miércoles, 14 de septiembre de 2005

Atatakai

¿Quién relaciona las palabras con sus sonidos?

¿Quién hace que caress pronunciado por una boca inglesa sea tan dulce como las propias caricias?

¿Quién esperaría que streicheln, una palabra áspera, dura y angulosa, tan alemana, en definitiva, significase eso mismo, acariciar?

¿Quién podría imaginar que Atatakai, algo que es casi un tartamudeo, un trabalenguas, el ronquido de un motor que arranca, significase cálido en japonés?

¿Quién podría adivinar que lo utilizasen para el amor, y que sonase tan dulce, tan suave, tan acogedor, tan definitivo, en sus labios?