miércoles, 12 de noviembre de 2008

Animated Passion












Algo que me sorprende siempre de la animación primitiva es su capacidad imaginativa, en concreto, su experimentalismo y su deseo constante por romper las propias normas que los mismos creadores han inculcado en el espectador.

Así ocurre con los cortos de Bosko realizados por Harmann e Ising que se han incluido en la última entrega de The Warner Golden Collection, recogiendo lo que podríamos llamar la Warner antes de la Warner, es decir, antes de que desembarcasen en ella gente como Tex Avery o Bob Clampett. Unos cortos que suelen tener mala fama, por su animación poco pulida y sus tramas erráticas, pero que beben de lo mejor de la tradición animada de los años 20 y 30, representada por las figuras míticas de los hermanos Fleischer y Otto Messner.

Una tradición que se basaba en jugar con las posibilidades de la línea y del grafismo, exprimiéndolas hasta el máximo incluso cuando esto suponía romper la línea narrativa, o mejor dicho, una manera donde la narración, el tema o la historia del corto no tenían ninguna importancia aparte de constituir la excusa para realizar el corto, y donde la hilazón de este, su ritmo interno, venía dada por la concatenación de los distintos gags, transformando unos en otros, siguiendo las posibilidades que cada uno de ellos abría, sin saber a donde podrían conducir y sin tener miedo a las consecuencias.

Una forma de enfocar el asunto completamente distinta a la de hoy en día, donde la animación parece ser la última tarea en la lista. En efecto, en la animación comercial occidental, se parte de un guión, un storyboard y unas actuaciones pregrabadas de actores reales, de manera que muchas veces el trabajo del animador no pasa de ser un ilustrador de un material preexistente, provocando que el resultado final tenga cierto aire de haber sido domado y podado, cuando no embutido en un espacio que no es el suyo. Todo lo contrario de estos primitivos cuyos cortos parecen anárquicos y surreales, sin que se pueda predecir nunca lo que va a ocurrir al momento siguiente, indefinición y arbitrariedad que les dota de un encanto especial que la perfección técnica de ahora mismo es incapaz de reproducir.

Un encanto, basado en lo inesperado, que ilustra perfectamente el ejemplo que he puesto al inicio. Una muestra perfecta de la afición de estos pioneros por mostrar la trastienda del oficio sin tener miedo a saltar del plano animado al plano real y siendo postmodernos antes de que este concepto siquiera existiese.... como también muestra su incréible sentido del humor, junto con la libertad creativa que gozaban, al poder terminar un corto con la huida de los responsables tras descubrir que no pueden terminarlo decentemente.