sábado, 24 de septiembre de 2016

Leyendo a Camus (VIII): Les Justes

DORA: Il y a trop de sang, trop de dure violence. Ceux qui aiment vraiment la justice n'ont pas droit à l'amour. Ils sont dressés comme je suis, la tête levée, les yeux fixes. Que viendrait faire l'amour dans ces coeurs fiers ? L'amour courbe doucement les têtes, Yanek. Nous, nous avons la nuque raide.
KALIAYEV: Mais nous aimons notre peuple.
DORA: Nous l'aimons, c'est vrai. Nous l'aimons d'un vaste amour sans appui, d'un amour malheureux. Nous vivons loin de lui, enfermés dans nos chambres, perdus dans nos pensées. Et le peuple, lui, nous aime-t-il ? Sait-il que nous l'aimons ? Le peuple se tait. Quel silence, quel silence...
KALIAYEV:Mais c'est cela l'amour, tout donner, tout sacrifier sans espoir de retour.
DORA: Peut-être. C'est l'amour absolu, la joie pure et solitaire, c'est celui qui me brûle en effet. À certaines heures, pourtant, je me demande si l'amour n'est pas autre chose, s'il peut cesser d'être un monologue, et s'il n'y a pas une réponse, quelquefois. J'imagine cela, vois-tu : le soleil brille, les têtes se courbent doucement, le coeur quitte sa fierté, les bras s'ouvrent. Ah ! Yanek, si l'on pouvait oublier, ne fût-ce qu'une heure, l'atroce misère de ce monde et se laisser aller enfin. Une seule petite heure d'égoïsme, peux-tu penser à cela ?

Albert Camus, Los justos 

DORA: Hay demasiada sangre, demasiada dura violencia. Los que aman verdaderamente la justicia no tienen derecho al amor. Se disponen como yo lo estoy, cabeza en alto, los ojos fijos. ¿Que podría hacer el amor en los corazones orgullosos? El amor humilla dulcemente las cabezas, Janek. Nosotros, nostres tenemos la nuca raída.
KALIAYEV: Pero amamos a nuestro pueblo.
DORA: Lo amamos, es cierto. Lo amamos de un vasto amor sin asideros, de un amor desgraciado. Vivimos alejados de él, encerrados en nuestras habitaciones, perdidos en nuestros pensamiento. Y nuestro pueblo, ¿nos ama? ¿Sabe que le amamos? El pueblo calla. Qué silencio, qué silencio.
KALIAYEV: Pero eso es el amor. Darlo todo, sacrificarlo todo, sin esperanza de ser correspondido
DORA: Quizás. Es el amor absoluto, el goce puro y solitario, el que me abrasa. A ciertas horas, sin embargo, me pregunto si el amor no es otra cosa, si puede dejar de ser un monólogo, si alguna vez hay respuesta. Imagino esto, mira, el sol brilla, las cabezas se inclinan dulcemente, el corazón abandona su orgullo, los brazos se abren. ¡Ah, Yanek! Si se pudiera olvidar, aunque sólo fuera una hora, la atroz tristeza de este mundo y dejarse llevar. Una breve única hora de egoísmo, ¿puedes imaginarlo?

Al principio de esta serie de meditaciones, me había quejado del rango de santo laico que nuestro establishment cultural ha otorgado  a Camus. Su carácter de guía irreprochable, de humanista sin fisuras es reconocido por todos los sectores, incluso por una derecha que demasiadas veces la ha distorsionado para realizar una enmienda a la totalidad del pensamiento de la izquierda. Así, parecería que ninguna de sus obras debería ser ya polémica, que incluso deberían empezar a quedar en la penumbra del olvido, produciendo sólo aburrimiento a las generaciones jóvenes, que sólo verían en él otra vaca sagrada más.

Sin embargo, en medio de su producción, justo antes de lo que fue su penúltima obra maestra L'Homme Revolté (El hombre rebelde), queda un escrito incómodo, con el que todos sus (falsos) admiradores y (ciertos) aduladores se sienten desconcertados, cuando no asqueados. Una pieza teatral que un país como el nuestro - y seguramente en el resto de Europa - sería imposible de representar ahora mismo, en estos tiempos de terrorismo renaciente y radicalización derechista.

Se trata de Les Justes, cuyos protagonistas son, ni más ni menos, terroristas virtuosos. Defendidos, disculpados y comprendidos en sus acciones por el escritor. Con su acostumbrada pasión y vehemencia.

martes, 20 de septiembre de 2016

El gozne (II)

Die große Cholerapandemie von 1830-1832, in der Georg Friedrich Hegel und  Graf Neidhart von Gneisenau umkamen, hat sich besonders tief ins westeuropäische Bewusstsein eingegraben. Die Rascheit der Invasion, ihre an einen mikrobiellen Mongolensturm erinnernde Annäherung aus Asien und die Hilflosigkeit der Opfer führten zu einer Dämonisierung der "neuen Pest". Die Seuche weckte Ängste: Ängste der Reichen von der Unterklassen, die als Transporteure des Todes galten, Ängste der Armen,  von der Obrigkeit vergiftet zu werden, die damit das Problem der Arbeitslosigkeit lösen wollte, Ängste vor der neuerdings als "primitiv" gesehenen Orient, dem sich die "zivilisierte Welt" seit wenigen Jahrzehnten so unvergleichlich überlegen fühlte und der nun seine fortdauernde subversive Kraft bewies. In England, Frankreich und Deutschland versuchten Mediziner sich auf ihre Ankunft vorzubereiten, nachdem die ersten beunruhigenden Nachrichten aus Russland eingetroffen waren. Man wusste nicht über die Ausmaß und Wege der Ansteckung und über mögliche Gegenmaßnahmen; die genausten Beschreibung der Cholera, die es gab, stammten von britischen Ärzten in Indien, waren aber im Europa wenig zur Kenntnis gekommen werden.

Jürgen Osterhammel, La Transformación del Mundo

La gran pandemia de cólera de 1830 a 1821, en la que murieron Georg Friedrich Hegel y el conde Niedhart von Gneisenau, se ha instalado profundamente en la consciencia de Europa occidental. La rapidez de la invasión, próxima en el recuerdo a una invasión mongola bacteriana, y la impotencia de las víctimas condujeron a la demonización de la "nueva Peste". La plaga despertó miedos: miedo de los ricos frente a los desposeídos, que se consideraban transmisores de la muerte, miedo de los pobres a ser envenenados por las autoridades, que así querían solucionar el problema del desempleo. Miedo a un nuevo estado de cosas que probaba así la continua fuerza subversiva de un Oriente visto como "primitivo" y que se sentía superado como nunca antes desde hace unos pocos decenios por el "mundo civilizado". En Inglaterra, Francia y Alemania los médicos intentaron prepararse frente a su llegada, tras recibir las primeras noticias intranquilizadores de Rusia. No se conocía la virulencia, los modos de contagio o las probables contramedidas, las descripciones que había más precisas del Cólera procedían de los médicos británicos en la India, pero no habían llegado a ser muy conocidas en Europa.

En su estudio de los goznes o umbrales que tuvieron lugar en el siglo XIX y que distinguen al mundo moderno industrial tecnificado del premoderno, Osterhammel analiza en gran detalle uno que suele pasar desapercibido en las narraciones históricas habituales: La enfermedad y las pandemias. La historia factual, incluso la social y económica, demasiado preocupada por las convulsiones de la élite, las crisis económicas o los cambios repentinos, suele olvidar con demasiado frecuencia la descripción de la vida cotidiana en tiempos pasados. No ya los actos habituales, sino el modo en el que esas personas ya muertas contemplaban su vida, su desarrollo y, por supuesto, su posible final. Una muerte que para estos habitantes del pasado venía y era esperada debido principalmente a enfermedades infecciosas. Con bastante frecuencia en el transcurso de una pandemia.

El concepto de la epidemia mortífera es algo que hemos olvidado en nuestras sociedades opulentas, incluso en los países desarrollados. No es que no siga habiendo enfermedades infecciosas, como la Tuberculosis, pero la existencia de medidas profilácticas, vacunas, antibióticos y sistemas sanitarios casi universales, permite contener su propagación y mantener a raya su virulencia. Enfermedades como el SIDA, las muchas hepatitis o la tuberculosis quedan reducidas en la memoria a un lento goteo limitado a grupos de riesgo. Un peligro que no nos va a afectar a nosotros, quienes no pertenecemos a esas minorías desfavorecidas, incultas o con conductas de riesgo. Sólo habría una excepción que nos retrotraería a esos tiempos premodernos: el ébola, pero por ahora esta epidemia es sólo cuestión de africanos subdesarrollados.

martes, 13 de septiembre de 2016

Leyendo a Camus (VII): L'Etat de siège

LA PESTE: Je suppose que vous m'avez déjà compris. A partir d'aujourd'hui, vous allez apprendre à mourir dans l'ordre. jusqu'ici vous mourriez à l'espagnole, un peu au hasard, au jugé pour ainsi dire. Vous mourriez parce qu'il avait fait froid après qu'il eut fait chaud, parce que vos mulets bronchaient, parce que la ligne des Pyrénées était bleue, parce qu'au printemps le fleuve Guadalquivir est attirant pour le solitaire, ou parce qu'il y a des imbéciles mal embouchés qui tuent pour le profit ou pour l'honneur, quand il est tellement plus distingué de tuer pour les plaisirs de la logique. Oui, vous mourriez mal. Un mort par-ci, un mort par-là, celui-ci dans son lit, celui-là dans l'arène : c'était du libertinage. Mais heureusement, ce désordre va être admi-nistré. Une seule mort pour tous et selon le bel ordre d'une liste. Vous aurez vos fiches, vous ne mourrez plus par caprice. Le destin, désormais s'est assagi, il a pris ses bureaux. Vous serez dans la statistique et vous allez enfin servir à quelque chose. Parce que j'oubliais  de vous le dire, vous mourrez, c'est entendu, mais vous serez incinérés ensuite, ou même avant : c'est plus propre et ça fait partie du plan. Espagne d'abord !

Albert Camus, Estado de Sitio

La Peste: Supongo que ya me han comprendido. A partir de hoy, van a aprender a morir en orden. Hasta ahora morían a la española, un poco al azar, al capricho por así decirlo, Morían porque hacía frío después de hacer calor, por que vuestras mulas se constipaban, porque la línea de los Pirineos estaba azul, porque en primavera, el río Guadalquivir atrae a los solitarios, o porque hay de imbéciles embozados que matan por la ganancia o por el honor, cuándo es más distinguido hacerlo por el placer de la lógica. Si, Uds. morían mal. Un muerto, aquí, otro allá, éste en su lecho, el otro en la plaza: Un libertinaje. Pero afortunadamente, este desorden va a ser administrado. Una única muerte para todos y siguiendo el bello orden de una lista. Tendrán sus expedientes y no morirán por capricho. El destino, desde ahora, se ha asentado y ha abierto sus oficinas. Uds. formarán parte de la estadística y por fin servirán de algo. Se me olvidaba decírselo, Uds. morirán, por supuesto, pero serán incinerados inmediatamente, o incluso antes: es más limpio y forma parte del plan. ¡España ante todo!

Cuando leí por primera vez L'État de siège, allá en mi juventud en los años ochenta, me sentí un tanto defraudado. Viniendo, como todos mis contemporáneos, de leer La peste, esta obra de teatro me parecía ligera y frívola, puesto que la seriedad del tema estaba plasmada con un tono de comedia que me recordaba al teatro de títeres y la farsa, no a la tragedia que debía ser, y que había sido la novela anterior.

Mi apreciación ha cambiado completamente tras esta segunda lectura. En parte porque en mi primer encuentro no llegué a hacer una conexión evidente: que novela y pieza teatral son variaciones sobre un mismo tema. El mismo Camus indica en el prefacio - o advertencia como él lo llama - que la obra es producto de una colaboración con el director teatral Jean-Luis Barrault. Este último llevaba desde 1941 pensando en montar una representación sobre el mito de la peste y al enterarse de que Camus estaba escribiendo una novela sobre el mismo tema, le propuso hacerla entre ambos.

Como Camus advierte, no se trata de una versión teatral de la novela, sino de una reescritura de las ideas que llevaron a concebirla. Aunque ese fondo argumental es el mismo en ambas obras - una ciudad presa de la peste - la plasmación es completamente distinta, en gran parte por la intervenciones escénicas de Barrault que le dan esa artificiosidad teatral - de grand gignol - que tanto me molestaba en mi primera lectura y que ahora me parece tan pertinente. Esa atmósfera de algo representado y fingido, tan opuesta al realismo estricto de la novela, es subrayada por el mismo Camus, quien convierte a la peste - y a la muerte - en dos personajes centrales de la obra, otorgándoles la voz de la que carecían en La Peste.

Allí eran presencias abstractas, irracionales, inalcanzables e impredecibles. Indiferentes al destino de los humanos y semejantes al más puro azar. Aquí sin embargo son fuerzas activas que pretenden una transformación radical del mundo, aunque sea para convertirlo en un inmenso cementerio ordenado de manera racional.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El gozne (I)

Schließlich: Das 19-Jahrhundert erfand die Aufzeichnung von Erscheinungen der äußeren Realität durch technische Apparate mittels optischer und chemischer Verfahren. Dies hatte kolossale Folgen für die spätere Erinnerung an die Epoche. Ein Schnitt geht dort durch das Jahrhundert, wo eine Bilddokumentation beginnt, die wir als authentisch anerkennen. Niemand weiß,   wie Ludwig van Beethoven, gestorben an 1827, wirklich aussah, aber wir wissen es von dem schon sterbenskranken Frédéric Chopin, der bis 1847 lebte. Von Franz Schubert gab es nur gemalte Portraits, der fünf Jahre ältere Gioachino Rossini lebte lange genug, um noch im Studio Nadars, des grössen Porträtisten, abgelichtet zu werden.

La transformación del mundo, Jürgen Osterhammel

Finalmente, el siglo XIX descubrió la representación del aspecto de la realidad externa mediante aparatos técnicos que utilizaban procesos químicos y ópticos. Esto tuvo consecuencias radicales para el recuerdo posterior de esa época. Una cisura cruza el siglo, a partir de donde comienza la documentación fotográfica, que reconocemos como auténtica. Nadie sabe, cual era el aspecto real de Ludwig van Beethoven, muerto en 1827, pero conocemos el del ya enfermo de muerte Federico Chopin, que vivió hasta 1847. De Franz  Schubert sólo hay retratos pictóricos, Giacomo Rossini, cinco años mayor, vivió lo suficiente para ser fotografiado en el Estudio Nadar, el gran retratista.

Desde hace ya varios domingos, vengo leyendo el libro del que les he incluido un fragmento. Se trata de una obra monstruo por dos razones: intentar abarcar el "largo" siglo XIX a un nivel mundial y utilizar para ello más de 1300 páginas, además en letra pequeña y apretada. Sin embargo, el principal problema que se le puede reprochar a esta obra no es éste, sino, paradójicamente, que se hace corta. Osterhammel acumula y compara multitud de fenómenos esparcidos por todo el mundo decimonónico, apila y enumera innumerables datos ilustrativos de la realidad de esa época, pero sin llegar a agotarlos, sin pasar de construir una mera introducción, una toma de contacto, detrás de la que se esconde una realidad mucho mayor, que exigiría no ya miles de páginas, sino decenas de miles. Dedicarle la vida completa.

Por ponerles un ejemplo de cuánto cuenta y cuánto se intuye que queda sin decir. Durante decenas de páginas Osterhammel discute una pregunta central en el estudio del siglo XIX. ¿Cuánto abarca? Normalmente se suele considerar que es un siglo "largo", opuesto a uno corto como sería el XX. Abarcaría desde el estallido de la Revolución Francesa en 1789 hasta la catástrofe de la Primera Guerra Mundial en el siglo XIX. Sin embargo, ambos límites son inadecuados, abarcan demasiado y contienen demasiado poco. No son comparables el mundo de 1800 con el mundo de 1900, puesto que la distancia entre ellos es abismal, como si pertenecieran a ámbitos completamente separados. 

martes, 6 de septiembre de 2016

Leyendo a Camus (VI): La Peste

D'ici là, je sais que je ne vaux plus rien pour ce monde lui-même et qu'à partir du moment où j'ai renoncé à tuer, je me suis condamné à un exil définitif. Ce sont les autres qui feront l'histoire. je sais aussi que je ne puis apparemment juger ces autres. Il y a une qualité qui me manque pour faire un meurtrier raisonnable. Ce n'est donc pas une supériorité. Mais maintenant, je consens à être ce que je suis, j'ai appris la modestie. Je dis seulement qu'il y a sur cette terre des fléaux et des victimes et qu'il faut, autant qu'il est possible, refuser d'être avec le fléau. Cela vous paraîtra peut-être un peu simple, et je ne sais si cela est simple, mais je sais que cela est vrai. J'ai entendu tant de raisonnements qui ont failli me tourner la tête, et qui ont tourné suffisamment d'autres têtes pour les faire consentir à l'assassinat, que j'ai compris que tout le malheur des hommes venait de ce qu'ils ne tenaient pas un langage clair. J'ai pris le parti alors de parler et d'agir clairement, pour me mettre sur le bon chemin. Par conséquent, je dis qu'il y a les fléaux et les victimes, et rien de plus. Si, disant cela, je deviens fléau moi-même, du moins, je n'y suis pas consentant. J'essaie d'être un meurtrier innocent. Vous voyez que ce n'est pas une grande ambition.
Il faudrait, bien sûr, qu'il y eût une troisième catégorie, celle des vrais médecins, niais c'est un fait qu'on n'en rencontre pas beaucoup et que ce doit être difficile. C'est pourquoi j'ai décidé de me mettre du côté des victimes, en toute occasion, pour limiter les dégâts. Au milieu d'elles, je peux du moins chercher comment on arrive à la troisième catégorie, c’est-à-dire à la paix.

Albert Camus, La Peste

Desde es momento, sé que no tengo valor alguno para este mundo y que desde el instante en que renuncié a matar, me condené a un exilio definitivo. Otros serán los que hagan historia, sé que no puedo juzgar a los demás. Hay una característica que me falta para ser un asesino razonable. No es un aire de superioridad. Pero ahora, acepto ser lo que soy, he aprendido a ser modesto. Sólo digo que sobre esta tierra hay plagas y víctimas y que es necesario, en la medida de lo posible, negarse a ser la plaga. Le parecerá un poco simple, y no sé si lo es, pero sí que la verdad. He oído tantos razonamientos que han estado a punto de hacerme saltar la cabeza y que a tantas otras les han llevado a consentir el asesinato, que he comprendo que toda la desgracia del hombre viene de que no se habla con claridad. He tomado el partido de hablar y actuar con claridad, de seguir el buen camino. Por consiguiente, digo que hay plaga y víctimas, nada más. Si diciendo esto, me convierto en plaga yo mismo, al menos es sin mi consentimiento. Intento ser un asesino inocente. Puede ver que no es una ambición muy grande.
Sería necesario, por supuesto, que hubiera una tercera categoría, la de los auténticos médicos, aunque de hecho se encuentran pocos y que debe ser difícil. Por ello he decidido de ponerme del lado de las víctimas, en todo momento, para contener los daños. En medio de ellos, puedo al menos buscar como llegar a la tercera categoría, es decir, a la paz.

Para los que tengan ya cierta edad, La Peste fue un libro imprescindible en su juventud. Había que leerlo sí o sí, como base de la formación del carácter, maestro vital, guía política y requisito para la madurez futura. Era considerado como la obra mayor de Camus, punto de inflexión en su carrera literaria, aquella novela en que había descubierto la solidaridad humana y la había plasmado en forma de plan de acción, auténtico manual de conducta. Esta consideración llevaba a curiosas interpretaciones interesadas, como la de los curas de mi colegio, que hacían de Camus un cristiano sin saberlo él y de La Peste, una cristalización del pensamiento moral de esa religión.

Como sabrán la primacía de La Peste dentro de la obra de Camus se atenuado bastante, cediendo en importancia frente a L'Étranger. En nuestra época cínica y desengañada, el supuesto optimismo humanista, pleno de esperanza y solidaridad, de La Peste nos parece bastante fuera de lugar. Sueños ingenuos que sabemos no se pueden plasmar en la realidad, frente a los que preferimos la desesperación y vacío, esa rebelión solitaria sin objeto, motivo o justificaciones que constituyen el núcleo de L'Étranger. El Nihilismo inconsciente como forma y modelo de conducta

Sin embargo, cabe preguntarse si esta dicotomía entre un Camus optimista y uno pesimista, uno desesperado y otro esperanzado, es real o constituye una ilusión intelectual, debida a lo mucho e interesado que se ha hablado de este libro. Cada uno, como se dice, intentando arrimar el ascua a su sardina.

martes, 30 de agosto de 2016

Leyendo a Camus (V): Lettres à un Ami Allemand

Vous dites Europe, mais vous pensez terre à soldats, grenier à blé, industries domestiquées, intelligence dirigée. Vais-je trop loin ? Mais du moins je sais que lorsque vous dites Europe, même à vos meilleurs moments, lorsque vous vous laissez entraîner par vos propres mensonges, vous ne pouvez vous empêcher de penser à une cohorte de nations dociles menée par une Allemagne de seigneurs,  vers un avenir fabuleux et ensanglanté. je voudrais que vous sentiez bien cette différence, l'Europe est pour vous cet espace cerclé de mers et de monta-gnes, coupé de barrages, fouillé de mines, couvert de moissons, où l'Allemagne joue une partie, dont son seul destin est l'enjeu. Mais elle est pour nous cette terre de l'esprit où depuis vingt siècles se poursuit la plus étonnante aventure de l'esprit humain. Elle est cette arène privi-légiée où la lutte de l'homme d'Occident contre le monde, contre les dieux, contre lui-même, atteint aujourd'hui son moment le plus boule-versé. Vous le voyez, il n'y a pas de commune mesure.

Albert Camus, Cartas a un amigo alemán

Decís Europa, pero pensáis en una tierra de soldados, granero de trigo, industrias domesticadas, inteligencia dirigida. ¿Voy demasiado lejos? Pero al menos sé que cuando decís Europa, incluso en vuestros mejores momentos, cuando os dejáis arrastrar por vuestras propias mentiras, no podéis evitar pensar en un séquito de naciones dóciles dirigidas por una Alemania de amos, hacía un porvenir fabuloso y sangriento. Quisiera que os dierais bien cuenta de esta diferencia. Para vosotros, Europa es este espacio cercado de mares y montañas, aislado por diques, trufado de minas, cubierto de cosechas, donde os jugáis la partida, donde sólo se apuesta vuestro destino. Pero para nosotros es la tierra de la inteligencia, donde desde hace veinte siglos se desarrolla la aventura más asombrosa de la mente humana. Es ese espacio privilegiado donde la lucha del hombre occidental contra el mundo, contra los dioses, contra él mismo, alcanza hoy su momento definitivo. Como veis, no hay un terreno común.

Les había comentado con anterioridad que Albert Camus ha sido elevado al rango de Santo Laico, como ejemplo de un humanismo pacifista de izquierdas, apartado y opuesto a los excesos revolucionarios de sus correligionarios. Sin embargo, se suele olvidar que para la cristalización del existencialismo fue fundamental la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, momento en que los escritores de esa generación comienzan a publicar sus primeras obras de importancias, si bien algunos de ellos ya habían empezado un poco antes del conflicto. En el caso de la rama francesa de esa corriente filosófica, ese trauma bélico se puede resumir en dos factores principales: ocupación y resistencia. Presencia constante de un ejército extranjero que aplica su poder de forma arbitraria y cruel, con el objetivo de aplastar cualquier forma de oposición. Lucha contra el ocupante desde la clandestinidad, sin saber quién es amigo, quien es enemigo, quien fiel, quien traidor. En continuo peligro de ser descubierto, denunciado, encarcelado y eliminado.

Lettres à un a un ami allemand son así auténtica literatura de combate. Textos escritos durante el periodo de guerra, en los que Camus justifica la necesidad de la resistencia ante la barbarie nazi. Una resistencia que, no se olvide, no puede ni debe ser pacífica, puesto que se realiza en respuesta a una derrota militar y una ocupación armada. Implica, por tanto, la violencia, el uso de las armas contra ocupantes y colaboradores, así como la posibilidad cierta de la tortura y la ejecución a manos de un enemigo para el cual la humanidad, la clemencia y la indulgencia nunca formaron parte de las reglas del juego.

jueves, 25 de agosto de 2016

Leyendo a Camus (IV): Le Malentendu

MARTHA, après un silence, avec une passion croissante:Tout ce que la vie peut donner à un homme lui a été donné. Il a quitté ce pays. Il a connu d'autres espaces, la mer, des êtres libres. Moi, je suis restée ici. Je suis restée, petite et sombre, dans l'ennui, enfoncée au coeur du continent et j'ai grandi dans l'épaisseur des terres. Personne n'a embrassé ma bouche et même vous, n'avez vu mon corps sans vête-ments. Mère, je vous le jure, cela doit se payer. Et sous le vain prétexte qu'un homme est mort, vous ne pouvez vous dérober au moment où j'allais recevoir ce qui m'est dû. Com. prenez donc que, pour un homme qui a vécu, la mort est une petite affaire. Nous pouvons oublier mon frère et votre fils. Ce qui lui est arrivé est sans importance : il n'avait plus rien à connaître. Mais moi, vous me frustrez de tout et vous m'ôtez ce dont il a joui. Faut-il donc qu'il m'enlève encore l'amour de ma mère et qu'il vous emmène pour toujours dans sa rivière glacée ?

Albert Camus, El malentendido

Marta: (tras un silencio, con creciente apasionamiento) Todo lo que la vide puede dar a un hombre se le ha dado. Abandonó este país, conoció otros lugares, el mar, seres libres. Yo quedé aquí. Yo me quede, pequeña y sombría, en el hastío, hundida en el corazón del continente y crecí en el espesor de la tierra. Nadie ha besado mi noca y ni siquiera ud, madre, ha visto mi cuerpo desnudo. Madre, se lo juro ¡eso debe pagarse! Y con el vano pretexto de que un hombre ha muerto, no puede ud, abandonarse en el momento que iba a recibir lo que se me debe. Podemos olvidarnos de mi hermano y su hijo. Lo que le ha sucedido es irrelevante: no había nada más que debíamos saber. Pero a mi, ud me hunde por completo y me hurta lo que el ha disfrutado. ¿Era preciso que también me arrebate el amor de mi madre y que os arrastre para siempre a su río helado?

Le Malentendu marca una cierre en la producción literaria de Camus. Publicada originalmente junto con Caligula - de hecho el volumen que las contiene se llama El malentendido seguido de Calígula - se suele considerar que la primera obra es posterior a la segunda. Lo cierto es que conceptualmente con El malentendido se alcanza el límite, mejor dicho, el fondo, del estudio del hombre absurdo realizado por Camus. En El Extranjero se producía el descubrimiento del absurdo y la indiferencia del mundo, en El Mito de Sísifo se buscaba el medio de vivir en ese mundo al que habíamos sido arrojados y al que no pertenecíamos, mientras que en Calígula se ilustraban los riesgos que ese modo de vida tenía cuando se conjugaba con el poder absoluto. Sin embargo, El Malentendido va un paso más allá, ya que esta vez el horror surge cuando la frustración, la impotencia, el desaliento y la desesperación obscurecen aún más este mundo en que vivimos.

Sin embargo, a mi entender hay un defecto insalvable que lastra por completo esta última obra dedicada al absurdo. Se trata de que utiliza un recurso manido, el del reencuentro, la anagnórosis que decían los griegos, entre familiares que se habían separado hacía largos años y habían devenido completos extraños, incapaces ya de reconocerse. Es cierto que Camus da la vuelta a ese tópico teatral tan antiguo como el mismo teatro, puesto que ese reencuentro no confluye en reconciliación, sino en catástrofe. Las vidas de los protagonistas han divergido tanto que el mero hecho inocente de que sus trayectorias se crucen lleva a un malentendido, el del título, sin resolución posible, fuera de la catástrofe y la muerte. 

Y para los supervivientes que queden, la desesperación sin término.

sábado, 20 de agosto de 2016

Leyendo a Camus (III): Caligula

CALIGULA: Tu as raison. Je voulais seulement savoir si tu pensais comme moi. Couvrons-nous donc de masques. Utilisons nos mensonges. Parlons comme on se bat, couverts jusqu'à la garde. Cherea, pourquoi ne m'aimes-tu pas ?
CHEREA: Parce qu'il n'y a rien d'aimable en toi, Caïus. Parce que ces choses ne se commandent pas. Et aussi, parce que je te comprends trop bien et qu'on ne peut aimer celui de ses visages qu'on essaie de masquer en soi. 
CALIGULA: Pourquoi me haïr ?
CHEREA: Ici, tu te trompes, Caïus. Je ne te hais pas. Je te juge nuisible et cruel, égoïste et vaniteux. Mais je ne puis pas te haïr puisque je ne te crois pas heureux. Et je ne puis pas te mépriser puisque je sais que tu n'es pas lâche.
CALIGULA: Alors, pourquoi veux-tu me tuer ?
CHEREA: Je te l'ai dit : je te juge nuisible. J'ai le goût et le besoin de la sécurité. La plupart des hommes sont comme moi. Ils sont incapables de vivre dans un univers où la pensée la plus bizarre peut en une seconde entrer dans la réalité - où, la plus part du temps, elle y entre, comme un couteau dans un cœur. Moi non plus, je ne veux pas vivre dans un tel univers. Je préfère me tenir bien en main. 

Albert Camus, Caligula

CALIGULA: Tienes razón. Sólo quería saber si pensabas como yo. Pongámonos entonces las máscaras. Hagamos uso de nuestras mentiras. Hablemos como si nos batiésemos, protegidos hasta la cabeza. Querea: ¿Por qué no me amas?
QUEREA: Porque no hay nada que amar en tí, Cayo. Porque eso no se ordena. Y asímismo, porque te entiendo demasiado bien y no se puede amar a quien muestra el rostro que uno mismo intenta ocultar.
CALIGULA: ¿Por qué me odias?
QUEREA: En eso te equivocas, Cayo. No te odio. Te considero dañino y cruel, egoísta y vanidoso. Pero no te puedo odiar porque no creo que sea feliz. Y no puedo despreciarte porque sé que no eres un cobarde.
CALIGULA: Entonces ¿Por qué quieres matarme?
QUEREA: Ya te lo he dicho, te considero dañino. Amo y necesito la seguridad. La mayor parte de los hombres son como yo. Son incapaces de vivir en un mundo donde el pensamiento más extraño puede hacerse realidad en un segundo - donde entre, la mayoría de las veces, como un cuchillo en el corazón. Yo tampoco quiero vivir en ese universo. Prefiero tenerlo todo controlado.

En Caligula, Camus continúa su investigación sobre qué significa vivir en un mundo que es esencialmente absurdo y donde el único acto consecuente es aceptar ese mismo absurdo, seguir sus reglas, convertirlas en las tuyas. Negar, en definitiva, el efecto deletéreo de ese absurdo sobre nuestra persona y nuestras acciones, convirtiéndose en su agente para luchar contra él usando sus propias armas. Caligula, no obstante, es también una obra de combate, escrita en tiempo de guerra como acto de resistencia contra la ocupación nazi. Porque en ella de lo que se trata es del uso arbitrario del poder, de su utilización sin límites, cortapisas o miramientos. En este caso, por un exponente de ese tipo de hombre absurdo con el que había teorizado en las obras anteriores.

Esa intencionalidad política es manifiesta desde un principio, puesto que ese uso ilimitado del poder lleva inevitablemente al abuso, el exceso, la arbitrariedad y el crimen. Su conclusión es la dictadura, el totalitarismo y el terror organizado, independientemente de los justas y necesarias que fueran las intenciones de partida. Sin embargo, aquí se detienen la similitudes entre la ocupación nazi, cuyas acciones, por definición, no se sometían a ley alguna excepto las que permitieran mantenerla mediante el terror, con la denuncia en la ficción de ese uso ilimitado de la fuerza, el poder y la violencia. Porque Caligula, el protagonista de su tragedia, es un personaje tan humano como cualquiera de nosotros. 

Sometido al sueño de la fe y la esperanza. A los errores y desilusiones que se derivan de querer hacer realidad sus ideales.