lunes, 13 de octubre de 2008

Innocence Lost


Este fin de semana, aparte de las hazañas de la resistencia comentadas en la entrada anterior, he visto también la trilogía que Terence Davies rodara entre 1976 y 1983, compuesta por Children, Madonna and Child y Death and Transfiguration, esa revisión from the craddle to the grave, de la anodina vida en provincias de un homosexual británico, que se supone un trasunto de la propia experiencia vital del autor, excepto, claro está, en los hechos que podríamos llamar futuros, es decir, la decadencia inexorable que produce la edad y la muerte que finaliza con todo, con nosotros y con el mundo en que vivimos.

Una revisión/reconstrucción/remontaje que coincide en muchos aspectos con uno de los cuentos más desolados y pesimistas que se hayan podido escribir, una de esas lecturas que conviene evitar cuanto se pueda, para que no afecte al barniz de cordura que cubre nuestras mentes, y que me parece imposible que haya podido salir de la pluma de un ferviente creyente cristiano. Me refiero, como era de esperar, a La Muerte de Iván Ilich de Tolstoi, esa certera descripción de la inutilidad de la existencia humana y de la inutilidad de cualquiera de nuestros deseos y esperanzas.

Una revisión/reconstrucción/remontaje que me ha sacudido emocionalmente, por coincidir, a ráfagas, con mi propia experiencia y con mis propia visión de la vida.

Otras veces, en las entradas de este blog, o quizás de pasada en algún foro de esos, llegué a decir como en nuestra sociedad actual, tan hipersexualizada ella, el paso a la madurez, la pérdida de la inocencia, se identifica con el despertar a la sexualidad. Sin embargo, para mí, esa pérdida de la inocencia coincide con el descubrimiento de la profunda injusticia de este mundo, donde los más fuertes oprimen a los más débiles y construyen normas, leyes que justifiquen y santifiquen su conducta. Un modo de comportamiento que se intente racionalizar y demostrar, buscando una necesidad que exculpe a aquel que se regodea en él, pero que no tiene otra razón que el placer que se experimenta en el sufrimiento de aquellos que están por debajo.

Unos ritos de paso, siempre crueles, siempre brutales y salvajes, que sirven para descubrir el otro aspecto repugnante de nuestras vidas, ése que procuramos mantener fuera de nuestras mentes, para que no nos destruya, la certeza de nuestra propia muerte, de nuestra próxima desaparición, de nuestra derrota definitiva a manos de enemigos a los que nunca podremos vencer o escapar.... y de los que nunca bajará a librarnos ningún ser sobrenatural por mucho que se lo imploremos, algo que para cualquiera que haya dejado de ser cristiano, como yo, constituye el último insulto que añadir a la injuria.

Así cuando veía que el niño protagonista de Children (zurdo como yo, por añadir un detalle anecdótico), era acosado por sus compañeros...


no podía evitar recordar que siendo yo muy pequeño, apenas siete u ocho años, lo fui también por unos chicos mayores, aunque no por las razones que se implican aquí, la homosexualidad del protagonista, sino simplemente porque ellos necesitaban alguien que les sirviese de pasatiempo en el recreo. Una situación, de persecución y humillación, repetida día tras día, que temo pueda explicar ciertas carencias esenciales de mi personalidad, como mi imposibilidad de abrirme a los demás y confiar en ellos.

Un situación que en la película es descrita en sus justos términos, como algo que se oculta a los mayores, provocada por esa ley del silencio que reina en los colegios, según la cual los enemigos de tu edad son tus (supuestos) aliados frente a los mayores, y que se narra también en los justos términos, sin ningún intento de dramatización, voyeurismo o pornografía, sino poniendo el acento en la frialdad, en la soledad y el aislamiento, en como esa excepcionalidad llega a ser normal, y se expresa en las acciones más simples y más sencillas, aquellas que no se ven y escapan así a la supervisión de las autoridades superiores.

O por poner otro ejemplo, la impotencia que los hijos de un matrimonio en crisis experimentan cuando la tensión entre la pareja estalla...



...y ellos se ven confinados a ser unos simples espectadores, prisioneros encerrados en la soledad de la alcoba donde les han ordenado ir "para que no vean lo que va a ocurrir a continuación", y que a la mañana siguiente, ante sus padres, ante el resto de adultos, ante sus compañeros, tendrán que fingir y simular que nada ha ocurrido, que desconocen todo.

O finalmente, el descubrimiento del abismo que te separa de los demás...


...un abismo que se realimenta a sí mismo, puesto que su existencia hace cada vez más difícil cruzarlo para encontrarse con los demás, y esa falta de encuentros, de experiencias compartidas, no hace más que ahondar y ampliar ese mismo abismo que te separa del resto del mundo y te mantiene aparte, puesto que esa muralla invisible no hace más que confirmar cualquier pequeña desconfianza inicial que existiese.

Un mundo en el que me vi arrojado a mis 16 años, cuando descubrí que era incapaz de conservar los amigos que tenía, así como de conseguir otros nuevos.

Pero esto no es más que el principio, la película y la vida, nos muestran que lo peor aún está por llegar y que llegaremos a añorar los duros y desgraciados tiempos del pasado, simplemente porque en esos aún éramos jóvenes y todo estaba aún por escribir.

Un amargo descubrimiento que me ha sobrevenido en este año, cuando, con las sucesivas muertes de mis abuelos, previo paso por su correspondiente fase de demencia senil/Alzheimer o lo que sea he descubierto esos horribles lugares que yo llamo campos de concentración para ancianos...



...y de los que espero que algún demiurgo compasivo me libre, otorgándome una muerte prematura cuando aún me funcione la cabeza...

...

...

...


...Y a pesar de todo, que hermoso es el mundo...

domingo, 12 de octubre de 2008

La Resistance







Uno de los extras más curiosos que vienen con la edición de L'armée des ombres que comentaba la semana pasada, es un documental, Le Journal de la Resistance, que narra la liberación de París en 1944 por los ejércitos aliados. Una obra que solo por su génesis ya merecería ser tenida en cuenta, ya que fue rodado por el Comite de Liberación del Cine Francés, una unidad encuadrada en la resistencia francesa (las Forces Françaises de l'Interieur, o FFI) y fue reuniendo clandestinamente equipo y celuloide, además de operadores, de manera que cuando se produce la insurrección en París, está preparado para rodar los hechos que tuvieron lugar en esos días de Agosto de 1945, y que luego fueron rápidamente montados y distribuidos por toda Francia.

Por supuesto, la intención y el tono de ese documental era claramente propagandística, de celebración de la derrota del invasor y de exaltación del sentimiento nacional francés, contribuyendo no poco a la creación del mito según el cual, París se había liberado así misma sin intervención de los aliados occidentales, y toda Francia, excepto unos pocos traidores, había combatido desde el primer día al invasor, guiados por el héroe en el exilio, el general de Gaulle (cuya entrada en París y desfile constituyen el tramo final del documental, casi una apoteosis).

Obviamente, ahora sabemos que no fue así, que la invasión alemana, dividió al país y propició el estallido de una guerra civil entre franceses, entre aquellos que veían al ejército alemán como restaurador del orden amenazado por los partidos políticos, llegando incluso a preferir éste a sus propios compatriotas, y aquellos que bien por convencimiento político o por orgullo nacional (pensemos en Saint Exupery, antinazi, pero perteneciente a la derecha tradicional). Una división que continuaba también en la FFI, puesto que estas englobaban a tendencias de lo más dispar, enemigas incluso en tiempo de paz, como ocurría con la desconfianza mutua entre los movimientos comunistas y el centro derecha que se reunía alrededor de de Gaulle, y que llevaría a la caída de su gabinete a los pocos meses de la liberación de Paris.

Sin embargo, y a pesar de esta intencionalidad política y propagandística, la cercanía de los hechos provoca que el mito del que hablaba no haya aún cristalizado cuando se rueda y estrena este documental, lo cual, junto con la inmediatez de las imágenes, rodadas como digo en pleno fragor de la lucha, consigue que la visión del París en rebeldía, atrapado entre la retirada de los alemanes y la entrada de los aliados sea aún hoy una visión impresionante.

Simplemente, por escenas como aquella con la que he iniciado esta entrada, una secuencia, la del ataque con cócteles molotov a un camión alemán, su incendio y el pánico de sus ocupantes, de la que sabemos que no es una reconstrucción, una representación de esas de celuloide sucio que nos hacen pasar ahora por la realidad. En este caso, it's the real thing, y es una de las pocas ocasiones en que nosotros, nacidos en tiempo de paz, aconstumbrados a sus comodidades, podemos imaginarnos qué cosa es la guerra.

Una cercanía a los hechos, una necesidad de testimoniar, que provocan que no se tenga miedo a mostrar a los muertos, al poder destructivo de la guerra moderna sobre el cuerpo humano, y, sobre todo, dado que este espectáculo era moneda corriente, y había sido presenciado, por todos, no hay necesidad de recalcarlo, de restregarlo por las narices al espectador (como nuevamente hace ese falso realismo sucio de ahora mismo) simplemente, está ahí, ante nuestros ojos, y nosotros lo miramos como un espectador más, que ya ha visto demasiado y casi le es indiferente.






... o la impresionantes imágenes de los carros de combate atravesando las calles de la ciudad, una ciudad por la que la mayoría de nosotros hemos paseado y conocemos, de manera que nos sacuden como si fuera nuestra propia ciudad natal...




...o escenas no menos prodigiosas, casi increíbles, como la del soldado alemán atrapado sin refugio alguno en medio de una calle...


...con los disparos de la resistencia lloviendo a su alrededor...




...hasta que al final es alcanzado...


...y los miembros de la resistencia se abalanzan sobre él, para robarle las armas...





...o las no menos impresionantes miradas de los prisioneros alemanes, aquellos a los que Hitler había convencido de ser la raza superior, y durante años habían marchado por toda Europa, victoria tras victoria, sin respetar a nadie..




...y al final habían sido derrotados y vencidos, por las mismas razas inferiores que pretendían sojuzgar.

jueves, 9 de octubre de 2008

...yet More (and Improved) Scenery Porn... and some Abstraction







Este año está siendo el de los formatos diferentes en el caso del anime, en el sentido de romper la cadena de distribución TV/DVD que era la habitual hasta ahora. En concreto han aparecido ONAs, es decir animación que se transmiten vía la red, por descarga directa y gratuita, como es el caso de CandyBoy o Eve no Jikan, o otras que hacen que hay que comprar para tener el derecho a descargarlas, como ocurrió con Druaga no To, Uruk no Aegis (de la cual debería decir algo algún día) o se destinan a los usuarios de consolas de juegos, como es el caso de Xam'd, que sólo puede ser adquirida, descargada y reproducida por los propietarios de una PSP u otras consolas de Sony.

Y por último tenemos el caso de Kara no Kyoukai, una serie de siete largometrajes de una hora de animación, destinados a ser estrenados en las salas de cine, que funcionan como capítulos de una misma historia. Una serie con la que me ha ocurrido un efecto bastante común en mi experiencia de espectador de anime, el descubrir los auténticos tesoros de la temporada a toro pasado, seguido por la desagrable impresión de haber consumido el tiempo en ver banalidades, dejando a lado lo realmente importante... como me ha ocurrido al toparme con esta serie de películas.

Por supuesto, lo primero que se nota es el presupuesto. Ufotable, un estudio de poca producción, muy irregular, pero con algunas producciones de altísima calidad (baste recordar la excelente serie Manabi Straight de la temporada pasada), ha contado para esta ocasión con el presupuesto de una producción cinematográfica y eso se nota. En primer lugar, como muestran las capturas, en haber creado un mundo de una fidelidad hiperrealista (más real por tanto que la propia realidad) pero que al mismo tiempo, evita la rigidez de la fotografía, al mantener siempre ese aspecto, tan importante para mí, de cosa dibujada, de extraordinario y desusado, de forzado y desplazado, que nos impide confundirlo con la real reality, y que consigue a cambio momentos de belleza inesperada y casi inencontrable.

Una belleza plástica fuera de lo corriente que, en ocasiones, podría decirse que trabaja en contra de la propia producción, al distraer de lo que se está contando y que a mí en varias ocasiones me ha producido el agrabable y turbador efecto de la gran música, cuando uno se sumerge en la música, se pierde en sus divagaciones, y llega a olvidar las propias notas que oye, para despertar al rato habiendo perdido el hilo y sin saber de qué iba la cosa.

la segunda gran virtud, ésa que no se puede apreciar con las capturas, es que el alto presupuesto permite que cada una de las películas capítulos disfrute de eso tan raro en la animación japonesa, el estar completamente animada, y por tanto observar movimientos fluidos de los personajes e interpretaciones naturalistas, sin casi utilizar los trucos habituales para abaratar la producción... y sin que el exceso de dinero les haga caer en ese defecto tan propio de la animación occidental en general y la 3D en particular, el convertir a los personajes en sacos de nervios, capaces sólo de movimientos alocados.

Por supuesto, estas dos características, el hiperrealismo, algo que parece ser una constante en esta última hornada de animes, al menos los que se pretenden serios, y la fluidez en la animación, podrían simplemente haber dado origen a un producto brillante pero completamente prescindible, como fue el caso de la huevo huero que puso Gonzo con Giniro no Kami no Agito, una película de esplendida factura técnica y visual, pero sin ningún sentido, ni siguiera el de ejercicio/experimento de estilo. Sin embargo, al contrario de ésta, Kara no Kyoukai, cuenta en primer lugar con una marca/virtud, podríamos decir, de la casa. En efecto, algo corriente en Ufotable, es encargar cada capítulo de una serie a un director distinto, con libertad suficiente para rodarla a su manera. Esto hacia que cada capítulo de Manabi Straight por ejemplo, fuera distinto a los demás, tanto en su tempo interno como en la manera en que cada director elegía animar a los personajes, pero que, contra todo pronóstico, conseguía mantener una unidad en toda la historia, de forma que veíamos cambiar y madurar a los protagonistas, en función de las experiencias que vivían.

Esta curiosa manera de descomponer uniendo o unir descomponiendo, se ha mantenido en Kara no Kyoukai, puesto que cada película ha sido encargada a un director diferente, y la unidad aparentemente se ha conseguido mantener, puesto que el material de partida es una serie de novelas del mismo nombre, con lo que aparentemente hay una historia con su principio y fin, y unos personajes con una evolución fija y determinada que hay que respetar.

Aparentemente.

No es una palabra que haya dicho a la ligera o con animo peyorativo. He dicho aparentemente, porque la historia que cuentan las novelas en Kara no Kyoukai se narra fragmentariamente, a la manera de una vidriera que hubiera caído al suelo y se hubiera hecho añicos. Cada novela, cada película, narra una historia autocontenida, pero se ordenan en la secuencia equivocada, de manera que los sucesos de la primera novela son posteriores a la los de la segunda, sin que en la primera se nos explique nada de lo que se supone conocido por la segunda, la que realmente antecede. De esta manera es labor del lector o del espectador, extraer las referencias, las conexiones que le permitan reconstruir la secuencia, la razón de lo que está viendo. Una tarea asímismo muy difícil para el director/escritor que debe dar los indicaciones justas para que el lector/espectador pueda montar todo el tinglado, sin romper esa regla de no contar lo ya contado, y por supuesto, sin perderlo en una confusión ininteligible.

Una tarea que, por ahora, Kara no Kyoukai está cumpliendo con nota... y consiguiendo que este aficionado que ha visto ya demasiado, se emocione como en los primeros tiempos.



Hasta aquí entonces el Scenery Porn, esa corriente que parece ser el mainstream de las producciones animadas actuales, simplemente porque la introducción del ordenador en el proceso de producción de la animación les permite incluir detalles que hasta ahora eran inimaginables con las técnicas clásicas... a menos que se contase con tiempo y dinero ilimitado.

Sin embargo, hay otros estudios que continúan poniendo el énfasis en la estilización, en la abstracción y en el concepto, como es el caso del, tantas veces citado, estudio Shaft y su cabeza pensante Shinbou Akiyuki, que en este otoño que empieza se ha descolgado con un magnifico intro (el de Ef- A tale of melodies) que hace esperar una serie no menos brillante (por las características opuestas a Ufotable y Kara no Kyoukai), y que adjunto aquí a continuación




Y para que no quede duda de lo importantes que son Shaft y Shinbou, nada mejor que compararlo con el intro que KyoAni ha realizado para la segunda temporada de Clannad, un brillante ejercicio en dar más de lo mismo y no moverse del sitio.

martes, 7 de octubre de 2008

Walser, wieder

Nein, zu spät wird es nie
Alles ist noch viel zu früh,
Die langsamsten gehen zu schnell.

Wenn es hell

Soll werden in uns
bleiben
Müssen wir uns lang noch meiden

Wie sagt es das Gewissen

dass die, die Liebes missen,
Ihm an nächsten sind.

No, nunca será demasiado tarde

Es aún muy pronto para todo

Los más lentos marchan demasiado rápido

Cuando luz
haya en nuestro interior

aín deberemos evitarnos largo tiempo

como dice la consciencia
de que aquellos, que pierden el amor,
son los que más cerca están de él.

De nuevo me hallo perdido en la lectura de los Microgramas Walserianos, y perdido es la frase que mejor lo define, ya que mi alemán apenas me llega para lidiar con su elevado lenguaje y sobre todo a desentraña (o debería decir intuir) su doble experimentalismo, en la yuxtaposición de ideas y la creacción de nuevas palabras.

Un experimentalismo, que cuando consigo que mis circuitos cerebrales se sincronicen con su prosa, me lleva a revelaciones, a chispazos cegadores como los versos que anteceden, especialmente si consideramos que en esta época, Walser, ya había elegido aislarse del mundo, un camino que le llevaría a la locura y al sanatorio.

Y sin embargo esa persona, seguía hablando de que aún había tiempo, de que nunca es tarde, o como en los versos anteriores, el fracaso no era otra cosa que victoria, y la victoria, fracaso. Algo que a mí, naufrago de su propia mía, embarrancado en su existencia, sin velas ni timón con los que poder zafarse del destino, le resulta cercano y conocido. Me refiero a ese sentimiento de esperanza inextingible que niega la realidad y la supone ilusión, que puede desvanecerse y desaparecer en cualquier instante, para dejar paso a la auténtica realidad, esa en la que deberíamos vivir.

Un espejismo sin el cual no quedaría otra cosa que el suicidio... o el refugio en la locura, que viene a ser lo mismo.

Rot Küsst mich, Weiss ist ein
Geschrei, zu Braun habe ich Vertrauen
Grün macht zu einem schläftrigen
müden Kinde mich

El Rojo me besa, el blanco es un
grito, en el marrón confío
el verde me convierte en un soñoliento
y cansado niño.

Pero hay más. Esa sensación fascinante que producen los auténticos experimentadores literarios, de Rimbaud, o en otro orden de cosas de Kafka y Schulz, donde las inmensas planicies sin significado, arbitrarias y ebúrnea, no son tales, sino que retiemblan empujadas por fuerzas subterráneas de las que sólo nos protege una débil corteza.

Y así esos contrarios yuxtapuestos, Rojo/Beso, Blanco/Grito, Verde/Niñez, a las cuales no podemos ver la relación, acaban por parecernos inseparables, puesto que conocemos ambos términos y sabemos como debemos sentirnos ante cada uno por separado, por lo que sólo es cuestión de tiempo que lleguemos a descubrir la clave, que lleguemos a repetir los mecanismos cerebrales de esa otra persona.

Ser él, en definitiva, con todos los riesgos que ello conlleva.

Was in fünften Akt vorfällt, weiss ich jetzt noch nicht. Ich rechne mit einem geniallem Eingebung. Ich glaube, se stattet mir einem Besuch ab. Ich empfinde ihr leises Herannahen. Sie schlingt ihre Arme um meinen Hals un sagt mir folgendes...

Lo que ocurra en el quinto acto, aún no lo sé. Cuento con alguna inspiración genial. Creo que me concederá una visita, siento como se acerca silenciosa. Me echa los brazos al cuello y me dice lo siguiente...


Pero hay más Walsers de los que pensamos. Porque si su poesía microscópica es desesperada y desesperanzada, incluso brutal y rebelde, sus fragmentos teatrales se encuentran en el otro extremo del mundo estético, ya que en ellos domina el humor, la risa el juego, la ruptura lúdica de todas las normas y de todo el sentido, ése reírse de todo y de todos, lejos de cualquier seriedad, que es otra constante de la cultura occidental desde el viejo, y al mismo tiempo tan joven, Luciano.

Así en el fragmento anterior, nuestro dramaturgo, perdido en una historia sin pies ni cabeza que no sabe como terminar o que mejor dicho, quiere acabar deprisa y corriendo, cuanto antes mejor. recibe la visita de la musas, que se comporta cual vieja amante y le narra al oído una historia no menos delirante y con aún menos sentido o propiedad drámatica o esas virtudes que se le suponen.

So much for Muses! que dirían en Anglosajonía

Vater (Zum Autor): Was nehmen Sie sich heraus?
Autor: Einige Willkürlichkeiten. Ich beliebe mit Ihnen sowohl wie mit Ihren Kindern ein wenig zu spielen.
Vater: Und Sie wollen mich nun auch verlassen?

Autor: Ich halte es mit der Jugend. Das werden Sie selbstverständlich finden.
Vater: Und meine ergrauten Haare?
Autor: Sie sind weder König Lear noch Papa Gloster. Geduldigen Sie sich. Zählen Sie auf meinen Charakter. Auf nach Paris (mit der Liebespaar ab)

Vater: (in ausgesprochener Einsamkeit. Er sinkt zunächst in einem Sessel)


El Padre (al Autor): ¿Qué es lo que va a eliminar?

El Autor: Alguna que otra arbitrariedad. Prefiero jugar un poco con Ud al igual que con sus hijos
El Padre: ¿Y va a abandonarme ahora?
El Autor: Me quedo con la Juventud. Debería serle evidente.
El Padre: ¿Y mis cabellos grises?
El Autor:No es Ud ni el Rey Lear ni Papa Gloster. Confórmese. Cuente con mi carácter. ¡A Paris! ( Se marcha con la pareja de enamorados).

El Padre. (En la soledad indicada. Se hunde en un sofa)


...o como este fragmento donde el Autor se dirige a uno de los personajes y le espera que ya no le hace falta, porque lo que realmente importa es irse con los jóvenes que son a los que les suceden cosas interesantes y no a los viejos normales, que no son ni reyes ni figuras patriarcales.


O como darle vuelta a todo, y ser todo al mismo tiempo, y llegar a ser el escritor más grande de su época, o por ser más preciso, el más adelantado de todos, y esto sin que nadie lo supiera, y un instante antes de estrellarse y desaparecer para siempre, y dejar de escribir y limitarse a esperar a la muerte.

O de como la llama más intensa, la que más brilla, es la que se consume antes. Por tirar un poco de tópicos y lugares comunes.

domingo, 5 de octubre de 2008

Fatal Contradictions







He visto por primera vez este fin de semana la película L'armée des ombres (El ejército de las sombras) rodada por Jean-Pierre Melville en 1969, sobre la resistencia francesa contra el ejército alemán, y debo decir que, aparte de la habitual maestría de este director, lo que más me llama la atención de esta obra en concreto, es el mostrarse como un acúmulo de contradicciones.

La escena que he ilustrado al comienzo de esta entrada es una de las primeras de la película. En ella, el protagonista, que suponemos ser alguien importante del movimiento de resistencia, es traslado de un campo de prisioneros y conducido al cuartel general de la Gestapo en Paris, donde se le hace esperar durante un tiempo indeterminado (¿horas?) en una sala lateral, sin que sepamos las razones por las que ha sido llevado allí ni quién es la autoridad que le ha llamado. Esperar sin saber qué, excepto lo que pueda intuirse, está perfectamente plasmado en el movimiento circular de la cámara, una de las pocas veces que he visto utilizar con razón este recurso, ya que nos transmite perfectamente el desasosiego de esa escena.

Con esto llegamos a la primera aparente contradicción, de la película. Esta cinte, claramente de intención celebratoria del movimiento de resistencia, se aparta radicalmente de los cánones. En efecto, lo habitual sería la existencia de un plan, de unas motivaciones, de una razón que sirviera de hilo conductor de la película y diera la excusa para cantar las hazañas de ese ejército en la sombra. Nada de este espíritu que podríamos llamar, hollywoodiense, se halla aquí. El futuro, lo que ocurrirá a continuación, se nos hurta continuamente a los espectadores, como ocurre con los propios protagonistas, que desconocen si en el siguiente instante su mala suerte les hará toparse con sus enemigos y con su muerte, de manera que sus acciones a lo largo de esta cinta, se limitan a reaccionar, a actuar por instinto, a sobrevivir de la manera que sea.

Una actividad en la que poca gloria puede obtenerse y menos cantarse, haciendo que esta historia de la resistencia sea extrañamente fría y desesperada, sin vías de salida para ninguno de sus protagonistas y que el mundo que habitan sea casi indistinguible del de los ladrones y criminales que pueblan el resto de las obras de Melville, lo cual, si consideramos que el director fue miembro de la resistencia y el nombre con el que firmaba era su pseudónimo en aquella época, nos lleva a la conclusión de que ese parecido es todo menos arbitrario.

He hablado de una cinta con una curiosa similitud con el cinema noir, he hablado también de una obra donde el motor es la necesidad que tienen los protagonistas de sobrevivir en un mundo despiadado. Melville, en esta recreación del mundo de la resistencia, una y otra vez ilustra estos dos conceptos. Antes de las capturas que incluido el personaje principal, al descubrir un fallo de la seguridad, convence al joven para que intente escapar cuando él distraiga al guardia, cosa que hará acto seguido... para que descubramos poco después que lo pretendía era utilizar al joven como cebo, para que la alarma causada por la fuga de éste, permitiese la suya propia al desviar la atención de los guardianes.

Una lucha, la de la resistencia francesa contra el invasor alemán, que se nos revela en todo instante sucia y despiadada, regida por la necesidad de conservar intacto el movimiento a cualquier precio y que, si nos quedaba alguna duda, será remachada con una dureza inusitada, cuando se nos muestre, en una larga escena, la ejecución por parte de la resistencia del traidor que había delatado al protagonista.

Hay más contradicciones, por supuesto, además del abismo entre la nobleza de la causa y el horror de los métodos empleados. Entre ellas, el propio mito de la resistencia, según la cual toda Francia lucho como un bloque unido contra el alemán, excepto algunos traidores, ocultando el hecho de que la Segunda Guerra Mundial no fue una guerra entre países, sino una auténtica guerra civil europea, en la que cada país acabo desgarrado entre fascistas y antifascistas. Francia entre ellos. Por supuesto, la película de Melville se ciñe a este mito, añadiendo aquí y allá algunas situaciones que parecen hechas sólo para probar esa tesis, pero, sin embargo, la tristeza y obscuridad de la cinta lo niegan por entero. Así, desde el principio, el alemán invasor queda desdibujado por entero, sin que se vean actos de combate contra él, mientras que el auténtico conflicto se traslada al interior de los franceses, al muro que separa a los resistentes del resto de lo habitantes, de los que les separa el secreto que deben mantener contra sus actividades, y sobre todo al muro que separa a resistentes de colaboradores, cuya acción se revela más peligrosa que la de los propios alemanes, desde los campos de internamiento de la Francia de Vichy, pensados para prisioneros alemanes, pero utilizados para encerrar a los propios franceses, a las milicias fascistas francesas, demasiado satisfechas en hacer redadas de sus propios ciudadanos y entregarlos a los ocupantes.

Y seguimos con las contradicciones, puesto que esta película que narra las glorias de la resistencia francesa, y que en muchos aspectos podría considerarse una loa de Charles de Gaulle, la cara visible de la Francia Libre (aunque esto como tantas cosas sea también un mito), se rueda ni más ni menos en 1968, el año en que se rompió su presidencia por la agitación estudiantil y obrera, aunque ni una ni la otra consiguieran más que eso. Un año que, como bien señalaba Geoff Elley en su Historia de la izquierda europea, no fue tanto un año de luchas entre la izquierda y derecha, sino de cisma dentro de la propia izquierda, entre los padres que habían luchado contra el fascismo y sus hijos que no habían conocido el conflicto, y para los cuales sus progenitores eran tan retrógados y reaccionarios como el espíritu que encarnaba la Francia de De Gaulle.

Una situación histórica que hace aún más opresivo el clima de tristeza que inunda la película, ya que lo que se nos retrata pertenece a un mundo desaparecido, convirtiéndose en los recuerdos de un viejo, sin conexión ya con el presente (y en nueva vuelta de tuerca, hay que recordar que a Melville se le ascribe a la Nouvelle Vague, pero el era un outsider entre ellos, tanto por edad como por estética)

Y por supuesto queda la mayor contradicción de todas, o mejor dicho el problema central de este principio de siglo, el de cuándo y en qué condiciones está justificada la violencia y cuándo no.












viernes, 3 de octubre de 2008

Irrationality

El rito más curioso de las Tesmoforias (octubre) tiene lugar el primer día y establece, como las pianopsias, la transición con los ritos de verano. Mujeres, a las que se llamaba las Extractoras, iban a buscar los restos putrefactos de las ofrendas (lechones, pasteles) que cuatro meses antes, en la fiesta llamada Skiroforias, habían sido arrojadas a las Megara, unas anfractuosidades subterráneas. Estos restos, que se habían cargado de un poder vivificante en contacto con la tierra, se mezclaban entonces con la semilla y se dispersaban por los campos para renovar su fuerza generadora...

...La atmósfera lúgubre destacaba aún más claramente al tercer día, el de las Marmitas (dentro de las Antesterias en Febrero). Aquel día, una panespermia, cocida en las marmitas, era derramada en una grieta natural para el Hermes funerario, en recuerdo de los muertos del diluvio. Luego por la tarde se gritaba, "¡Fuera de aquí, keres! ¡Las antesterias han acabado!"... los keres son los genios infernales que se llevaban las almas de los muertos...

...La Familia de los Anthides (hablando de las constumbres de Arcadia) celebraba periódicamente, en el santuario de Zeus Liceo, un banquete en el que se servía a los invitados carne de niño mezclada con los demás alimentos. Aquél que probaba la carne humana se creía que se transformaba en un hombre-lobo. Se despojaba de sus vestidos, atravesaba un estanque que simbolizaba su tránsito a un más allá sobrenatural y vivía nueve años en las montañas como un lobo. Al décimo año volvía a pasar el estanque en sentido inverso y se convertía de nuevo en hombre, revestido sin duda de un nuevo poder...

La Religión Griega, Historia de las Religiones siglo XXI, Tomo II


Normalmente, cuando pensamos en el mundo griego y romano, la idea que nos viene a la cabeza es la de orden y racionalidad, encarnada en la filosofía y el arte griego, la ley y el ejército romano, aspectos de esa civilización que por su pervivencia en la actualidad hacen que nos sintamos más cerca de esas gentes de lo que realmente estamos.

Es cuando empezamos a rascar en lo que sabemos, y especialmente cuando nos alejamos de la élite culta que escribió la literatura grecolatina que aún leemos, y de los centros de poder que habitaban, que nos damos cuenta por una parte de lo poco que sabemos, y por otra parte, como esa supuesta racionalidad que atribuimos a ese tiempo, era casi desconocida para el común de la población, cuya vida giraba en torno a la religión y los ritos que esta exigía, unos ritos que a nosotros nos parecen absurdos e incompresibles, vacíos de cualquier significado o explicación, pero que para ellos eran esenciales, una actividad que explicaba la vida y sin la cual ésta no tendría ningún significado.

Un aspecto éste, el de la diferencia de visiones, la nuestra y la suya, que nunca debe menospreciarse. Nosotros, cuando leemos de constumbres como las que he citado, sentimos extrañeza, la cual procuramos conjurar apelando a reminiscencia de antiguas constumbres, procedentes de estados de civilización menos sofisticados (por evitar las connotaciones negativas palabra avanzado). Una visión desdeñosa y, en cierta manera, teñida de temor, que es un reflejo de las opiniones de la élite culta de la época dorada griega y romana, que había creado su propia filosofía para gobernar, regular y justificar el curso de su vida. Sin embargo, para el creyente normal, estas manifestaciones no tenían nada de antigüedad, de pretérito, de farsa. Esos ritos, como digo, eran completamente actuales, reales y efectivos y constituían el requisito de la existencia.

Una actualidad y una constante influencia que se dejan traslucir en las citas y las ausencias de los propios cristianos. En las cita, por ejemplo, de los hechos de los Apostoles, cuando se nos narra como una multitud enfurecida expulsa a Pablo de Éfeso, temerosa de que pueda dañar el culto de la Artemisa local. En los silencios, puesto que el hecho que nos han enseñado a ver como único, demostración de una religión por su propio absurdo, la muerte y resurrección de un Dios, no lo era para los antiguos, aconstumbrados a que sus divinidades muriesen y resucitasen, como era el caso de Osiris, Adonis o Proserpina, para mantener el orden natural.

Con esto llegamos al núcleo central de lo que quería decir. Nosotros, la civilización occidental moderna, explicamos el mundo en términos científicos, técnicos, racionales y lógicos, rechazando todo lo que no se ajuste a estas características. Una característica de nuestro desarrollo que nos hace conectar y sentirnos próximos a los que las élites de una civilización pasada construyeron y pensaron, pero que, empieza a perderse, se deshace inevitablemente, a medida que profundizamos en el conocimiento de nuestros predecesores y reconocemos cuan fundamentado estaba su modo de vida en lo que nosotros llamaríamos irracionalidad.

El problema, en fin, se reduce simplemente a no hablar el mismo lenguaje, nosotros, en nuestro mundo de hoy, no damos ninguna importancia a esas manifestaciones irracionales mientras que para ellos constituían la base de su mundo y de su existencia. Es más, podría decirse de todas las religiones que cuanto más irracional es el dogma más duramente se luchará por mantenerlo, quizás por el temor a descubrir su falsedad y la vergüenza posterior por haber creído en fantasías, algo que podría explicar el celo, el fanatismo y la intransigencia contra su antigua religión que suelen exhibir los conversos, y en general los que cambian un ídolo por otro, sin reparar en que todos son iguales.

Una disonancia lingüística, la oposición racionalidad/irracionalidad que nos hace, a nosotros la sociedad laica en que vivimos, especialmente débiles a la hora de debatir con los proponentes de cualquier religión, ya que no nos damos cuenta de que por muchos argumentos en contra que se aporten ninguno podrá derribar su creencia, más bien al contrario, la reafirmara.

Algo que está en la raíz del desencuentro entre Occidente Moderno e Islám, y que no estaba presente en el enfrentamiento entre Cristiandad e Islám, ya que aunque ambas civilizaciones propusieran diferentes sistemas religiosos, la frame of mind de los creyentes era esencialmente la misma y, en cierta manera, podían comprenderse el uno al otro, mientras que ése terreno neutral no existe entre el Occidente Laíco y el Islam... o el Cristianismo, por ser más concretos.