martes, 3 de marzo de 2015

A vueltas y revueltas



Tenía muy abandonada mi serie de entradas dedicadas a la música clásica contemporánea, con todo lo equivocado y restrictivo que esa etiqueta implica. Mi descuido se debía tanto a falta de tiempo - excusa más que habitual - como al hecho de que carezco de los conocimientos técnicos necesarios para poder hablar con propiedad. En pocas palabras, que no paso de ser un aficionado que se deja guiar por su intuición y al que es harto fácil engañarle. De ahí que enseguida pierda pie en cuanto me adentro en los terrenos fuera del canon, tal y como se recogía en libros de texto y enciclopedias de los lejanos tiempo de mi juventud, o que simplemente me deje llevar por la causalidad y el encuentro fortuito, para enamorarme así de lo prescindible, mientras dejo de lado lo esencial, sin ni siquiera percatarme de su existencia.

A estas alturas de entrada deben estar un poco harto de tanto despliegue de excusas y precauciones. Su justificación está en que en la última semana he estado escuchando en bucle la pieza que abre esta entrada, tras encontrármela sin previo aviso una mañana de domingo en la programación de Radio 2 (o Radio Clásica, que la llaman ahora). Mi obsesión no se paró ahí, sino que corrí a encargar el CD en la versión precisa y exacta que se puede disfrutar en youtube, para así poder escucharlo en los escasos momentos que no tuviera el PC encendido. Mi fascinación sólo ha empezado a ceder un poco ahora, en esta segunda semana, simplemente porque he acabado por saberme la partitura casi de memoria y ya no necesito reproductores de ningún tipo para escucharla.

Vale, ya nos hemos enterado. ¿Pero realmente vale la pena? ¿Qué es este Vivaldi Recompuesto por Max Richter del que intentas convencernos de su importancia agitando tu entusiasmo?

Pues todo y nada, por utilizar una coletilla que no dice nada y explica menos

domingo, 1 de marzo de 2015

La lista de Beltesassar (LXXXIII): Jojo in the stars (2003) Marc Craste















Como todos los domingos continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a Jojo in the stars  (Jojo en las estrellas), corto realizado en 2003 por el animador británico de origen autraliano, Marc Craste.

Supongo que a estas horas estarán ya hartos de mis acostumbradas diatribas contra la animación 3D. En mi descargo, debo decirles que mis ataques no van dirigidos contra esa nueva técnica en sí, sino contra su uso como medio de reproducción servil de la realidad o, peor aún, como vehículo de bromas pop pretendiadamente ultramodernas que en realidad no son sino repeticiones de estereotipos rancios, ya viejos cuando se inventó el cine. De hecho, en la animación actual, la renovación/resurrección de la 2D y el stop motion serían impensables sin la presencia del ordenador, que ha permitido resolver de una vez por todas bastantes de los imposibles que habían aquejado a la animación desde su nacimiento.

El ordenador y la 3D se han convertido así en influencias beneficiosas, en herramientas irrenunciables, a las que para ser perfectas y únicas sólo les queda salir de esa celda en la que ellas mismas se han encerrado. Una objetivo que puede ser imposible, no por falta de ganas o de talento, sino porque el público - y parte de la crítica seria - siguen proyectando sobre estas técnicas nuevas los mismos prejuicios estéticos que aprendieron durante su niñez. En ese sentido, Jojo in the stars es un magnífico ejemplo de las posibilidades de estas nuevas tecnologías, a cargo de un director como Marc Craste que ya no era un novato cuando lo rodó y que ha continuado su carrera de forma personal, aunque en los mundos de la publicidad y el cine industrial.

Como prueba de lo que estoy diciendo es que a pesar de los muchos avances ténicos en la década larga que transcurrido desde su producción, el corto de Craste no parece viejo ni anticuado. Otros más famosos son directamente intragables por su torpeza técnica o simplemente hace mucho que han desaparecido en la más completa irrelevancia. Jojo in the stars, por el contrario, sigue manteniendo su resonancia emocional, tanto visual como dramática. Visualmente, Craste decide utilizar el blanco y negro, precisamente para ocultar las imperfecciones que aún lastraban a la 3D de entonces, mientras que abandona cualquier pretensión de (hiper)realismo, convirtiendo a  sus criaturas en conceptos, habitantes de un mundo al cual no podemos aplicar nuestras reglas y que por tanto nos impone las suyas.

Por otra parte, poco queda en la historia del infantilismo, la sensiblería o la falsa poesía, con la que suelen disfrazarse los productos de prestigio de las grandes productoras. El marco narrativo en el que se mueve Jojo in the Stars es el del film de terror, la larga tradición paralela que une a Tod Browning con David Lynch, donde el monstruo más  provoca compasión que terror, y donde la auténtica deformidad anida en el interior de las personas normales, tanto espectadores como torturadores. De esa manera, las excursiones que realiza el corto en el territorio de la sentimientalidad y el romanticismo quedan completamente equilibradas - perdonadas, podría decirse - por la certeza de la imposibilidad de ese amor y la seguridad de la tragedía que habrá de ser sus resultado. Un camino de (im)perfección en el que la salvación y la gloria sólo se alcanza aceptando al monstruo que todos llevamos dentro, para devenir así uno exteriormente.

No les entretengo más, como siempre aquí les dejo el corto. Disfruten de esta obra notable, aviso de los caminos por los que debería adentrarse la 3D... si la dejan, claro.


martes, 24 de febrero de 2015

Hasta el final

Those who can stand - 30 days
Those who can sit up - 3 weeks
Those who cannot sit up - 1 week
Thoe who urinate lying down - 3 days
Those who have stopped speaking - 2 days
Those who have stopped blinking - tomorrow

Los que pueden levantarse - treinta días
Los que pueden sentarse - tres semanas
Los que no pueden sentarse - una semana
Los que orinan tumbados - tres días
Los que ya no hablan - dos días
Los que han dejado de pestañear - mañana

Esperanza de vida de los soldados japoneses en Guadalcanal, según el testimonio del teniente Yasuo Kou, recogido en Guadalcanal de Richard B. Frank


Para todo aficionado a la segunda guerra mundial los nombres de Midway y Guadalcanal no son desconocidos. Se trata de batallas centrales en el desarrollo de la guerra del Pacífico, pero sobre las que siguen persistiendo importantes equívocos, a pesar de las décadas transcurridas. En general, se suele creer que Midway fue la batalla decisiva por antonomasia, de manera que tras las pérdidas catastróficas que la marina japonesa sufrió en ella, el resultado de la guerra, la victoria de los EEUU,  era ya seguro e inevitable. Guadalcanal, por tanto, a pesar de su dureza y del largo tiempo que duró esa campaña, seis largos meses, adquiere rasgos de mero trámite, de confirmación  innegable de lo que Midway había señalado.

Ocurre con ambas batallas lo mismo que con Stalingrado y Kursk en el frente ruso. Tras Stalingrado, da la impresión de que Alemania no tenía ya nada que hacer excepto rendirse, error que oculta la dificultad - y los muchos errores - de la propia batalla de Stalingrado, la recuperación de las tropas alemanas a finales del invierno de 1943, cuando una derrota sin paliativos del ejercito rojo sólo fue evitada por el deshielo y el agotamiento de la Wehrmacht, o el hecho de que en Kursk los alemanes estuvieron a punto de vencer, desquiciando el despliegue y los planes rusos, para alargar la guerra en uno o dos años, como consecuencia. Como bien señaló un historiador, tras Stalingrado estaba claro que el Nazismo no podía vencer en el conflicto, quedando abierta la cuestión de si la guerra terminaría en armisticio y empate, mientras que tras Kursk, era evidente que Alemania iba a perder de forma catastrófica.

Volviendo al Pacífico, el libro de Richard B. Frank sobre Guadalcanal que he estado leyendo a estos días sirve de necesario recordatorio de lo difícil que era la situación bélica en ese teatro de operaciones para los aliados, así como de la capacidad de los Japoneses para infligir derrotas humillantes al ejército, la marina y la aviación de los EEUU. Victorias que podían no ser decisivas, pero que sí podían alargar la guerra y tornar su desarrollo en mucho más difícil y sangriento de lo que fue.


sábado, 21 de febrero de 2015

En círculos (y III)

"Das sind Delirien des Liebeshungers" sagte Ulrich " die mit der Sattigung vergehen"

"Ésos son delirios del hambre de amor" dijo Ulrich " que se pasan con satisfacerla"

El Hombre sin atributos, Robert Musil

En unas semanas de lectura - de lento avance a través del complejo alemán de Musil - mi idea de lo que iba a escribir en esta entrada ha dejado de tener validez. Digamos que el desarrollo interno de la novela, los giros e incidentes que casi había olvidado, ha trasformado los signos que creía ver desarrollarse en realidades muy distintas a las que pensaba.

Como recordarán, el núcleo dramático de El hombre sin atributos es la irreconciliable discordancia entre lo que desearían ser los protagonistas y lo que realmente son. Cada uno de ellos ha sido educado para devenir un genio, de la misma categoría y a la misma altura de los que supuestamente le precedieron, pero en realidad no cesan de dar vueltas en círculos, sin que sus ideales, ni la labor con la que desean plasmarla, les conduzca a parte alguna, como no sea repetir los mismos rituales estériles que les aprisionan y constriñen.

sábado, 14 de febrero de 2015

Revisiones y reconciliaciones

Riña de Gatos, Francisco de Goya
Se lo aviso ya desde el principio, de la obra de Goya, sus cartones para tapices era lo que menos me gustaba. Había excepciones como la que abre esta entrada, a medio camino entre el cómic y la casi abstración, un auténtico OVNI en el panorama de ese rococó final, primer neoclasicismo hispano que fue la década de los 80 del siglo XVIII. Pero aparte de éste cartón singular, el resto nunca me llegó a decir nada, puesto que los veía aún poco Goya, muy atados al modelo de la pintura galante del XVIII en su versión española, y por tanto, muy alejados de sus retratos de la década de los 90 y siguientes, de sus grabados y sus pinturas negras, de ese Goya, que acabó convertido en, pintor sin iguales, excepción sin discípulos ni seguidores, excepto ya en Francia y en la década de los sesenta del XIX.

Se podría decir, por tanto, que si Goya hubiera muerto hacia 1790, sólo le recordarían los estudiosos de la pintura. Hecho aún más excepcional puesto hacia esa fecha, Goya ya contaba con 44 años, edad a la que muchos pintores ya habían dado todo lo que podían, mientras que el español pareció mejorar a medida que envejecía, hasta convertirse en el pintor único de un tiempo pródigo en excepcionalidades, como Napoleón, Beethoven o Ghöte. Dicho esto, sin embargo, hay que reconocer a El Prado su continuado esfuerzo por recuperar a ese Goya antes de Goya, por así decirlo, intentando demostrar exposición tras exposicion que su estilo maduro estaba ya allí, en germen, desde un principio, y que el pintor aragonés sólo tuvo que pulirlo, limpiarlo de impurezas, para descubrírselo a sí mismo.

En ese sentido la Exposición Goya en Madrid del Prado, sigue en esa misma línea, centrándose en esta ocasión en los archifamosos cartones para tapices, y a pesar de su nombre desafortunado - si precisamente algo caracteriza a Goya es residir y trabajar en Madrid - nos ha servido a muchos para reencontrarnos y reconciliarnos con el Goya de los tapices.

sábado, 7 de febrero de 2015

Muros invisibles


En Madrid, como ya les había comentado, se está produciendo una proliferación de espacios destinados a exposiciones de arte. A los creados de nueva planta, se han unido los que yo llamo espacios-Guadiana, como el río. Se trata de instituciones que funcionan a ráfagas, con interrupciones que pueden llegar a acumular años enteros, para luego descolgarse con una exposición única, que si no se está atento se corre el peligro de perdérsela.

Uno de estos espacios se halla en el vasto centro cultural que ocupa el antiguo matadero de Madrid, donde se acaba de abrir una muestra dedicada a un activo grupo de reivindicación política en el mundo del arte: Las Guerrilla Girls. Éste grupo de mujeres anónimas, siempre escondidas en sus apariciones públicas tras unas máscaras de gorila (Guerilla y Gorila son casi homófonos en inglés) buscan que los principios de igualdad promovidos por el feminismo se extiendan al mundo del arte. Es decir, que en los museos y colecciones se de una representación cada vez mayor a los artistas de género femenino, enderezando así una continuada injusticia histórica.

Y antes de entrar en el análisis, les confesaré algo. Mientras visitaba la exposición, en ciertos momentos me sorprendía trazando elaborados argumentos con los que rebatir los eslogans de la Gerrilla Girls. Momento en que me veía obligado a reconocer que tenían razón. Que las ideas del pasado, de ese pasado en sólo era válido el arte realizado por hombres y además de raza blanca, siguen actuando sobre nosotros y condicionando nuestras decisiones, perpetuando así el racismo y la discriminación en un mundo que se enorgullece y presume de no serlo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

En circulos (y II)

Aber der Vetter beharrte. “Ich frage aus einem Grund, den ich ungefähr angeben kann: Ich will wissen, ob Sie schon das Verlangen kennengelernt haben, dass alle Menschen - ich denke dabei auch an die ärgsten Scheusale, die nebenan in ihren Zimmer Sind - sich nackt auszuziehen, einander die Arme um die Schultern schlingen und statt zu reden singen möchten; Sie aber müssten von einem zum andern gehen und ihn schwesterlich auf die Lippen küssen.”

 Robert Musil, Der Mann Ohne Eigenschaften (El hombre sin atributos)

Pero su primo insistió. “Lo pregunto por una razon que aproximadamente puedo explicar así: Quiero saber, si ya ha conocido la necesidad, que todos los seres humanos - pienso tambíen en los animales que comparten su habitación - de desvestirse hasta quedar desnudo, enredar los brazos sobre los hombros del otro y en vez de hablar, cantar. Ud, por el contrario, iría a su encuentro y le besaría en los labios como una hermana

En la entrada anterior de esta serie - que espero no quede truncada, como otras, aunque en el caso de esta novela sería bastante pertinente - malgasté el poco espacio del que dispongo en narrar aspectos íntimos de mi biografía que a pocos deben interesar, ni siquiera a mí. El caso es que al final de un texto largo y enrevesado, no les había contado nada de la novela, ni de lo que podían esperar de ella.

La culpa no es completamente mía, ya que pocas tareas hay más arduas que intentar trazar de qué va la novela de Musil.

sábado, 31 de enero de 2015

A pesar Suyo

Concepción de la virgen, Ambrosius Belson

Les he indicado otras veces que en el panorama expositivo madrileño han aparecido unos cuantos espacios de los que no tenía noticia, mientras que otros han sido resucitados. A esta última categoría pertenecen las antiguas salas del antiguo Centro Cultural de la Villa, ahora Centro Cultural Fernando Fernán Gomez, que a punto estuvo de quedarse en sólo Fernán Gómez. Por ese espacio, uno de los mayores de Madrid en extensión, han pasado exposiciones modelo que intentaban abarcar fenómenos con una profundidad que sólo estaría al alcance de museos enteros. Así, en años sucesivos, se pudieron ver muestras que ilustraban la Península Ibérica en los años 1, 1000 y 2000; los diferentes informalismos hispanos de la segunda mitad del siglo XX, el fenómeno religioso en el mundo presente o la evolución del área guatemalteca de los Mayas a la actualidad.

La reapertura de estas salas tuvo lugar con la visita, el año pasado, de los guerreros de Xian, y se ha visto confirmada con la exposición a Su Imagen, inaugurada en noviembre de año pasado. En sí, el tema que propone la muestra, la revisión del arte religioso en la península, sería más que interesante, sino fuera porque el enfoque no es estríctamente artístico, sino pastoral y evangélico. Promovida por la Conferencia Episcopal Española, la exposición pretende dar a conocer la doctrina cristiana, en su vertiente católica, utilizando para ello cinco siglos de historia del arte en la península. Catolicismo, entendido como una de las esencias irrenunciables de España, de manera que la obras expuestas vienen a recuperar, en cierta manera, su carácter devocional - aunque se incluyan algunas que poco tienen de piadosas y sí mucho de contestatarias, caso de los lienzos de Solana.

jueves, 29 de enero de 2015

En Círculos (y I)

Aber das bedeutete nichts, als dass für ihn die Zeit gekommen war, wo der Gefangene nicht begreift, wie er sich die Freiheit hat rauben lassen können, ohne sie bis auf den Tod zu verteidigen. Denn wenn Diotima sagte: "Was sind Weltereignisse? Un peu de bruit autour de notre âme...!" - so fühlte er das Gebäude seines Lebens erzittern.

Robert Musil - El hombre sin atributos

Pero eso no significaba nada más que para él había había llegado el momento, cuando el prisionero no llega a concebir, como ha permitido que le arrebaten su libertad, sin haberla defendido hasta la muerte. Porque cuando Diotima decía: "¿Qué son los acontecimientos mundiales? ¡Un poco de ruido alrededor de nuestra alma...!", Él sentía estremecerse el edificio de su vida,

Der Mann Ohne Eigenschaften, la novela de Robert Musil que he citado arriba, es una de mis favoritas, casi podríamos decir una obra central en mi vida, a la que me veo obligado a volver a intervalos regulares, como me ocurre con À la Recherche du temps perdu. La he leído ya dos veces entera - en alemán, si me permiten presumir - y ahora me hallo enfrascado en la tercera lectura, revisión o más bien viaje y aventura, si prefieren. Son tales las dimensiones y profundidad de esta novela que cuando uno debe enfrentarse a ella, más vale coger un buen macuto, llenarlo de provisiones y no poner un límite temporal a sus exploraciones. Un límite menor de muchas semanas, incluso meses, quiero decir.

La primera vez que me aventuré por sus espacios, allá por la década de los noventa del siglo pasado, la obra de Musil me fascinó, quizás porque mi edad, mis sentimientos y mi concepciones eran muy próximos a los del personaje protagonista. Que la leyera, no quiere decir que la entendiera. Esta novela no es de la que hacen concesiones al lector y fácilmente se puede acabar perdido, enredado, en la maraña de argumentos y contrargumentos que constituyen su núcleo central. El esfuerzo que requiere, por tanto, es similar al de un explorador perdido en la selva o en el desierto, y en ese punto no me ayudaba mucho que mi alemán fuera fragmentario e incompleto, de casi no entender una de cada dos palabras de las allí escritas.