miércoles, 18 de febrero de 2009

Old Arguments/Present Debates

El cristianismo, se señala, es poco brillante, está falto de prestigio, de heroísmo, de esplendor. Jesús, en el momento de su proceso y muerte, no se condujo como un sabio o como un hombre divino. Dejó que le escupiesen en la cara y que le coronasen de espinas; no pronunció ningún discurso vigoroso o ardiente, sino que dejo que le tratasen como a la chusma de los bajos fondos. Murió en un suplicio ignominioso. Su famosa resurrección se produjo en presencia de pobres mujeres y de simples de espíritu. Los apóstoles no eran más que rústicos y desgraciados que siguieron a Cristo por ingenuidad. Su fin fue tan humillante como el de Cristo. Por su parte, la propaganda cristiana se ha dirigido siempre con predilección a las gentes sin cultura, a los pobres, inspirándoles el desprecio por la verdadera nobleza y por la riqueza. No hay, pues, en el cristianismo lugar para los valores esenciales del helenismo, el heroísmo, la elocuencia, la belleza, la ciencia. Además, los cristianos se comportan como "enemigos del genero humano". Se niegan a integrarse en la vida de la ciudad, en las tradiciones culturales y religiosas que les proporcionan su cohesión. Sin embargo, señala Celso, comen, beben, contraen matrimonio, participan de las alegrías de la vida así como de los males que les son inherentes. Se aprovechan, pues, del orden social y político. Deberían pagar, por tanto, un justo tributo de honor a los emperadores que velan por ese orden y deberían cumplir los deberes que la vida impone. Si rehúsan aceptar las tradiciones y costumbres de la nación en la que viven, deberían al menos exiliarse y renunciar a la participación en la vida comunitaria.

Historia de las Religiones Siglo XXI, tomo 5, El fin del paganismo

Leía este resumen, aún más extenso en el texto original, de las controversias entre paganos y cristianos, los unos a la ofensiva, los otros a la defensiva, y no dejaba de martillearme una idea molesta, el parecido de nuestra sociedad presente con la sociedad romana de aquellos tiempos, ese siglo-bisagra que fue el III d.C, entre un paganismo tolerante e incluyente, y un cristianismos triunfante y excluyente.

Por supuesto, mi situación es un tanto peculiar en este asunto. De niño, pasé por un colegio religioso y durante mucho tiempo me pensé "dentro" de la iglesia. Pensaba en que un día me sería revelada la "verdad", esa incontestable e innegable que figuraba en los libros santos, y mientras la esperaba, perdía mi tiempo en el examen de los problemas teológicos que habían desafiado a doctores y santos, o me entregaba a la lectura de los evangelios con quizá demasiada frecuencia, hasta casi saber de memoria cada pasaje y cada giro, hasta sentir cada palabra como propia, de forma que sólo su recuerdo, su presentimiento era capaz de emocionarme .

Sin embargo, todo aquello, se desvaneció con el tiempo. Hace ya muchos años, hacia 1992, descubrí que aquella pre-fé, llamémosla así, ya no existía, que la idea de dios, un dios que se preocupaba por nuestro destino y que nos esperaba tras la muerte, no tenía ningún sentido para mí, era absurda y falsa, no reflejaba ninguna realidad presente o futura. Curiosamente, esa transición no tuvo nada de dramático, nada de repentino, simplemente, como ocurre con las estaciones del año, un día se está en invierno y al día siguiente en verano.

Ese tránsito mío ha provocado que cuando escucho hablar, ahora mismo, a los representantes de la iglesia, sea incapaz de relacionarnos con aquella la iglesia de mi niñez, efecto sin duda del borrado que el tiempo ejerce sobre la memoria. Vistos ahora, no puedo tener la impresión de que son como los cristianos que veían los paganos, tercos, obstinados en el error, refractarios a cualquier demostración, desconfiados de cualquier debate, incapaces de concebir otro camino que no sea el de su supuesta verdad revelada... impresión que se extiende también a sus enemigos, cuyos ataques y diatribas me parecen innecesarios, puesto que al habérseme disuelto la fe por sí misma, el mundo de la religión y la fe no me parecen tan peligrosos como les ocurre a muchos de mi nuevo bando.

Una evolución que tiene que ver también con el hecho de que la iglesia se está replegando sobre sí misma, reduciéndose a los puros y creyentes, expulsando a los tibios y dudosos. Poco tiene que ver una institución, como lo era hace unos decenios, que es una sociedad que representa una sociedad y que parece inseparable de ella, llevando a que en su seno quepan todas las tendencias y todas las vías de esa sociedad, con un grupo que es parte de una sociedad, un grupo más entre muchos, sin pretensiones de universalidad, sin capacidad de decidir el rumbo de la sociedad, reducido a ser una minoría cuya ruta, como digo, está regida por los más intransigentes, los más fanáticos, los más radicales.

En cierta manera, estamos asistiendo al final de un ciclo, al cierre del periodo triunfo religioso que se originase en el siglo III, al nacimiento, como ya he visto señalado, de una sociedad postcristiana, que tiene que crear, casi de cero, sus propias concepciones morales y sociales. Un ruptura con el pasado, en este caso cristiano, del mismo calibre y gravedad que la que terminó hace diecisiete siglos, con el paganismo. Un periodo de crisis donde vuelven a surgir los mismos debates que antaño, donde se aplican al enemigo conceptos parejos, donde las palabras del pasado parecen escritas ahora mismo... extraña prueba de la inmutabilidad de la historia, por muchas vueltas y revueltas que demos.

Pero también, ante todo, un conflicto del que desconocemos su resolución, puesto que, en esta lucha ideológica entre bandos irreconciliables, solo por que sus concepciones del mundo niegan las del contrario, puede ocurrir que el vencedor sea un tercero inesperado

2 comentarios:

David Jack dijo...

Precisamente, no veo mucho la relación entre Iglesia y Evangelios... y en el texto citado, que "carga" contra los "estúpidos e incultos" cristianos, me parece más cargado de emociones que de razón. Solo pensar en las grandilocuentes catedrales católicas, y que el catolicismo es poco más que la continuación pagana romana, no esa reforma del judaismo que desapareció totalmente en el siglo II bajo las influencias helenas del alma inmortal.

Con todo, la Iglesia Catolica, como insitucion podrida, y las igleasias protestantes/luteranas/evangélicas aniquiladas por las diferentes corrientes (fundamentalistas y "equilibristas de la fe') hacen que ninguna pase la prueba "de los evangelios"

Por supuesto luego hay que pensar si vale o no la pena leer estos o estudiarlos, o lo que fuere... (demasiado fácil escupir en los "libros antiguos" me temo).

Así la auséncia de religión actual es algo nuevo, siendo el catolicismo el mejor ejemplo de paganismo, con su panteón de santos del olimpo, con sus vespasianas y con su sacro emperador infalible divinizado.

David Flórez dijo...

Me temo que he ocultado info... El texto que incluía, no es sino un resumen (muy abreviado) de los argumentos que los paganos de principios de nuestra era, presentaban contra los cristianos.

Una especie de visión desde fuera que resulta muy curiosa sobre todo si se la contrasta con la visión desde dentro