martes, 6 de septiembre de 2005

Reading Whitman (y 3)

The wife - and she is not one jot less than the husband,
the daughter - and she is just as good as the son,
the mother - and she is every bit as much as the father.


El poeta universal.

Aquél que ha visto todo, conocido todo, experimentado todo.

Aquél que no puede renunciar a nada, ni prescindir de nada.

Aquél que incorpora todo en sí. Que lo acumula y mezcla, que deja que fermente y se transforme, hasta que se conviete en propio.

Aquél a quíen es imposible no llegar a la idea de igualdad. Puesto que es evidente. Puesto que no es producto de una necesidad política, ni de una ideología impuesta. Ni necesita de aspavientos, ni de grandes declaraciones.

Sino que es algo tan normal como quedarse dormido o levantarse. Como respirar o tener sed o tener hambre.

Porque cada persona es igual de importante, cada persona alberga un tesoro en sí, cada persona puede enseñarnos lo que no sabemos que desconocemos, abrirnos nuevos caminos.

Sin importar cual sea su sex, o su origen, o su suerte, o su posición.



We consider the bibles and religion divine... I do not say that they are not divine
I say that they have all grown of you and may grow out of you still
It is not them who gave life, it is you who give the life.
Leaves are not more shed from the trees or trees from the earth than they are shed of you.



Y de la misma manera, puesto que la persona, el individuo, es lo primero, el resto, sus creaciones, sus instituciones, sus ideologías, sus reliones, son secundarios.

Importantes en tanto que le sirven, desechables en cuanto intentan dominarle.

Grandes, perfectas, hermosas, puesto que proceden de seres que llevan inscritos en sí esa grandeza, esa perfección, esa hermosura.

Odiosas, detestables, podridas, en cuanto olvidan, y quieren hacer olvidar a los hombres, que no son más que productos, consecuencias, herramientas. Que de ellas no puede surgir nada que no estuviera ya en los hombres que creen en su existencia, que por sí solas son incapaces de crear.

Que abandonadas a sí mismas, desprovistas de los hombres que las trajeron a este mundo, perdido de vista su finalidad, que es esos mismos hombres que las produjeron, sólo saben destruir, corromper, aniquilar.

Ninguna se salva. Ninguna. A pesar de sus protestas de santidad, de perfección y de bondad. Todas siguen el mismo camino, si olvidan a los hombres, pero no a esa abstracción que llamamos "hombre", "humanidad", si no a cada hombre, a cada pequeño individuo que nunca llegara a alcanzar la gloria, que sólo aspira a construir un poco de orden y de belleza en el breve espacio que le queda hasta la muerte.

Y así desconfío, casi como Whitman, de todas las grandes palabras, de todas las grandes ideas.

Porque la mayoría, todas en realidad, no son más monstruos, creados por nosotros mismos, alimentándose de nosotros.