domingo, 27 de mayo de 2007

Friendship


He señalado con anterioridad (o si no lo he hecho, lo hago ahora) como el anime se las arreglar para reutilizar una y otra vez tópico tras tópico, de su propia tradición y de otras tradiciones, pero, al mismo tiempo, arreglárselas para renovarlos, o mejor dicho, conseguir que los veamos desde un ángulo nuevo.

Un ejemplo claro es la comedia de instituto que suele expresarse en dos grandes corrientes, la de la historia moralizante que utiliza a sus personajes y sus conflictos para dictar normas de comportamiento, o la de la fantasía idealizadora del tiempo de la juventud, entendida como el recuerdo de los mejores tiempos de la vida, tanto en su variante inocente e infantil, la niñez que se ha perdido, o en su variante esparrame, de descubrimiento de la sexualidad y de rebelión ciega, por el mero hecho de rebelarse.

Expresiones todas que evitan la crónica de lo que, para mi al menos, constituye la esencia de aquellos tiempos, la confusión y la duda, la consciencia de los múltiples caminos y la imposibilidad de seguirlos todos, el miedo y su compañera, la desesperación. El descubrimiento, al fin, del mundo como un ambiente hostil, donde reíma la ley de la jungla, y donde tus peores enemigos pueden ser tus mejores amigos.

Si tenemos en cuenta lo que he dicho anterior, la serie a la que pertenece el fotograma que abre esta entrada, Gakuen Utopia Manabi Straight, no pasaría de ser un ejemplo más de tópico repetido hasta la saciedad. La historia del grupo de escolares que deciden realizar "algo grande", a pesar de todos los obstáculos, y que triunfan en su tarea, a pesar de todas las dificultades, granjeándose el respeto y la admiración de los demás, y provocando un cambio fundamental e irreversible en el entorno que les rodea.

Una premisa que, como ya he dicho, es la excusa de cientos y cientos de subproductos destinados al público juvenil, con los que las productoras de cine y de televisión nos bombardean desde hace décadas.

Pero, como como ya he apuntado, el anime se caracteriza por, precisamente, tomar esos clichés, y transformarlo en algo completamente distinto.

La primera herramienta o truco, si queremos llamarlo así, que se utiliza en esta serie, es de los tiempos muertos. Los intervalos improductivos que, en la vida diaria, separan los momentos de actividad. De esta manera, el cansancio, el sueño, el aburrimiento, la sed y el hambre, irrumpen en la actividad de los protagonistas y la serie tiene el nervio, el rigor, de detenerse a mostrar el instante de descanso, el aparte en el trabajo, el silencio largo cuando ya no se sabe qué hacer, la tertulia sobre trivilidades que sigue al almuerzo.

Una representación de lo inútil, lo vanal y lo trivial, que, no obstante, consigue el efecto contrario, puesto que son esas actividad rutinarias compartidas, las que crean, establecen y anudan los lazos entre las personas, el anuncio y el preludio de las amistades que perduraran.

Es ahí precisamente donde se rompe el tópico, puesto que el tema, el auténtico tema de la serie, no es, como podría pensarse, la narración de como el grupo de cinco chicas protagonistas consiguió llevar a buen puerto el festival escolar. El auténtico tema, la auténtica narración es como esas cinco protagonistas crearon una amistad indestructible entre ellas, que sólo la muerte podra desatar.

Amistad cuyo centro es el descubrimiento. El encuentro con personas de carácter completamente distinto al tuyo, con vidas que no son semejante a la tuya, con experiencias e ideas que no podías imaginar.

La alegría de entrar en un mundo que estaba vedado para ti y que ni siquiera podías sospechar que existiera, junto con el agradecimiento a la persona que te franqueó la entrada.

Y todo ello expresado sin discursos ni grandes palabras. Simplemente con una sonrisa o un ademán. Con la mayor sencilleza e inocencia.

Si es que tales palabras tienen aún algun significado en nuestro ambiente cultural