cada una de esas invenciones sólo sirve para mejorar las posición defensiva y a frustar los ataques, cuya técnica marcha siempre un punto detrás de la de la ofensiva.

Una guerra, por tanto, donde las técnicas y las formas de las ocupaciones coloniales, ésas por las que se mantenía a la población extraeuropea sometida bajo el terror y destinada a servir económicamente a la metrópoli, se aplican por primera vez a los propios europeos, y donde la lógica inexorable e implacable de la guerra va haciendo saltar todos los obstáculos y miramientos anteriores al conflicto, de nuevo prefigurando lo que ocurriría en el confilcto posterior, donde esos gérmenes serían llevados a la perfección por el radicalismo desatado de Hitler y sus huestes, hasta unos extremos de destrucción y abyección que nadie antes podía haber imaginado, pero que ahora tras este Dark Century, parecen hasta normales.

La norma y no la excepción, como dijo alguien de Auschwitz.

2 comentarios:

David Jack dijo...

"Ese desconocimiento" que se utiliza manipuladoramente para ser moralmente ambiguo y defender causas indefendibles y de rebote sirve de contraargumento para perpetuar opiniones añejas, abrumando al "espectador", no permitiendo una neutralidad sana y asfixiando una "temeraria" opinion personal. Inexistentes verdades con las que se intenta eludir la decision personal: tener o no tener un arma entre las manos. Quitar una vida o no hacerlo. Jurar a una bandera o enfrentarse a un consejo de guerra. El ser humano desnaturalizado (o todo lo contrario.

Mmm, que obtuso me ha quedado. Sonaba mejor en mi cabeza :D tal vez con algun dibujillo :D :D

David Flórez dijo...

Bueno, yo no soy muy fan del determinismo histórico, que como bien dices, tiende a convertirse en una excusa con la que librarse de nuestras responsibilidades personales.

De hecho, hasta hace nada, la primera guerra mundial, parecía el ejemplo y la demostración perfecta de esas leyes inmutables, encarnadas en el sistema de alianzas que provoca el estallido de la guerra como si de un mecanismo de relojería se tratase. Sin embargo, si se rasca un poco, se ve como esas decisiones inevitables, dependen mucho de la personalidad y los defectos de las personas al cargo... y por supuesto de la suma de las decisiones de muchas y muchas personas anónimas.