domingo, 31 de mayo de 2009

Everyday's Work










Debo confesar que mi admiración por Humphrey Jennings crece a medida que conozco sus obras, especialmente porque sus mejores obras pertenecen a un genero imposible, la propaganda de tiempo de guerra, pretendidamente destinada a levantar los ánimos, convencer a los ciudadanos de que su causa es justa, siendo obligado morir por ella, y de que es justo y necesario exterminar al enemigo, puesto que se haya desprovisto de cualquier atisbo de humanidad.

Basta la secuencia anterior, perteneciente a A Diary for Timothy, rodada del 44 al 45, para darse que cuenta de que nada de lo dicho se encuentra en la obra de Jennings. En ese fragmento está el cansancio, el desánimo provocado por una guerra interminable, a la que aún al menos le queda un largo, frío y triste invierno, durante el cual los muertos se seguirán acumulando. Una guerra que, por añadidura, no se libra contra extrarrestres ni contra cultura incomprensibles, sino contra gentes a las que nos une toda una historia común representada en la música de Beethoven, un alemán, un enemigo, pero que sigue siendo interpretada y amada en la tierra de los contrarios. Un desgarro interior, por tanto, que se une al desánimo del que hablaba antes, aumentado por la consciencia de no saber si esa paz tan anhelada no será más que un breve respiro, y todo volverá a suceder de nuevo, como ocurriera tras la primera guerra mundial.

Sin embargo, se puede pensar que eso no otra cosa que un nuevo giro propagandístico, un preparar para la paz. Idea falsa, pues basta visitar I was a Fireman/Fires were started del 43, un momento que el destino de la guerra aún estaba por decidir y todos los resultados aún abiertos y posibles. En esta película, Jennings narra un día en la vida de los bomberos que debieron luchar contra los incendios provocados por el bombardeo indiscriminado de Londres por parte de los alemanes, el Blitz de los años 40 y 41. Una película que comienza en tono menor, fijándose en detalles mínimos, casi banales, la necesidad de preparar el equipo, de descansar, sin que en ningún momento se filtre ese patriotismo vacío de las grandes frase y declaraciones. Una historia que agranda por momentos, a medida que seguimos a estos bomberos en una noche de bombardeos y comprobamos su heroísmo, un heroísmo que consiste en resolver las dificultades con su entrenamiento y su ingenio, que nunca es subrayado, sino que emerge de forma natural, como la labor que se realiza todos los días sin pensarla, porque se ha convertido en algo normal.

Un heroísmo que no desemboca en victoria, puesto que el edificio que intentan salvar arde por entero, llevándose a varios de los suyos por delante, o mejor dicho, en el que la victoria consiste precisamente en continuar vivos, para poder seguir luchando contra el fuego al día siguiente, lo que lleva a que la tragedia que supone el Blitz nunca sea exagerada, sino que aparezca contemplada con el mayor estoicismo, ni que tampoco se nos intente manipular en ningún instante, puesto que con un drama de este calibre, de aglomeraciones urbanas salvajemente bombardeadas por la aviación enemiga, cualquier otro director nos hubiera mostrado víctimas civiles, preferentemente niños, o a las mujeres de los bomberos devastadas por el duelo, cosa que Jennings nos ahorra porque es evidente, mientras que no lo es, el día a día agotador de esos civiles obligados a militar en una guerra que no deseaban.

O por ir un poco más atrás, a Listen to Britain de 1942, para cerrar el ciclo con otro concierto, esta vez de Mozart y en la National Gallery londinense, cuando apenas había terminado el Blitz, donde Jennings redunda en ese poder de la música como consuelo en la adversidad, y nos reitera la imagen de una Inglaterra en armas, compuesta por civiles en uniforme que siguen soñando por la paz...


























...todo lo contrario de la copia, casi plano a plano, que encargaría Goebbels, el ministro de propaganda nazi, en 1943 tras Stalingrado, donde Beethoven, la Filarmónica de Berlín y Wilhem Fürtwangler se convierten en el vehículo musical que canta a la raza elegida y a sus soldados invictos.