sábado, 23 de julio de 2016

El traidor ojo sincero

Sugimoto Hiroshi, seascape

Estoy seguro que cuando a finales de año se escriban las consabidas listas de mejores exposiciones del año, no figurará en ellas la del fotógrafo Sugimoto Hiroshi en la Mapfre. Lo digo porque otras muestras están a rebosar de público, mientras que en ésta, esta mañana, estábamos yo y dos despistadas. Incluso, en ocasiones, parecía que los propios vigilantes habían desaparecido. 

Circunstancias que, por cierto, le hacían mucho bien a la exposición.

sábado, 16 de julio de 2016

Con los ojos bien abiertos


En las salas de exposiciones del Canal de Isabel II hay abierta, hasta mediados de agosto, una retrospectiva de la fotógrafa americana Vivian Maier. No voy a extenderme en detalles biográficos, ya que me temo que la novela que es su vida tiende a ocultarnos su obra, distorsionándola. Para los que no lo sepan ya a estas alturas, la vida de Maier transcurrió como la de una niñera cualquiera de la segunda mitad del siglo XX, cambiando de trabajo, residencia y ciudad con cierta frecuencia, sin que nada hiciera sospechar nada especial en ella. Fue sólo tras su muerte cuando una serie de descubrimientos casuales salvaron de la destrucción miles de sus fotografías, algunas de ellas aún sin revelar, y rescataron su figura de un olvido seguro.

De repente, el mundo supo que uno de los mejores fotógrafos contemporáneos había sido una aficionada, alguien que sin educación especial,, sin buscar fama ni gloria, sin necesidad de cámaras complejas y aún más costosas, había sabido ver el mundo de una forma nueva, única y original. 

Como los grandes maestros, en definitiva.

viernes, 15 de julio de 2016

Hormigueros

Differences are transformed into division because this monopolises power. It happens in terms of gender, race, religion, sexuality and class. Though there is a latent stigma against the nouveau riche in certain quarters, if you acquire enough money identities are accepted and sins forgiven. The only real crime is the absence of money. Due to the variety of ways wealth is accumulated, myths are required, not least the fabulous mirage of meritocracy. The more you own, the more you are, and the more deserving of it you have been. Those who have nothing are nothing and deserve nothing but contempt. It is a morality play so desultory that few mediaevals would have accepted it yet it plays out everyday  in tabloids and on television. It finds expression in architecture as the great Other that is the ghetto. These too are plural, from Brazilian Favelas to the crazed cube of Kowloon Walled City to the "pirate utopia"  Tower of David in Venezuela. It cannot be admitted that these are the consequence of systems that run on inequality or a failure to provide and maintain dignified social housing. Instead these areas and their inhabitants must be the product of sin, of poor breeding, savagery. It is not enough that they must face odds stacked against then. This must be compounded not just with shame. derision, and condescension but with blame; they had done this to themselves. Wealth is virtue and here there is an absence of both. This are the "sacrificial zones", mythic cities of sin and their populaces unwillingly performing the traditional ritualistic role of sineater of scapegoat. In Riallaor, Godfrey Sweven contrasts "marble palaces, margined with gleamed gardens" with "a reeking human quagmire stretched for miles over the flood-soaked borders of this noble city, like a rich robe of lace that has dragged its train through liquid filth. Groves of trees failed to conceal the squalor and destitution of these low-lying suburbs". These he suggests are not merely place where people live and struggle to but places of pollution, places and people awaiting cleansing.

Darran Anderson, Imaginary Cities

Las diferencias se transforman en divisiones porque esto otorga el monopolio del poder. Sucede en términos de género, raza, religión, sexualidad y clase. Aunque hay un estigma latente contra los nuevos ricos en ciertos sectores, si se consigue el dinero suficiente, tu identidad es aceptada y tus pecados perdonados. El único crimen real es la falta de dinero. Debido a la variedad de modos para acumular dinero, se necesitan mitos, no siendo el menor el fabuloso espejismo de la meritocracia. Cuanto más posees, más eres y más mereces lo que tienes. Los que nada tienen son nada y no merecen otra cosa que desprecio. Es una obra teatral moralista tan burda que muy pocas personas en la edad media la hubieran aceptado, pero que se representa todos los días en la prensa amarilla y la televisión. Encuentra su expresión arquitectónica en el gran Otro que es el ghetto. Estos son tambión múltiples, desde las favelas brasileñas, al cubo enloquecido de la Ciudad Amurallada de Kowloon o la "utopía pirata" de la torre David en Venezuela. No se puede admitir que son la consecuencia de sistemas basados en la desigualdad o un fracaso a la hora de disponer de viviendas sociales dignas. Por el contrario, esas zonas y sus pobladores deben ser el producto del pecado, de la herencia genética, del salvajismo. No basta con que las oportunidades estén en su contra. Hay que empeorarlo no sólo con vergüenza, burla y superioridad, sino también con culpa: se lo han hecho a sí mismo. La riqueza es la virtud y allí faltan ambas. Son las zonas sacrificiales, las míticas ciudades del pecado y sus habitantes interpretan involuntariamente el papel de chivo expiatorio. En Riallor, Godfrey Sweven opone "los palacios de mármol, rodeados de brillantes jardines" con "un pantano humano maloliente que se extiende durante kilómetros en los márgenes inundados de esta noble ciudad, como un rico vestido de encaje cuya cola hubiera sido arrastrada sobre el fango. Los bosquecillos no consiguen ocultar la miseria y abandono de estos suburbios inferiores". Esto sugiere que no son lugares donde la gente vive y lucha, sino entornos contaminados, áreas y personas a la espera de ser desinfectados.

Cuando comencé a leer Imaginary Cities (Ciudades imaginarias) de Darran Anderson, no me podía imaginar que el mayor reproche que podía hacerle era la ausencia de un Glosario.

El caso es que me compré este título porque llevaba bastante tiempo siguiendo esta cuenta de Twitter, cuyo autor es el mismo que el del libro. En ella, se mostraban diferentes aspectos de arquitectura imaginaria que no habían salido de la mesa de dibujo, de las ilustraciones de los libros o de las viñetas del cómic. Todos esos ejemplos compartían el mismo estatus de irrealizado o irrealizable, pero a pesar de ello, tenían un poder de fascinación que los convertían en plenamente reales dentro su irrealidad. Lugares, paisajes y ciudades que pertenecían de pleno derecho a nuestro mundo, que podían ser visitado y que seguramente lo serían algún día.

Con esos antecedentes, esperaba que Imaginary Cities fuera un catálogo visual de los muchos lugares soñados que aparecían en esa cuenta de twitter, pero cuando lo tuve entre mis manos sufrí una gran decepción. No había ninguna ilustración, mientras que el texto abandonaba toda pretensión de catálogo y ordenación, de sistema de de la imaginación humana, para convertirse en una larga e infinita digresión. Un auténtico caminar en círculos, donde los enlaces entre secciones se tendían a través de las más débiles asociaciones, casi como si fuera un cadavre exquis surrealista, escrito por muchas manos independientes sin conocimiento de lo que sus colegas hacían.

Por suerte la desilusión duró sólo un par de páginas. Hasta que ese laberinto de conexiones cobró todo significado y sentido

jueves, 7 de julio de 2016

Entre las sombras

The historian Paul Kennedy argues that an objective assessment of wartime intelligence should highlight its preponderance of failures: the Russians' underestimate of Finnish defensive capacity in 1939-1940; British misjudgement of the Norway campaign; the confounding of French expectations by the German thrust through the Ardennes in May 1940; Stalin's rejection of predictions of the German invasion of Russia in June 1941; American blindness about the threat to Pearl Harbor; German failure to anticipate the Russian envelopment in Stalingrad, the reverse pincer at Kursk, or the central thrust of operation Bagration in 1944. The Western allies misjudged German responses to their landings at Salerno in 1943 and Anzio in 1944, and to the Arnhem airdrop. The Americans were surprised in the Ardennes in December 1944. The Japanese began by grossly underrating America's moral strength as well as industrial capacity, and were blindsided  by almost every US initiative of the later Pacific war. Kennedy concludes his catalogue of failures:  "even if one can concede that the Allied record on intelligence was far better than that of the Axis, it is easier to demonstrate where smooth logistics helped win the war than to show where intelligence led to victory"

Max Hastings, The Secret War.

El historiador Paul Kennedy aduce que una valoración objetiva del espionaje en tiempo de guerra debería destacar su abundancia en fracaso: la subestimación rusa de las capacidades defensivas finesas en 1939-1940; los errores  de valoración británicos durante la campaña noruega; la confusión de las expectativas francesas ante la ofensiva alemana en las Ardenas en mayo de 1940; la ceguera americana referente a la amenaza a Pearl Harbor; el fracaso alemán en adelantarse al cerco ruso en Stalingrado, la pinza inversa en Kursk o la ofensiva contra el centro en la operación Bagration en 1944. Los aliados estimaron mal la respuesta alemana a los desembarcos en Salerno en 1943, Anzio en 1944 y al ataque aerotransporado en Arnhem. Los americanos fueron sorprendidos en las Ardenas Los japoneses comenzaron infravalorando la fortaleza moral de América y su capacidad industrial y permanecieron a oscuras ante casi cualquier iniciativa estadounidense en la guerra del Pacífico. Kennedy finaliza este catálogo de fracasos. " incluso si se admite que el balance aliado en espionaje fue mucho mejor que el del Eje, es más fácil demostrar cuando la habilidad logística ayudó a ganar la guerra que mostrar cuando el espionaje condujo a la victoria".

Empecé a leer el libro de Hastings sobre el espionaje en la Segunda Guerra Mundial con cierta aprensión. Según los comentarios que había consultado, el historiador británico había escrito una crónica maniquea y partidista, donde dividía el mundo de los espías en buenos y malos. Los héroes, por supuesto, eran los que habían ayudado a la victoria de los aliados occidentales, mientras que los traidores no sólo eran los que se habían puesto al servicio de los Nazis, sino los que habían servido al régimen estalinista en los países aliados. 

Esta clasificación permitía realizar una condena moral de doble sentido. En nuestro presente, la de Snowden, por revelar secretos de seguridad de los EEUU y UK, para ponerse luego al servicio de una potencia extranjera, la Rusia de Putin. En el pasado, la de los agentes dobles del MI5 y MI6 británicos que tenían al corriente a la NKVD/GRU soviética de lo que se cocía en el gobierno británico, o los muchos civiles americanos que transmitieron los resultados del proyecto Manhattan, la bomba atómica, al régimen soviético. Una condena que se hacía extensible incluso al grupo de funcionarios y militares alemanes que desde el corazón del mismo sistema nazi proporcionaron información de primera clase a la URSS en el periodo 1940-1942. La llamada Rote Kapelle u Orquesta Roja, uno de los grandes éxitos del espionaje soviético durante la guerra, aunque luego sus logros fueran malgastados por la desconfianza de Stalin.

Mis temores se despejaron porque, afortunadamente, Hastings no ve las cosas tan en blanco y negro. Es cierto que condena de manera terminante a Snowden, juicio que no comparto, y que pone de manifiesto que los muchos informantes de la NKVD/GRU en USA, Inglaterra y Alemania eran traidores desde el punto de vista de sus gobiernos, algo que todos ellos sabían perfectamente, así como que no podían esperar compasión o indulgencia en caso de ser capturados. También deja claro que el régimen al que servían, el soviético, era una dictadura sanguinaria que no tenía respeto alguno para la vida humana, ni siquiera por la de sus propios agentes. Sin embargo una vez señalado esto, Hastings les disculpa y absuelve en cierta manera, especialmente a los miembros de la Rote Kapelle, al grupo  formado alrededor de Arvid Harnack y Harro Schulze-Boysen.

Ellos vivían bajo otra dictadura sanguinaria a la que buscaban derribar mediante actos de resistencia. Una de las maneras, precisamente, era espiar a cuenta de otra potencia cuya ideología, la marxista, estaba en las antípodas de la que se había adueñado de Alemania, mientras que los poderes occidentales parecían contemporizar, cuando no aprobar, las acciones de régimen nazi. La Rote Kapelle estaría así en el mismo lado de la valla que los miembros de la Weisse Rose (Rosa Blanca), o los civiles y militares de la operación Walküre que casi consiguieron asesinar a Hitler, aún cuando las diferencias políticas que separaban a unos grupos de otros fueran irreconciliables. 

Esta disculpa basada en el mal menor, se extendería también a las redes de espionaje que infiltraron el proyecto Manhattan, aunque no a las del MI5/MI6. En el ambiente bélico y prebélico de aquel entonces, la URSS gozaba del prestigio del haber sido el único régimen que desde un principio se había opuesto a la Alemania Nazi - si olvidamos por un instante el pacto de no agresión de 1939 a 1941 - mientras que las purgas masivas, las hambrunas y las deportaciones al GULAG eran mal conocidas y compensadas por su aparente éxito en construir la utopía. Muchos de los informantes de NKVD creían que con su acción estaban favoreciendo el esfuerzo militar aliado al poner en manos de la URSS información valiosa para el esfuerzo bélico. De hecho, como señala Hastings, personalidades como Allan Dulles, primer director de la CIA, o Robert Oppenheimer, director del proyecto Manhattan, fueron informantes involuntarios de la URSS, ya que no creían que hubiera que tener secretos con el aliado.

Sin embargo, lo más importante e interesante del libro no es esta discusión, sino la inutilidad de los métodos de espionaje tradicional durante todo el conflicto, en contra de la imagen que nos ofrecen las películas de James Bond o series como 24.

miércoles, 6 de julio de 2016

Encrucijadas (y III)

No modern historian need shrink from following Theopompus in recognizing that Philip did what he did, and what his predecessor had been unable to do, because Philip was Philip. There is, however, a negative side to the explanation of Philip's rise, namely the absence or ineffectiveness of early opposition to him. If has been said that "it is arguable that Ceasar (in 60 BC) would not have made such an immediate impact on Roman politics has the state been (in Ciceronian lenguage) less wretched and "unstable". Something similar can be said about Philip in his relation to the traditional Greek powers.Each of them was in deep trouble in the 350s: The Thebans, because of the protracted, bitter and useless Sacred War fought for possession of Delphi in 355-346 (the first diplomatic shots were fired in 357); the Spartans because of their loss of Messenia and their problems inside the Peloponese; and the Athenians because of the Social War, i.e., the war against their seceding allies.

The Greek World 479-323 BC,  Simon Hornblower

Ningún historiador tiene que temer seguir a Teopompus cuando reconoce que Filipo consiguió lo que consiguió, y que sus predecesores fueron incapaces de conseguir, porque Filipo era Filipo. Existe, no obstante, un aspecto negativo en la explicación del ascenso de Filipo, principalmente, la falta o ineficacia de una oposición temprana a su figura. Se ha dicho que es debatible que Cesar, hacia el 60 a-.C, no habría tenido un impacto directo en la política romana si el estado hubiera estado (en la expresión ciceroniana) menos carcomido e inestable. Algo similar se puede decir de Filipo en sus relaciones con las potencias tradicionales griegas. Cada una de ellas estaba en graves dificultades en la década del 350 a.C: los tebanos, por la interminable, agria e inútil Guerra Sagrada librada por la posesión de Delfos en 355-346 (los primeros encontronazos diplomáticos fueron en 357); los espartanos debido a la pérdida de Mesenia y sus problemas dentro del Peloponeso; y los ateniense debido a la Guerra Social, es decir, la guerra contra sus aliados en secesión.

Ya les dije que hace unas entradas que había reanudado mi lectura de la Historia del Mundo Antiguo editada por Routledge. Me queda un volumen por conseguir, que espero se publique a finales de julio, pero por lo que llevo leído, sus tomos se dividen en dos categorías: los largos y los cortos. Largo, de más de 500 páginas de extensión; corto, sin superar la barrera de los 300. El último tomo que he leído, dedicado al mundo griego de los siglos V y IV pertenece a esta segunda categoría y esto le hace cojear un tanto en el análisis de esos dos siglos fundamentales en la historia grecorromana y la civilización occidental.

Sus carencias se deben tanto a la falta de espacio, que le impide analizar en detalle los fenómenos de ese periodo, como a un error en el enfoque del estudio. Más incluso por esta última razón, puesto que lo habitual en tratados históricos de poca extensión es olvidarse de la narración factual y adentrarse en cambio en la descripción de los fenómenos sociales y culturales. Un cambio de objetivo que, en este tema histórico, habría llevado a hablar de la democracia ateniense y su oposición al sistema espartano, del nacimiento del teatro y la comedia como elementos fundamentales en el debate político, de la aparición de un arte humanista y realista, aunque ciertamente idealizado, además de la fundación de la filosofía al modo occidental. 

Fenómenos antiguos que siguen perteneciendo a nuestra actualidad cotidiana y de los que es tan importante conocer su gloria como su fracaso. Entonces y ahora, porque la democracia y el teatro sobrevivieron en el siglo IV de forma desvirtuada, limitados y censurados, mientras que la filosofía de Platón y Aristóteles no deja de ser un ímprobo esfuerzo por hallar las causas del fracaso ateniense.

martes, 5 de julio de 2016

El mundo entero

Hieronymus Bosch, El Bosco, El jardín de las delicias
Lo primero, un fuerte reproche al Museo del Prado, que ha aprovechado la ocasión de la retrospectiva de El Bosco para subir el precio de las entradas a 16 Euros. No se si darán cuenta que con esta medida se están convirtiendo en un coto cerrado para turistas despistados, visitantes que vendrán una vez porque estaba en el paquete que contrataron y ya no volverán, mientras que imposibilitan el acceso a los que nos gustaría ir más a menudo, para disfrutar y conocer su amplísima colección. Ahora bien, dado que en los últimos años todas las instituciones culturales están cobrando por la entrada a las exposiciones temporales que organizan, está cada vez más claro que el arte se considera de nuevo un lujo de las élites, al menos de aquéllas que puedan pagárselo y comprar los abalorios pertinentes.

Luego no se quejen si el arte y la cultura son odiados y despreciados por la mayoría de la población. Mejor dicho, ignorados como algo inútil en la vida diaria, como una pérdida de tiempo y de dinero.

Volviendo a la exposición de El Bosco. Uno está aconstumbrado a exposiciones multitudinarias, donde hay que hacer cola para ver los cuadros, con la consiguiente degradación en la visión de los mismos; pero ésta se lleva la palma, de manera que la primera vez que fui tuve que irme sin poder ver alguna de las pinturas... o sin haber llegado a apreciar otras por entero. Ocurre que el Bosco es uno de esos pintores que conoce hasta el más ignorante y que gran parte de la gracia de su pintura es explorar el inagotable mundo de criaturas, monstruos y espantos que pueblan  sus cuadros, así que en esta exposición no sólo están garantizadas las multitudes, sino que los visitantes se van a quedar mucho, mucho tiempo frente a las obras, ocasionando esos atascos a los que me refería.

No sé muy bien  como se podría solucionar esto y me da que al Museo del Prado le da un poco igual, ya que va a llenarse bien la bolsa con estas multitudes de visitantes. Eso sí, tengo la impresión de que pocos se van a ir habiendo aprendido a conocer mejor a este pintor y que lo único que va a recordar la mayoría son las incomodidades que sufrieron para ver a este pintor tan raro, tan extraño y tan incomprensible... y por eso mismo tan fascinante.

lunes, 4 de julio de 2016

Penumbras históricas

Guerrero Galaico
Mientras visitaba la exposición - ejemplar, como siempre - que el Museo Arqueológico Nacional de Madrid ha dedicado a la Lusitania Romana. Me preguntaba si los visitantes se daban realmente cuenta de hasta que punto ese concepto histórico es producto de un equívoco. 

Por ser breves, lo que sabemos de Lusitania por las fuentes históricas se reduce a la guerra que Roma libró a mediados del siglo II a.C con el caudillo Viriato. Poco más, y ese poco en el relato de Apiano en su Iberia, a lo que hay que unir las noticias que los geográfos y naturalistas grecorromanos, Estrabón, Ptolomeo, Plinio el Viejo, nos han transmitido sobre ese extremus mundi que era la península ibérica para ellos, especialmente las zonas de la Galaecia y la Lusitania. Fuera de ello y fuera de ese periodo de mediados del siglo II a.C, nada más, de manera que el estudioso tiene que fiarse casi exclusivamente de los restos arqueológicos y los testimonios epigráficos.

Este silencio se debe a que los historiadores romanos sólo estaban interesado en dos temas: las luchas contra los enemigos exteriores al Imperio y las convulsiones dentro de las clases dirigentes. De esa manera, la Lusitania de antes de la era cristiana sólo es importante en tanto que tierra de rebeldes y bárbaros que deben ser pacificados y finalmente lo serán. la Descripción de esos bárbaros, por otra parte, no pretende ser antropológica, sino que sigue unos patrones determinados, en los que se subraya tanto su valor y nobleza como su perfidia y salvajismo. El objetivo es así doble, acumular honores en unas fuerza romanas capaces de doblegar a cualquier enemigo, por poderoso que este sea, ademas de justificar el sometimiento de esos pueblos independientes, al llevarles los beneficios de la civilitas romana. 

Conseguido esto, al historiador romano poco le importa lo demás, de manera que en el caso de Viriato y los Lusitanos nos quedamos con preguntas cruciales que no tienen respuesta. ¿Cuál era la composición étnica de esos lusitanos? ¿Existieron realmente o es simplemente una etiqueta conveniente para una colación temporal de pueblos antes dispersos y desunidos? ¿Hasta que punto existía una organización protoestatal? O dicho de otra manera ¿Se encontraron lo romanos con reinos en vías de formación o estos fueron un evolución acelerada, como ha ocurrido en otros lugares y tiempos, ante la presión irresistible de un imperialismo expansivo?

No hay respuesta y el problema se complica porque una vez que un territorio era pacificado, dejaba de ser frontera y no era centro de sublevaciones contra el poder de la capital, los historiadores romanos guardaban un profundo silencio sobre esas tierras, apenas roto aquí y allá por algún suceso sonado, del que nos suele faltar todo contexto y motivación. Caso, por ejemplo de la extraña rebelión de Materno, a finales del siglo II. O las invasiones moras de esa misma época, conocidas sólo por inscripiciones y de las que sabemos que fueron sofocadas con milicias locales, sin la intervención de la Legio VII acantonada en León.

Cabe preguntarse, ¿cómo veían los romanos la tierras de Hispania? Si tomamos un mapa cualquiera de la división provincial de Augusto, en la que Hispania queda partida en Lusitania, Tarraconensis y Bética, llama la atención lo diferente que es esa partición de la actual, o más concretamente, de la medieval que hemos heredada. Tanto, que nos parece casi absurda, irracional e incomprensible.
La Hispania de Augusto

La Hispania de la Reconquista

La Hispania medieval tiene una clara orientación Norte Sur, producto de los avances hacia el sur durante los siglos de la reconquista, mientras que la Hispania Romana no tiene lógica alguna. O quizás es porque lo estamos mirando mal. Hagamos el experimento de girarlo 90º y veamos lo que pasa.

Hispania vista desde Italia
De repente todo cobra sentido, porque ahora lo estamos viendo desde el punto de vista de un invasor mediterráneo. Un conquistador que penetra en la península desde dos bases principales, Tarraco y Cartago Nova y se adentra en su interior por medio de tres vías de acceso. Desde Tarraco, por el valle del Ebro hasta la Rioja y de allí salta a la cuenca alta del Duero, la Meseta Superior y luego Galicia. Desde Cartago Nova, la entrada por el corredor de Albacete hasta la Mancha y la cuenca Alta del Tajo, hasta la muralla del sistema Central. Por último, y de nuevo desde Cartago Nova, el acceso por Almería a la Cuenca Alta del Guadalquivir hasta su desembocadura y de allí la subida a las cuencas bajas del Guadiana y el Tajo.  

La geografía y los puntos de entrada de los romanos en la península explican así la división provincial y como puntos tan distantes para nosotros como Murcia, Cataluña y Galicia, pudieron pertenecer a la misma provincia, mientras que las cuencas del Tajo y del Guadiana quedaban partidas por la mitad. Una división, por otra parte, que se explica de nuevo de forma natural y ha quedado reflejada en la partición actual entre Extremadura y La Mancha. A mitad de ambos ríos se extiende una vasta área de tierras despobladas, de sierras y soledades, que impide la comunicación entre zonas aledañas y que incluso en tiempos mas recientes, durante la guerra de la Independencia, constituía un grave problema logístico para los ejércitos franceses que querían cruzar a Portugal y los británicos que intentaban pasar a España.

Lusitania se muestra así como una tierra doblemente aislada, casi un cul-de-sac que dicen los franceses. Primero, por su pertenencia a una provincia periférica y pacificada desde hacía siglos; segundo por su dificultad de acceso desde esa misma península, separada por ríos y vacíos humanos de las otras. Esta lejanía se muestra incluso en su ausencia, por pérdida durante la transmisión, del mapa de carreteras del Imperio Romano trazado hacia el 300 d.C que se conserva en Viena. 

Sin embargo, esa condición no evita que su influencia se siguiera notando en el resto del Imperio, incluso en el resto de la capital. La exposición del MAN apunta a las importantes zonas mineras, compartidas con la Bética, que abastecían de recursos al Imperios. Unas riquezas naturales que se complementaban con las agropecuarias, especialmente el famoso Garum o macerado/salazón de pescado, y que llevaron a la construcción de importantes obras de ingeniería, como el puente de Alcántara. Tanto para el transporte de los recursos locales como el de los auríferos del lejano norte, del triángulo León, Galicia, Asturias.

Vías y relaciones que no eran de un único sentido, sino que servían también para que se fueran infiltrando las influencias externas,  bien en forma de tejidos urbanos de nueva Planta, caso de Emerita Augusta, bien de fenómenos culturales y religiosos. Los teatros, circos y anfiteatros que son ubicuos en toda las tierras de la romanidad, así como las múltiples religiones que en ellas convivían. Las locales, las oficiales romanas, las nuevas orientales, como la de Mitra, o incluso el cristianismo.

Estatua de Mitra

sábado, 2 de julio de 2016

Los laberintos de la ciencia (y VII)

Any principal opposition  may arise from two different standpoints. The first one is more emotional than rational , at least in the sense that it withholds its consent to revolutionise the human organism without accepting any "biotechnological" arguments. It considers the human form the way it is today untouchable, even if it admits that this form suffers from various weaknesses. It is because even those weaknesses, both physical and spiritual have turned into values in the course of the historical development. No matter what form it takes, the outcome of autoevolutionary activity would dictate that man is to disappear from the surface of the earth. In the eyes of his "successor", he would become a dead zoological term, just as the Australopithecus or the Neanderthal are for us today. For an almost immortal creature, which would be in command of both its body and the environment, the majority of eternal human problems would not exist. A biotechnological revolution does not just therefore mean annihilating the Homo Sapiens, but also its spiritual legacy

Stanislaw Lem, Summa Technologiae

Cualquier oposición principal puede surgir de dos diferentes posturas. La primera es más emocional que racional, al menos en el sentido que retira su consentimiento a la revolución del organismo humano sin aceptar ningún argumento biotecnológico. Considera que el cuerpo humano es intocable, en su forma actual, incluso cuando admite que sufre de diferentes flaquezas. Esto es porque esas flaquezas, tanto físicas como espirituales, se han transformado en valores durante el curso de la historia. Da igual el modo que adopte, el resultado de cualquier actividad autoevolutiva dicta que el hombre desaparezca de la faz de la tierra. A ojos de sus sucesor, se convertiría en un termino zoológico muerto, como los son los Austrolopitecos o los Neandertales para nosotros hoy. Para una una criatura casi inmortal, en control de su cuerpo y de su entorno, la mayoría de los problemas humanos no existirían. Una revolución biotecnológica no significa unicamente aniquilar al Homo Sapiens, sino también su legado espiritual.

Al final de la entrada anterior, Lem había llegado al límite absoluto del desarrollo científico: la creación de mundos autónomos habitados con sus propias leyes físicas, que no tenían por que ser las de nuestro universo. Parecía que no se podía ir más allá, tras haber creado granjas de teorías físicas y universos virtuales para nuestro solaz y disfrute. Quedaba oculto, no obstante, un paso por dar. La aplicación de estas herramientas metamórficas a nosotros mismos, para modificar y "mejorar" nuestros cuerpos y mentes. Lo que hoy se conoce como transhumanismo y singularidad cibernética.

¿Pero es posible esto? ¿Se puede llegar a conseguir un ser humano "mejor", más inteligente y con un mejor diseño corporal y psíquico? ¿No debería haber llegado ya a ese nivel de perfección la evolución antes que nosotros y creado, precisamente en nosotros, su obra maestra? ¿A qué utilizar entonces otras herramientas fuera de las de propia evolución? Ante estas preguntas que en realidad ocultan miedos, Lem responde de manera precisa y sencilla. La evolución no busca la perfección, ni la de la especie ni la de los individuos. Si esta fuerza, impersonal, ciega y aleatoria, "busca" algo, es simplemente que las especies se perpetúen y que vayan adaptándose cada vez mejor al medio que habitan.

Esta labor de refinamiento no se realiza mediante la invención de nuevas características corporales. La evolución nunca inventa, toma los diseños que ya existían y los va adaptando paulatinamente a las necesidades del momento. Este método significa que los errores existentes en diseños anteriores se van a ir manteniendo a lo largo de toda la historia evolutiva, en tanto que no imposibiliten la reproducción de los individuos. Es más, cualquier defecto en el plan que se manifieste después de lograda la reproducción no va a ser eliminado del registro genético, ya que ha superado el filtro de la selección natural. 

Por otra parte, el hecho de que la evolución no modifique nunca de manera drástica sus diseños, al contrario que nosotros en nuestros avances tecnológicos, significa que si el entorno se modifica de manera repentina, las propias adaptaciones antes perfectas, pero ahora perjudicales van a llevar a las especies a la extinción. Simplemente porque la evolución es incapaz de sacarse soluciones de la manga y aplicarlas de manera inmediata. Sólo si en la población existían rasgos minoritarios y residuales, incluso nocivos, que ahora se revelan beneficiosos, esa especie se salvará, continuará existiendo, en otra forma nueva.

Parece claro que podemos mejorar el diseño que la evolución ha creado para nuestro cuerpo. De hecho lo estamos haciendo ya, a base de implantes, prótesis, medicinas y estimulantes, solo que no en la medida ni en la profundidad que nos lleva a la singularidad predicada por los profetas del transhumanismo. Sin embargo, sabemos muy bien los defectos del cuerpo humano, aunque no conozcamos aún el método, la clave tecnológica para resolverlos. Este desconocimiento científico es ahora mismo el único impedimento que media entre esas posibilidades y su aplicación masiva. Como dice Lem, ningún saber puede ser desaprendido voluntariamente, a menos que se torne anticuado. Si es válido y tiene aplicaciones, siempre será utilizado, pese a quien pesa. Y no parece ser que con el transhumanismo vaya a ocurrir lo contrario.

Sin embargo, persisten los reparos. El miedo y el rechazo. ¿Por qué?

miércoles, 29 de junio de 2016

Los laberintos de la ciencia (y VI)

Imagine that our designer now wants to turn its world into a habitat for intelligent beings. What would present the greatest difficulty here? Preventing them from dying right away? No, this condition is taken for granted. His main difficulty lies in ensuring that the creatures for whom the Universe will serve as a habitat do not find about its "artificiality". One is right to be concerned that the very suspicion that may be something else beyond"everything" would immediately encourage them to seek exit from this "everything". Considering themselves prisoners of the latter, they would storm their surroundings, looking for a way out - out of pure curiosity, if nothing else. Just preventing them from finding the exit would amount to offering them knowledge about their imprisonment, while simultaneously taking away the keys. We must not therefore cover or barricade the exit. We must make its existence impossible to guess. Otherwise, the inhabitants will start feeling like prisoners, even if that "prison" was actually to be the size of the whole Galaxy.

Stanislaw Lem, Summa Technologiae

Imaginemos que nuestro diseñador quiere ahora convertir su mundo en un habitat para seres inteligentes. ¿Cuál sería la mayor dificultad que se le presentaría? ¿Impedir que se murieran inmediatamente? No, esta condición se da por sentada. Su mayor problema es asegurar que las criaturas para las que el universo sirve hábitat no descubre su "artificialidad". Se tendría razón al suponer que la mera sospecha de que existe algo más allá del "todo", le impulsaría a buscar la salida de ese "todo". Al considerarse sus prisioneros, asaltarían su alrededores buscando una salida - aunque sólo fuera por curiosidad. Sólo impedir que encontraran la salida les haría conscientes de su encierro, mientras que al mismo tiempo les arrebataría las llaves. Por tanto, no hay que esconder ni bloquear la salida. Hay que conseguir que su existencia sea imposible de adivinar. De otro modo, sus habitantes comenzarían a sentirse como prisioneros, incluso si su "prisión" fuera del tamaño de la Galaxia.

En la entrada anterior, Lem nos invitaba a un largo rodeo por los campos de la imitología y la fantasmología, la realidad virtual en lenguaje moderno. Tras este análisis, sin embargo, hay que volver a la pregunta principal del libro: como construir la máquina-factoría productora de teorías científicas que nos permita superar el límite impuesto por la bomba de megabytes.

Sabíamos ya bastantes cosas de ese artefacto imaginario, pero necesario si queríamos continuar el proceso científico. Su funcionamiento debía ser antialgorítmico, de manera que pudiéramos incluir en él la inducción - y la flexibilidad -  necesaria para postular nuevas teorías. Asímismo, necesariamente debía ser una caja negra cuyo funcionamiento, una vez montada, quedase oculto a nosotros, que nosc limitaríamos a introducir los datos del problema, esperando luego a que saliesen por sí solos los productos correctos, esas nuevos sistemas científicos. Lo que no sabemos aún es qué tipo de componentes debemos colocar dentro de esa caja negra o cómo podemos verificar los resultados de una manera rápida y segura. Especialmente si nos enfrentáramos a teorías similares a la de cuerdas, radical y explicatoria del todo material, pero imposible de probar con experimentos.

La idea de Lem es reclutar a la evolución para esta tarea. No se trataría tanto de una factoría de teorías, donde produciríamos leyes y sistemas de acuerdo con un plan, sino de una granja de ideas, en donde haríamos crecer - y cruzarse - las mejores, para volver a cultivarlas en espera de mejores frutos. Se tendría así un sistema realimentado, cuya entrada serían teorías científicas al igual que su salida, donde sería esencial la existencia  de un filtro que simulase la selección natural, eligiendo las más aptas. Éstas serían aquéllas que mejor se adaptasen a los hechos naturales, de forma que tras una serie finita de iteraciones, o mejor dicho, de generaciones, pudiésemos seleccionar un pequeño conjunto de favoritas que resultasen indistinguibles entre sí, tanto por precisión como por sencillez.

Como toda teoría científica, nuestros ganadores podrían ser aplicables a otros campos del conocimiento o realizar predicciones de fenómenos inicialmente no contempladas en el planteamiento inicial. Se podrían transplantar así a otras granjas de teorías, en donde serían refinadas y mejoradas, quizás hasta aproximarse a la tan anhelada teoría del todo. Pero aún así, alcanzada esta perfición, éste sólo sería el primer paso. Con todo este trabajo, aún de auténtica ciencia ficción, apenas habríamos construido un replicador del trabajo científico, sólo habríamos instruido a nuestra máquina para llegar al nivel de uno de nuestros científicos de élite.

Lo que se necesitaría ahora es dejar trabajar a nuestra máquina en libertad, automatizar el propio filtro evolutivo que regula el bucle de realimentación. Dar un salto de fe y confiar en la certeza de las teorías que produjera, que puede ser que en muchos casos no puedan ser comprobadas con experimentos. Por supuesto, no se puede aventurar ni predecir lo que podría salir de ahí, ni si llegaría a funcionar o  si nos sería útil de alguna manera. Sin embargo, si lo hiciese, las posibilidades serían inagotables, incluyendo en ellas la utilización de las leyes de la naturaleza para modificar esas propias leyes naturales.

O la construcción de mundos artificiales completamente autónomos e independientes del nuestro.

martes, 28 de junio de 2016

Los laberintos de la ciencia (y V)

The same can be said about phantomats. The principal weakness of all efforts focused on discovering the true state of events lies in the fact that a person who has doubts as to the nonreality of the world in which he lives must act on his own. It is because any act of turning to other people for help is, or rather can actually be, an act of feeding the machine with strategically suitable information. If this is indeed a vision, by letting our old friend in on the secret about the issues concerning existencial uncertainty, we pass on additional information to the machine - which is going to exploit to enhance our belief in the reality of our experience. This is why the person undergoing the experience cannot trust anyone but himself  - which severely narrows down his options. He acts defensively to an extent, as he is surrounded by all sides. This also means that a phantomatic world is world of total solitude. There cannot be more than one person in it at any one time, just as it is impossible for two real persons to find themselves in the same dream.

Stanislav Lem, Summa Technologiae

Lo mismo puede decirse de los fantómatas. La principal debilidad de cualquier esfuerzo encaminado a descubrir el autentico estado de las cosas se halla en que una persona que tenga dudas sobre la irrealidad del mundo en el que vive debe actuar por sí solo. Simplemente porque el mero acto de volverse a otras personas para pedir ayuda es, o puede realmente ser, un acto de alimentar la máquina con información estratégicamente apropiada. Si es una visión, hacer partícipe a un viejo amigo del secreto de tus cuestiones sobre la incertidumbre existencial, suministra información adicional a la máquina - que la utilizará para aumentar nuestra creencia en la realidad de esa experiencia. Por ello, la persona sometida a esta experiencia no puede confiar en otra persona que no sea él mismo - lo que limita drásticamente sus opciones. Debe actuar a la defensiva en cierta medida. porque está rodeado en todas direcciones. Esto significa que un mundo fantomático es un mundo de soledad completa. No puede haber más de una persona en él en cada ocasión, al igual que es imposible que dos personas reales se hallen en el mismo sueño.

En la entrada anterior, buscando un medio de encontrar la máquina científica perfecta, Lem había acunado el término de imitología, o ciencia de replicar la realidad de forma artificial mediante modelos matemáticos. Este modo podía parecer ciencia ficción en los años sesenta, cuando se escribió Summa Technologiae, pero ahora la simulación por ordenador es una de las herramientas fundamentales del trabajo científico - y no científico -. Lem, no obstante, no se queda ahí, sino que da un paso más adelante. Una vez remedada la realidad, nos dice, es sólo cuestión que procedamos a conectar estos mundos fantasmales a nuestros órganos de los sentidos para disfrutar de ellos. Incluso de  proceder a la estimulación directa de nuestros centros cerebrales para conseguir una impresión mayor de realidad, indistinguible incluso de ésta.

Habría nacido así la fantasmología, o como la llamamos ahora, la realidad virtual. Es una pena que Summa Techologia no se tradujese antes al inglés - la primera, la que estoy leyendo, es de este siglo, y en español ni siquiera se ha intentado - porque los nombres propuestos por Lem son más ciéntificos a la antigua usanza, además de más sugerentes y hermosos, que aquellos con los que nos hemos quedado. El escritor polaco, sin embargo, no se queda en proponer nombres y apuntar posibilidades, sino que acierta plenamente en los usos que podríamos dar a esta fantasmología/realidad virtual. En primer lugar, su uso como técnica de entrenamiento y aprendizaje, permitiendo repetir una y otra vez situaciones peligrosas que podrían llevar a la muerte de sus participantes, en caso de realizarse en condiciones reales.

Sin embargo, más importante aún y mucho más ambiguo e inquietante es el otro uso, el de la creación de mundos para nuestro entretenimiento y diversión. La posibilidad de crear cualquier mundo parametrizable y modelable, nos permite vivir en cualquier época, experimentar las aventuras que hemos leído en los libros y visto en las películas. Incluso nos ofrece la posibilidad de construir otros paisajes e historias nuevos que jamás fueron antes soñadas y que, como vemos todos los días en las producciones recientes de Holywood, han acabado por contaminar y colonizar las otras artes mayores narrativas. Llegaríamos aquí a un problema acuciante, que muchas veces habrán visto discutido en la Internet: si esta fantasmología/realidad virtual puede llegar a ser un arte.

La respuesta de Lem es negativa. No porque la fantasmología no sea capaz de recrear cualquier mundo con absoluta perfección, si se lo propone, sino simplemente porque no es capaz de cambiarnos a nosotros. Al ser una técnica que exige una relación constante con el sujeto que la utilice, respondiendo en tiempo real a las acciones y decisiones de éste, sólo hay una cosa que no permite hacer: transformarnos en Napoleón, si eligiésemos encarnarlo en los mundos virtuales. La fantasmología no puede hacernos más inteligentes, más hábiles o más astutos, de manera que la ilusión siempre será imperfecta, tanto más cuanto más lejano esté nuestro objetivo de nuestra naturaleza. En la cadena de transmisión fallaríamos nosotros, a menos que el programa hiciese trampa a nuestro favor.

La fantasmología quedaría reducida así a mero entretenimiento sin profundidad ni transcendencia, escapismo de altísimo nivel, pero escapismo al fin y al cano. Un fenómeno más que habitual en nuestro presente, donde amplios sectores de la población tienen más apego a sus mundos virtuales que a la realidad cotidiana, hasta el extremo de descuidarla. Algo de lo que, no se extrañen. yo mismo he sido  víctima.

Hasta aquí la relación con el presente, porque Lem, como es habitual va aún un poco más lejos, lo que explica lo chocante que puede parecer el texto que abre esta entrada.

lunes, 27 de junio de 2016

Los laberintos de la ciencia (y IV)

According to the designer science involves making predictions. Many philosophers share this opinion: neopositivists speak the most about it. They also claim that philosophy of science is, broadly speaking, a theory of science, and that they know how science creates and verifies or invalidate every new theory. A theory is a generalisation of observed facts. We can predict future states on their basis. When these predictions begin to come true, and when they also begin to foresee the existence of phenomena unknown so far, the theory will be considered true. As a general rule, this is the case, yet in reality matters are more complicated. The previously mentioned philosophers behave like an elderly lady who is working as an agony aunt at a newspaper. It is not that her advice is useless. Not at all. It can actually be very sensible - but it cannot be applied. The elderly lady has much life experience, and she advises the girl, on the basis of "erotic statistics", to dump the reckless boy. The philosopher knows the history of science and advises the physicists to give up on their theory because this theory is "betraying" them, since it is unable to predict many phenomena. It is  not difficult to give such sensible advice. The girl believes that she will manage to change the boy for the better; the physicists think the same about their theory. In any case, the girl can have several boys he likes, it is the same with the physicist.

Stanislaw Lem, Summa Technologiae

Según el diseñador, la ciencia supone hacer predicciones. Muchos filósofos comparten esta opinión, los neopositivistas son sus mayores proponentes. También señalan que la filosofía de la ciencia es, de manera general, una teoría de la ciencia, y que conocen como la ciencia crea, verifica e invalidad toda teoría nueva. Una teoría es una generalización de hechos observados. Podemos predecir estados futuros basándonos en ella. Cuando esas predicciones comienzan a hacerse ciertas y cuando comenzamos a predecir fenómenos aún no observados, la teoría debe ser considerada cierta. Como regla general, es así, pero la realidad es más complicada. Los filósofos mencionados se comportan como una señora ya de edad que tiene un consultorio sentimental en la radio. No es que su consejo sea inútil. Al contrario. Puede ser muy razonable, pero no puede ser aplicado. La dama de edad tiene mucha experiencia y aconseja a la joven, basándose en "estadísticas eróticas", que deje a ese joven irresponsable. El filósofo conoce la historia de la ciencia y aconseja al físico que abandone esa teoría porque le está "engañando", puesto que no predice muchos fenómenos. No es dificil dar ese tipo de buenos consejos. La joven piensa que podrá cambiar ese chico a mejor, el físico piensa lo mismo de su teoría. En cualquier caso, la joven puede tener varios chicos que le gusten, al igual que el físico con su teorías.

En la entrada anterior, Lem había llegado a la conclusión de que necesitábamos, sí o sí, utilizar ayudantes cibernéticos, si queríamos evitar el estallido de la "bomba de megabytes" y un parón definitivo en el avance científico, Sin embargo, la máquina que se describía como primer ensayono pasaba de ser un mero regulador, un termostato sujetado a estrictas normas. Era antialgorítmica e imprevisible, pero su programación estaba orientada a un fin muy determinado del cual no queríamos que se desviase, dados los peligros a los que su funcionamiento desbocado podía conducirnos.

En realidad, las cajas negras postuladas por Lem no eran otra cosa que una solución temporal. Se limitaban a ser sirvientes electrónicos que, como las máquinas de vapor de la revolución industrial, nos liberaban de los trabajos más penosos, permitiéndonos dedicarnos a tareas intelectualmente más profundas. Sin embargo, no resolvían el problema de fondo, el crecimiento exponencial de una ciencia para cuyo cultivo pronto no quedarían mentes humanas disponibles. Lo que se necesitaba, en realidad, era una máquina pensante, mejor dicho, una máquina que produjese teorías científicas de manera industrial. No sólo esto, sino que pudiese a su vez comprobarlas, descartando aquellas que no correspondiesen a los fenómenos observables, a la vez que seleccionaba las más prometedoras de entre las supervivientes.

Hasta aquí todo perfecto, puesto que podríamos pensar en mejorar las cajas negras reguladoras, ya antialgorítmicas e inductivas, para realizar esa labor. Sólo hay un problema, que seguimos sin saber qué cosa es la ciencia y por tanto no podemos instruir a una máquina para que nos reemplace en esta tarea de conocer mediante la inducción