sábado, 25 de abril de 2015

La historia (aún) no escrita

Una de las últimas y más recientes aportaciones al tema de la relación entre fascismo y franquismo hace hincapié en el carácter protéico del régimen militar construido durante la guerra civil y de sus potencialidades virtualidades evolutivas en un sentido plenamente fascista y totalitario. Como había percibido desde el principio del conflicto español el propio Mussolini, el estado franquista, pese a su naturaleza originaria reaccionaria y autocrática, en virtud de la movilización impuesta por la guerra y por las circunstancias internacionales, "puede servir mañana de base para el estado totalitario"; cabía esperar, por tanto, que Franco liderase el proceso de "fascistización de España".
Bajo esta perspectiva analítica atenta a la dinámica histórica-evolutiva, el franquismo habría sido un régimen militar reaccionario que sufrió un proceso de "fascistización", notable pero inconcluso  y finalmente truncado y rebajado por el resultado de la segunda guerra mundial y la derrota de Italia y Alemania en la misma. Esta naturaleza de régimen "fascistizado" se apreciaría en su peculiar "capacidad para combinar ciertos elementos de la rigidez propia de los fascismos con la versatilidad y capacidad de maniobra de los no fascistas". No en vano, una de las características de los regímenes "fascistizados" habría sido su reversibilidad hacia el estado inicial de régimen dictatorial autoritario. En gran medida, ese proceso de "fascistización" emprendido, truncado y revertido, es la razón de las dificultades de conceptualización del régimen franquista y la clave de la subrayada capacidad evolutiva y adaptativa del mismo.

Franco y el franquismo en tinta sobre papel: narrativas sobre el régimen y su caudillo. Participación de Enrique Moradiellos en 40 años con Franco, dirigido por Julián Casanova

Esperaba mucho más del libro 40 años con Franco, obra colectiva dirigida por Julián Casanova en donde han participado importantes historiadores especializados en el periodo de la dictadura. Se trata evidentemente de una obra de circunstancias, coincidente con este año en el que se celebran los cuarenta años sin Franco, en la que se nota el apresuramiento impuestos por el aniversario. 

No esperaba que fuera la obra definitiva sobre ese periodo - eso queda para otra ocasión y de ahí el título de esta entrada - pero se nota demasiado que algunos de los autores, como Preston, se han limitado a resumir y reutilizar sus tesis habituales, mientras que otros, como José Carlos Mainer, en su revisión de la literatura de ese periodo. parece dedicarse a polemizar con libros y autores a los que no se nombra. En este caso, el recién publicado El Cura y los Mandarines de Gregorio Morán, cuya sombra gravita sobre el artículo de Mainer y le lleva a ningunear a un gran escritor como Luis Martín-Santos, héroe máximo para Morán, mientras procede a defender a aquellos a quienes Morán despellejaba, caso de Benet... para hurtarnos así de nuevo a los lectores, una visión equilibrada de la cultura de ese periodo.

Curiosamente, en este batiburrillo de artículos de intenciones y temas muy dispares, los más interesantes son precisamente aquellos que abordan fenómenos pocos conocidos. Así, el artículo de Mary Nash sobre la mujer en el franquismo se revela casi un acto de justicia, reparando un poco el silencio de una narración histórica donde la presencia masculina era aplastante, además de revelar la existencia fenómenos paralelos y subterráneos de la oposición al franquismo fuera de los partidos tradicionales, como el comunismo, o los grupos aislados de intelectuales sin contacto con el pueblo. De hecho, hace concebir esperanzas de que esos breves apuntes lleguen a convertirse en un libro, y de la misma manera, hace que parezca extraña - ¿o demasiado obvia? - la ausencia de un artíticulo dedicado a las otras nacionalidades de España y su superviviencia en ese tiempo de opresión y unificación, especialmente cuando de trata de una cuestión que vertebra todo el siglo XX, sin perder nada de su fuerza y su influencia en la política nacional actual.

Dicho esto, el artículo más interesante el el final, el de Moradiellos, en el que se aborda un tema muy caro a los tiempos postmodernos en los que vivimos. No la historia del franquismo, sino la historia de la historias y los análisis que se han hecho sobre ese régimen y la persona, Franco, que le dio nombre.

martes, 21 de abril de 2015

Belleza y compromiso

Dans les rues de la ville il y a mon amour. Peu importe où il va dans le temps divisé. Il n'est plus mon amour, chacun peut lui parler. Il ne se souvient plus; qui au juste l'aima?

Il cherche son pareil dans le voeu des regards. L'espace qu'il parcourt est ma fidélité. Il dessine l'espoir et léger l'éconduit. Il est prépondérant sans qu'il y prenne part.


Je vis au fond de lui comme une épave heureuse. A son insu, ma solitude est son trésor. Dans le grand méridien où s'inscrit son essor, ma liberté le creuse.


Dans les rues de la ville il y a mon amour. Peu importe où il va dans le temps divisé. Il n'est plus mon amour, chacun peut lui parler. Il ne se souvient plus; qui au juste l'aima et l'éclaire de loin pour qu'il ne tombe pas?


Allégeance, René Char

En las calles de la ciudad, se halla mi amor. Poco importa a donde va en su tiempo aparte. Ya no es mi amor, cualquiera puede hablarle. Ya no se acuerda; ¿quién lo ama ahora?

Busca su igual en la promesa de las miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja la esperanza y la conduce ligera. Es dominante sin tomar parte.

Miro en su fondo como en un pecio dichoso. Sin saberlo, mi soledad es su tesoro. En el gran meridiano donde se inscribe su ascenso, mi libertad lo ahonda.

En las calles de la ciudad, se halla mi amor. Poco importa donde va en su tiempo aparte. Ya no es mi amor, cualquiera puede hablarle. Ya no se acuerda; ¿Quién lo ama ahora y lo ilumina de lejos para que no caiga?

Como sabrán los lectores de este blog, he llegado a medio dominarme en varios idiomas.  No es ya que sirvan para comunicarme con los hablantes de esas nacionalidades y hacer negocios en este mundo en el que lo único que importa es el beneficio monetario. No, lo auténticamente importante es que suponen la puerta de entrada a sus literaturas, al amplio mundo de su historia, su cultura y su pensamiento. Y si hablamos de literatura, o de expresión escrita en general, hay dos niveles cuya comprensión constituye el máximo al que se puede aspirar, la prueba de que realmente se domina y se comprende ese otro idioma.

Se trata, en mi opinión, de los registros de la poesía y de la filosofía. Ámbitos aparentemente opuestos, pero que considero hermanados en su dificultad. El uno, el de la versificación, por su afán de prensar en pocas palabras y líneas vastas extensiones de pensamiento, el otro, por su obsesión en hallar la expresión perfecta e irrefutable, que finalmente aboliese las ambigüedades del lenguaje. Por supuesto, parte de la alta consideración en que tengo a estas formas, se debe a mi enamoramiento juvenil por ambas, atracción y fascinación que acabó por formar parte irrenunciable de mi personalidad, aunque la vejez y la decadencia comiencen a hurtarme la capacidad para disfrutarlas y comprenderlas.

Hecha esa introducción comprenderán ahora porque intento leer a los poetas en sus lenguas originales, aunque, desgraciadamente, se me escapen muchas de las relaciones, de las obviedades lingüísticas, que son evidentes para un hablante nativo. Asímismo, la lista de poetas, de grandes poetas, que uno tiene en la memoria, es parcial e incompleta, reducida a aquellos autores que tuvieron repercusión e influencia más allá de sus fronteras, en nuestro propio país y literatura, pero cuya importancia y valor real pueden ser muy distintos cuando se miran desde el interior y el presente de una lengua.

Todo esto, esta larga introducción a la introducción, viene a cuento porque a René Char, el poeta francés del siglo XX, llegué por casualidad, buscando libros de poetas surrealistas en la tienda del Museo Magritte de Bruselas. Por alguna razón, su nombre me llamó la atención, creí recordar haber leído que alguien en alguna red social, había expresado su alegría, su gozo al descubrirlo. Así que me decidí, compré el libro, una selección de sus poemas, y lo puse en lo alto de la pila para leer. Esa misma pila que no sé si llegaré a agotar algún día.

Y como en las auténticas experiencias literarias - mejor dicho, en cierto tipo de experiencias literarias - no sé muy bien que decir. Aparte de una cosa, que tras haberlo leído dos veces, y casi naufragar en ambos periplos, tengo que volver a leerlo entero otra vez más, pero esta vez en versión completa, buscando esos poemas que no fueron elegidos para la antología y que pueden ser tanto o más importantes que los he disfrutado - o no - en esta ocasión.

Y quizás eso es lo más importante.

sábado, 18 de abril de 2015

En Circulos (y VI)

Fr 2: [..] - Mimetus des Coitus, soll den Eifersuchtvorstellungen Material liefern [...]
Hinrichtung am Morgen. Coit. am Abend
Coit. nicht sex. mach. Ganz nur Reiz, einen Menschen sichtbar zu machen

Notas de Robert Musil hacia 1936 sobre la continuación de Der Mann ohne Eigenschaften

Fragmento 2: [..] Mímica del Coito, debe dar soporte a las ideas de celos [..]
Ejecución por la mañana, coito por la tarde.
El coito no debe ser sexual. Sólo debe hacer visible la atracción de una persona.

Hablaba hace unas entradas de las muchas dificultades a las que se enfrentó Musil a la hora de continuar lo publicado de El hombre sin atributos. Obstáculos tan grandes, que directamente reescribió gran parte de los capítulos que iba a publicar en 1937/38 como continuación, que no conclusión, de la segunda parte de su novela.

Sin embargo esas dificultades no fueron sólo temáticas/compositivas. Hacia 1936 sufrió un ictus - wikipedia dixit -, del cual no llegó a recuperarse completamente. Por otra parte, en 1933 tuvo que abandonar Berlín tras la llegada de los nazis al poder - quienes no tardaron mucho en prohibir sus obra - , para volver a su tierra natal, Austria, de la que tuvo que huir a su vez cuando Alemania se la anexionó en 1938, para encontrar un refugio en Suiza. Un asilo precario, no sólo por el riesgo de que los nazis fueran a atreverse también con ese país - tenían planes detallados para invadirlo - sino porque Musil apenas había publicado algo durante las décadas de entreguerras, de manera que su situación financiera era cercana a la pobreza. De ese estado sólo le salvó la labor incesante de su esposa Marta, auténtico soporte del matrimonio y luego albacea de la obra de su marido.

Toda este cúmulo de contrariedades y reveses, a las que hay que unir que Musil era un escritor en continua revisión de su obra, de ésos a los que hay que arrancarles los manuscritos para publicarlos, provocó que nos quedásemos sin saber como terminaba El hombre sin atributos, lo que no quiere decir que no se hayan realizado intentos para reconstruir sus intenciones, con mayor o menor acierto.


sábado, 11 de abril de 2015

En círculos (yV)

Es kommt überhaupt an nichts an! - rief Agathe aus - nicht auf das, was er ist, nicht auf das was er meint, nicht auf das, was er will, und nicht auf das was er tut! Manchmal verachtet man doch einen Menschen und liebte ihn trotzdem. Und manchmal liebt man einen Menschen und hat das heimliche Gefühl das dieser Mensch mit Bart oder Busen, den man vermeintlich schon lange kennt und schätzt und der unaufhörlich vom ihm redet, eigentlich nur zu Besuch bei der Liene ist.”

Robert Musil, de los borradores que iban a ser la continuación de Der Mann ohne Eigenschaften.

¡No depende de nada! - exclamó Agathe - ‘ ni de lo que es, ni de lo que opina, ni de lo que quiere, ni tampoco de lo que hace! A veces se desprecia a una persona y sin embargo se la ama. Y a veces se ama a una persona y se tiene la secreta impresión que esa persona con barba o busto, a la que se conoce y aprecia desde hace largo tiempo y de la que se habla incesantemente, sólo está de visita en el amor

Si les suena el nombre de Musil, sabrán que su magna novela, Der Mann onhe Eigenschaften (el hombre sin atributos), quedó inacabada. Un primer tomo fue publicado en 1930 y otro en 1932, después, nada. O mejor dicho, después todo, porque Musil siguió trabajando en la continuación de la novela hasta el día de su muerte, en enero de 1942. Diez años que si se suman a los otros diez gastados en componer los dos primeros tomos, suman dos decenios largos. Lo bastante para crear una novela de más de mil páginas, en la letra minúscula de la edición alemana, y dejar tras de sí una inmensa pila de intentos, borradores, esbozos y anotaciones.

Parte de ese continuum creativo - principalmente los borradores más completos y terminados -  fue sido publicado en Alemania como un segundo volumen complementario a la novela en sí. Leyéndolos es posible hacerse una idea de las dificultades y problemas de Musil en reanudar el hilo de su novela, que fueron de tal calibre, que no es que a la muerte del escritor quedara un manuscrito completo, al que le faltase revisión y condensación para poder ser publicado, como fue el caso de Proust, sino que lo que quedó fue intentos parciales, en los que no es fácil discernir a dónde llevarían la trama ni, más importante aún, como la concluirían

jueves, 9 de abril de 2015

Tiempo sin eternidad

What might have been is an abstraction
Remaining a perpetual possibility
Only in a world of speculation.
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present.
Footfalls echo in the memory
Down the passage which we did not take
Towards the door we never opened
Into the rose-garden.


T.S. Eliot, Burnt Norton, Four Quartets


Lo que podía haber sido es una abstracción
convertida en una posibilidad perpetua
sólo en un mundo de especulación
Lo que podía haber sido y lo que fue
apuntan a un destino, que siempre está presente
El echo de las pisadas repercute en la memoria
bajando el pasaje que no tomamos
Hacia la puerta que nunca abrimos
Hacia el jardín de las rosas.


Tras mucho tiempo de tenerlo dormitando en una de las estanterías de mi biblioteca, me he atrevido al fin con el volumen de la obra poética (casi) completa de T.S. Eliot, y lo primero que me ha sorprendido es su brevedad. No les descubro nada diciéndoles que es uno de los poetas fundamentales del siglo, pero asímismo se trata de un poeta cuya obra (casi) se reduce a sus poemas-hito: The Wasted Land, The Love Song of J. Alfred Pruffock, The Hollow Man y The Four Quartets. Fuera de ellos, quedan otros poemas no menos importantes, pero cuya longitud total apenas llega a igualar la de estos cuatro grandes.

Se trata de un poeta, por tanto, de inmenso poder de concentración, capaz de resumir en unos cuantos versos, en un puñado de poemas, una visión completa y coherente de la existencia humana - ya veremos cual -, pero sin quedarse limitado a ese aspecto de elaborador ideológico/temático. Muy al contrario, Eliot es al mismo tiempo un mago del lenguaje inglés, capaz de armonizar en un mismo espacio y casi en un mismo verso, registros cultos y populares, lenguaje arcáico y recién creado, la serenidad de los  mitos milenarios y el rugir del progresos.

No obstante, esa misma brevedad, esa misma concisión, puede jugar en contra de su apreciación por el lector moderno, demasiado aconstumbrado a leer sin leer, a pasear apresurado la vista por los textos debido a la falta de tiempo. Ese lector, y más de uno avezado, pueden encontrar que Eliot acaba sin haber apenas empezado, como si te dejase abandonado a tus propios medios en mitad de un descampado. La poesía de Eliot - como casi toda poesía, pero en este caso más cierto aún - exige la relectura, una, dos, tres veces, hasta que sus palabras, sus giros y sus ideas, sean tan conocidas que pasen a formar parte de uno mismo.

jueves, 2 de abril de 2015

El artista como empleado

Robert Mallet-Stevens, La cité moderne

Comentaba en entradas anteriores como el MNCARS madrileño parecía embarcado en la tarea de difundir el arte contemporáneo posterior a 1960, tan poco conocido, casi despreciado, por los aficionados. La fundación Juan March, curiosamente, también realiza algo parecido, solo que últimamente ha pasado de la promoción del arte ruso/soviético y el alemán, a realizar una concienzuda revisión de lo que se llamaba en el pasado artes menores y ahora se conoce como artes industriales/decorativas, con ejemplos tan destacados como la modélica exposición La Vanguardía Aplicada, dedicada a la revolución que experimento la tipografía europea con la llegada de las vanguardias.

Este esfuerzo no puede ser más loable, ya que ayuda a romper la distinción forzada entre las llamadas artes menores y mayores (ejemplo: ¿Por qué la pintura es mayor y la ilustración menor? ),  división para las mismas vanguardias había dejado de tener valor. Asímismo, esta nueva mirada permite ofrecer una imagen más completa del ambiente cultural de ese tiempo, en el que las influencias podían surgir - y de hecho provenían - de los lugares más inesperados. Sin embargo, en este afán de la Juan March, se ha colado otra motivación que ya no me parece tan necesaria y que  no esta exenta de cierta manipulación. Se trata de la reivindicación del artista como asalariado -pero, ¡ojo! no como artesano - que trabaja por encargo, frente al artista revolucionario que hace de la libertad y de la integridad su bandera.

Un tema y un objetivo que parecen ser el centro de la última exposición de la March, la que tiene el nombre de El Gusto Moderno, Art Déco en París, 1910-1935.


martes, 31 de marzo de 2015

En Círculos (y IV)

Dann hatte Agathe also angeknüpft, und Ulrich gab die längste Weile keine Antwort und lächelte nur abwehrend, denn ein solches Spiel mit dem Toten zu wiederholen, kann ihn doch unerlaubt vor.
Da hatte sich Agathe aber schön gebückt und ein seidenes, breites Strumpfband, das sie zur Entlastung des Gürtels trug, vom Bein gestreift, hob die Prunkdecke und schob es dem Vater in die Tasche.
Ulrich? Er traute zuerst seinen Augen nicht bei dieser wieder ins Leben zurückgekehrten Erinnerung. Dann wäre er beinahe hinzu gesprungen und hätte es verhindern; einfach weil es so ganz gegen alle Ordnung war. Dann aber fing er in den Augen seiner Schwester einem Blitz von reiner Taufrische des frühen morgens auf, in die noch keine Trübe des Tagwerks gefallen ist, und das hielt ihn zurück. "Was treibst du da!" sagte er, leise abmahnend. Er wußte nicht, ob sie den Toten versöhnen wolle, weil ihm Unrecht geschehen sei, oder ob sie ihm einen Gutes mitgeben wolle, weil er selbst so viel Unrecht getan habe: Er hatte fragen können, aber der barbarische Vorstellung, denn frostigen Toten ein Strumpfband mitzugeben, das von dem Beim seiner Schwester warm war, schloß ihm von innen die Kehle und richtete in seinem Gehirn allerhand Unordnung an. 

Robert Musil, El hombre sin atributos.

Entonces reanudó Agathe la conversación y Ulrich no respondió la mayor parte del tiempo, sonriendo solamente a la defensiva, porque repetir ese ejemplo con el muerto, no le parecía estar permitido. En ese punto Agathe se inclinó, se sacó una ancha liga de la pierna, que llevaba allí para descargar el liguero, levantó la tapa del ataúd y la introdujo en el bolsillo de su padre.
¿Y Ulrich? Apenas daba crédito a su ojos ante ese recuerdo de nuevo vuelto a la vida. A punto estuvo de saltar y lo hubiera impedido, simplemente porque iba contra toda norma. Pero encontró en los ojos de su hermana un reflejo del fresco rocío de la mañana, aún no empañado por el trabajo cotidiano, y eso le contuvo. "¡Qué haces!" dijo, con callado recelo. No sabía bien si ella quería reconciliarse con el muerto, debido a alguna injusticia cometida, o si ella quería regalarle algo bueno, ya que él mismo tanta injusticia había hecho. Debía haberlo preguntado, pero esa bárbara idea, la de acompañar al gélido muerto con una liga aun caliente por el contacto con el cuerpo de su hermana, le hizo cerrar la boca y dejo su cerebro en completo desorden.

Llevo ya varias semanas dándoles la lata con El hombre sin atributos, la inmensa novela inacabada de Robert Musil. El punto de la lectura en el que les había dejado era prácticamente un callejón sin salida, tanto para los personajes como para la trama. Poco les quedaba por hacer que pudiera, no ya hacer realidad sus sueños, sino simplemente dotar a sus acciones de un movimiento que tuviera destino y sentido. La única salida a tanto caminar en círculos para retornar al punto de partida - y ni siquiera eso, porque el estado en que era (r)encontrado ese inicio era mucho peor que el original - se reducía a la muerte, como bien había presentido Ulrich que debía ocurrirle, si su año sabático se revelaba estéril y baldío. Eso, o la locura declarada, como empezaba a sucederle a uno de los personajes.

Esa parálisis mental  que aquejaba a los personajes de la novela podía contagiarse a la propia obra, así que no es de extrañar que Musil introdujese un personaje nuevo del que antes no se había hecho ninguna mención. Extraño y sorprendente, ese silencio, porque se trata ni más ni menos que de la hermana del protagonista, quien va proceder a hacer descarrilar las seguridades negativas de Ulrich, además de romper el orden estricto, propio de una cárcel, en el que la novela se había refugiado.

O quizás no. O quizás sí

lunes, 30 de marzo de 2015

Melancolías íntimas, soledades colectivas

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
 
                                                —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?


Rosalía de Castro, En las orillas del Saar

Si he elegido este poema para hablar de Rosalía de Castro, no ha sido por su fama, que puede trabajar en su contra, sino por la fuerte resonancia personal que ese texto guarda para mí. Dada su presencia en todas las antologías, se encontraba también en los textos escolares de mi juventud, por lo que supuso mi primer encuentro con su poesía, mi conexión tempraqna con una persona cuya sentimentalidad era cercana a la mía... y lo sigue siendo.

La cuestión es que hay muchas Rosalías (y perdonen por utilizar su nombre propio, ya sé que no debería hacerlo, pero las viejas constumbres se resisten a morir). La poetisa decimonónica cuya obra se ve afectada por los resabios y lugares comunes de su tiempo, que la alejan de la sensibilidad actual. La escritora refundadora de toda una lengua, la gallega, que gracias a ella, recuperaba su lugar como vehículo de cultura. al igual que lo había sido en el medievo. La literata anfibia, capaz de moverse con igual de soltura en dos lenguas emparentadas pero casi irreconciliables, al igual que sus hablantes, pero al mismo tiempo, excelsa y defectuosa en ambas. La narradora y conservadora de las constumbres y esencias de su pueblo,  ya a punto de ser arrumbadas por el progreso y la emigración, rayana con el constumbrismo, pero al mismo tiempo cronista de la desolación íntima, de los paisajes baldíos donde unos pocos - o unos muchos - se ven forzados a habitar.

Cada uno de esos aspectos habría bastado asegurar  a Rosalía un puesto en los manuales de literatura como poetisa excelsa, para al mismo tiempo para relegarla al olvido, como tantos otros nombres famosos. Es, no obstante, de la conjunción de todos los elementos antes citados, de donde surge una Rosalía que es cercana y actual...  al menos para aquellos que (nos) sentimos como ella.


martes, 24 de marzo de 2015

La polilla y el orín

A todo esto nos dicen que desaparecerán juntos el cristianismo y la civilización occidental o grecorromana y que vendrá por el camino de Rusia y del bolchevismo una civilización, o como quiera llamársela, una civilización asiática, oriental, de raíces budistas, una civilización comunista. Porque el cristianismo es el individualismo radical. Y, sin embargo, el verdadero padre del sentimiento nihilista ruso es Dostoyevski, un cristiano desengañado, un cristiano en agonía.

Miguel de Unamuno, La agonía del critianismo.

Leía este Unamuno recientemente, un ensayo que se me escapó siendo joven, y mi primera constatación fue lo diferente que soy en la actualidad de mi versión adolescente, la de allá por los primeros años ochenta del siglo XX. Digamos que mientras que ahora mi posición religiosa es la de un ateo al que los problemas de la trascendencia han dejado de preocupar, que no de interesar, en aquel entonces aún me debatía entre las opciones de la fe - cristiana, dada mi educación - y las del agnostiscimo. En ese contexto, no es de extrañar que los textos de Unamuno, con su ardiente prosa inspirada en Kierkegaard, resonaran con especial fuerza en mi interior.

La agonía del cristianismo se puede considerar como un producto tardío de la resolución de una crisis religiosa, la experimentada por Unamuno en su juventud, que en su caso se decantó a favor del cristianismo, aunque no completa ni declaradamente ortodoxo. Sin embargo, el concepto de crisis religiosa es bastante engañoso. Solemos pensar en un tiempo de tensión y lucha, de agonía en el sentido que utiliza Unamuno, que ocupa un breve periodo vital, para resolverse de forma dramática y repentina. No fue ése mi caso, en el que debería hablarse más bien de lento deslizar, de paulatina erosión de las concepciones y convicciones recibidas, hasta que un día, sin drama alguno, el problema original se desvaneció por sí mismo, llevándose consigo todas sus dudas, preocupaciones y contradicciones.

lunes, 23 de marzo de 2015

El museo en el museo

Barnett Newman, Third Station

Como ya deben saber, el MNCARS se ha traído los contenidos del Kunstmuseum Basel, mientras ese museo está cerrado por reforma.  El número de obras - y obras importantes - que contiene esa institución suiza ha dado para tres exposiciones simultáneas, dos en el MNCARS, una en El Prado, que van a constituir el plato fuerte de ambos museos durante la primavera y el verano de este año.

El primer reproche, aunque pueda parecer extraño, es precisamente esta larga ocupación, casi completa, del espacio del MNCARS. Un rasgo característico de ese museo en los últimos años era buscar ilustrar al público sobre los nuevos caminos, las nuevas formas y soluciones, elegidos por el arte occidental tras la segunda guerra mundial. Esa tarea, esa misión, si lo prefieren, no es esteril, ya que si bien el público ha aceptado la vanguardia "clásica", al menos en parte, como viene a demostrar la exposición de Dufy en la Thyssen, no ha ocurrido mismo con la vanguardia "tardía", que sigue siendo objeto de fuerte rechazo y de incompresión.