lunes, 25 de julio de 2011

The TDS's Files (VII): Pasolini, años 60

Lunes, rescate de artículo de Tren de Sombras. Una de las actividades que realizaba en esa revista era la de comentar ediciones en DVD que pudieran ser de interés para el aficionado, sin limitarme al mercado patrio (la infrazona, que se decía por aquel entonces). Por supuesto, la mayor parte de estas ediciones estarán descatalogadas (yo mismo me he sorprendido al leer el artículo y reparar la cantidad de productoras extranjeras que tenía controladas), pero como siempre aprovechaba para hablar del director y las películas, estos escritos de circunstancias aún conservan ciento interés.

Así que aquí lo tienen.

El Pasolini de los Años 60 (Carlotta Films)


Introducción

Uno de tantos egregios nombres olvidados en la memoria del cinéfilo actual es este italiano inclasificable, el último de los cineastas nacidos del neorrealismo y quizás el último de los modernos de la cultura occidental.

No debería ser así, puesto que la obra de este italiano es una de las más fascinantes que nos ha dado la historia del cine, tanto por sus espléndidos aciertos como por sus evidentes fracasos y limitaciones. Hablo de fascinación, pero debería hablar de paradoja, pues nos encontramos ante el primer intelectual, y quizás el último, que intento plasmar su “Weltanschauung” a través del cine, bastante esto último para atraer nuestra atención, pero que además fue un ateo que rodó la que quizás sea la vida de Cristo más conmovedora y auténtica, un homosexual que cantó como pocos la gloria del amor heterosexual, un comunista que narró el hundimiento del marxismo utilizando las estructuras del mito, la leyenda y el cuento popular, y un pensador, en fin, que trasladó los mitos griegos a una prehistoria bárbara, restituyéndoles su pureza y grandeza originaria.

No es extraño que en un tiempo en que la cinefilia disputa por el análisis del último producto de temporada, Pasolini sea casi universalmente puesto a un lado. Demasiado intelectual, demasiado político, demasiado desarreglado. No debe sorprender, por tanto, que en nuestro país sólo se han llegado a editar lo que podríamos llamar sus films “eróticos”, por razones de oportunismo comercial demasiado evidentes.

Por suerte siempre nos quedará París.

En efecto, el país vecino se ha convertido en el bastión de cierta idea de cultura. Para el cinéfilo, el número de editoras dedicadas a la edición/promoción del cine no exactamente comercial mediante buenas ediciones es enorme. Por nombrar unas cuantas, tenemos Films sans Frontières, Les Films de Ma Vie, MK2, Arte Video, Studio Canal, Wild Side Video, y la responsable de la edición que comentamos, Carlotta Films. El paraíso de un cinéfilo, cierto, si no fuera porque la mayoría de ellas sólo subtitula en francés y esto sólo en el caso de películas en otros idiomas que no sea el galo.

Parece natural entonces que la mayor parte de la obra de Pasolini haya sido editada en el país vecino (y en el momento de escribir estas líneas están a punto de salir las que faltaban en la lista, como Medea). Dentro de este magnífico panorama, Carlotta Films, con el titulo “Pier Paolo Pasolini: los años ‘60” nos ha regalado una excelente edición de tres filmes claves en su obra. Accattone (Accattone, 1961), Pajarillos y Pajarracos (Uccellacci e Uccellani, 1966) y Edipo Rey (Edipo Re, 1967).

He elegido esta edición, no sólo por la importancia de las películas recogidas o la calidad de la transferencia al formato de DVD, sino sobre todo porque, como cinéfilos, nos ofrece la oportunidad de examinar un periodo concreto de la obra del artista, permitiendo analizar de su trayectoria y evolución. Un único pero, sin embargo, que no se hayan incluido otras obras de los años 60, como el Evangelio según San Mateo (Il vangelo Secondo San Mateo 1964) o Mamma Romma (1962) con lo cual y dados los extras de la edición, que comentaremos más adelante, tendríamos una visión exhaustiva de ese periodo creativo Pasoliniano

Lamentar por último que sólo contenga subtítulos en francés. Limitación disculpable en este caso, debido a la proximidad entre español e italiano, que permite utilizarlos simplemente como ayuda a la comprensión. También porque, al contrario de la norma en el extranjero, son bastante ajustados a lo que se dice y, sobre todo, no son parcos en la transcripción. En efecto, es bastante normal que en el subtitulado que se realiza en otros países se dejen de lado las expresiones más cotidianas, como hola, buenos días, que tal estás, descuido y desinterés que no sucede aquí, aunque nuestras ediciones pequen por otros conceptos más importantes.

Tras esta introducción general, examinemos brevemente cada disco de los tres que componen la edición, dedicados a cada uno de los filmes.


Disco I: Accatone (1961)

Accattone, al igual que Mamma Roma, constituye una mirada al  mundo de la pequeña delincuencia romana. Si se hubiera rodado en la actualidad, la película se hubiera limitado a ser un catálogo de perversiones de humillaciones, pero en las manos de Pasolini, siguiendo las huellas de la gran novela realista del XIX y del XX, se convierte en un análisis de la condición humana y de sus ansias de perfección, consiguiendo que la historia de este proxeneta romano se torne un trasunto de la vida de todos nosotros. Actitud y enfoque quizás demasiado grandilocuentes para nuestra época.

Presentada en un DVD9, en blanco y negro, y respetando el  formato 1,37:1, la imagen de la película no deja nada que desear. Como se puede apreciar en la captura adjunta, no hay defectos de celuloide aparentes, ni tampoco de compresión, sin que se presente tampoco el fenómeno tan extendido del “edge enhancement.” Si hubiera que sacar algún pero, se podría destacar que la gama de grises parece algo reducida, sin que lleguen a aparecer blancos o negros puros, pero esto parece un defecto general a todo el cine en blanco y negro postnitratos, que, ofreciendo una mayor nitidez y resistencia, perdió gran parte de la brillantez que caracterizaba a los nitratos.




Si se puede apreciar, aquí y allí algún fenómeno muy aislado de “aliasing”, pero que no pasa a mayores. Como nota curiosa, y es un defecto que se va a extender al resto de la edición, la calidad de los títulos de crédito iniciales es apreciablemente inferior al resto de la cinta, aunque nos estamos moviendo de calidad “notable” a calidad “buena” simplemente.

Respecto al sonido, estamos hablando del Mono en que se rodó la película, pero que se oye con pureza, sin ruidos de fondo, ni los defectos que el tiempo podría haber añadido, y que en todo momento es inteligible.

Los subtítulos, como ya comentamos, precisos y abundantes.

Como extras, esta edición no contiene los que podríamos llamar “habituales”,  comentarios del director, biografías, etc. Al contrario, intenta completar nuestra visión de la etapa creativa escogida, añadiendo otros cortometrajes y mediometrajes, que puedan ampliar nuestra comprensión de las intenciones e ideales del cineasta. Sólo en este disco encontramos lo que podría ser un extra “clásico”, un documental frances realizado en 1996 sobre la figura de Pasolini, que por lo tanto es estrictamente contemporáneo de la etapa ilustrada y bastante revelador del ambiente cultural de la época. Lamentar que al ser en francés no traiga subtítulos de ninguna clase.

Disco II: Uccellacci e Uccellini (1966)

Pajarillos y Pajarracos es una obra inclasificable dentro de la obra de un director inclasificable. Como ya apuntábamos en la introducción, se trata ni más ni menos que una reflexión sobre la descomposición del Marxismo, utilizando las formas de la fábula, el cuento y la leyenda popular. En resumen, un tour de force, una obra que aún sorprende por lo avanzado de su propuesta formal y por sus cualidades proféticas, ya que nadie en 1966 podía suponer que en 1991 el comunismo sería arrojado al basurero de la historia, como esta película anunciaba... ni siquiera sus más acérrimos enemigos.

Nuevamente tenemos un DVD-9 para una película en blanco y negro. El formato es, según el editor, 1:85:1 con mejora anamórfica. Tal es el caso, puesto que son perfectamente visibles en el ordenador (no recogidas en la captura) dos bandas negras arriba y abajo de la imagen, pero ¿cuál es el formato correcto? De una película europea de esta época, se esperaría un 1:66 estricto, y que el master hubiera sido recortado a 1:76:1 pero no parece ser el caso, ya que no se aprecian recortes superiores en los encuadres .

Respecto a la  calidad de la imagen se puede repetir los comentarios que señalábamos con respecto a Accattone, peor calidad de los créditos con respecto al resto, ausencia de artefactos de compresión, sin edge enhancing apreciable, y bajo nivel de defectos en master, aunque este nivel es mayor que en Accatone. Señalar únicamente que la imagen no es tan nítida como en Accattone, pero dado el desaliño habitual de las películas de la época no es posible saber si esta falta de definición era así ya de origen. En ciertas secuencias el grano llega a ser visible, pero estas escenas coinciden con material documental, que podemos suponer tenía ya esos defectos en la época de rodaje.

El sonido como Accattone es un mono, sin ruidos apreciables de fondo ni defectos achacables a la edad. Diálogos inteligibles y sin trazas de saturación.

Con respecto a los extras, el disco nos ofrece

  • La Ricota, fragmento dirigido por Pasolini en el film colectivo RoGoPag (1962).
  • Fragmento Toto en el Circo descartado de Pajarillos y Pajarracos.
  • La secuencia de la flor de papel (La sequenza del fiore de carta), fragmento extraído del film colectivo Amore e Rabia, 1968
  • ¿Qué son las nubes? (Che cosa sono le nuvole) Fragmento extraído del film colectivo Capriccio all’Italiana, 1968

Como vemos todo el interés de los extras está en reunir el mayor número de ejemplos de la obra de Pasolini en los años de finales de los sesenta.

Disco III: Edipo Re (1967)

En el caso de Edipo Re nos encontramos ante una nueva transgresión estética, la translación del mito griego a una antigüedad bárbara, la Grecia de antes de Grecia, donde nacerían y se desarrollarían esos mismos mitos. Por supuesto, sólo alguien con perfecto conocimiento de los mitos y su significado puede salir airoso de este reto, con el triunfo añadido de convertir en polvo todo el Peplum italiano y americano de su época... y el revival del mismo en la actualidad.

Como en Uccellacci... se utiliza un DVD-9 y, al igual que en esa cinta, nos asalta la misma duda con respecto al formato, puesto que la edición es un 1,85:1 con mejora anamórfica, lo cual parece raro para una película europea de esa época, pero no se aprecian cortes arriba o abajo del encuadre.

La calidad de la imagen se remite a los mismos parámetros que Accatone o Uccellacci.... Notable, sin defectos de compresión y con un nivel de defectos del master casi nulo, excepto curiosamente en los títulos de crédito. Hay que destacar que la gama de colores es reducida y que en ciertos momnetos se observan efectos de sobrexposición del celuloide. Ambos efectos son premeditados, no un fallo de la edición, al tratarse de un cinta que transcurre en páramos desiertos y que busca trasmitir esa sensación de calor y agobio, sin contar claro está el desaliño fílmico característico de la época.


Con respecto al sonido, señalar lo mismo que en Uccellacci y Accattone. Un mono que cumple perfectamente con su función. Inteligible y sin defectos.

El extra esta vez es un film completo de Pasolini, Comici de Amore (1964), documental sobre los usos y costumbres de los italianos de la época, mediante entrevistas en la calle, con lo que se completa la revisión de esa década en la producción de Pasolini (aunque falten otras obras mayores) Obviamente al tratarse de material rodado “in situ”, la calidad es la que da el material de partida.

Conclusión

Ésta es una edición que no podemos por menos que recomendar a cualquier admirador de Pasolini, que se defienda con el francés o el italiano, tanto por la calidad de los master y de las transferencias, como por intentar dar una imagen más o menos completa de una etapa en la obra de una artista, y, por último, pero no menos importante, por elegir tres de las mejores obras de su producción.

domingo, 24 de julio de 2011

100 AS (LXIII): Fast Film (2003) Virgil Widrich
























Como todas las semanas le ha tocado el turno a un corto de la lista de mejores producciones animadas recopilada hace tiempo por el Festival de Annecy. En esta ocasión el elegido es Fast Film, dirigido en 2003 por Virgil Widrich.

Y debo confesarles que debería terminar la entrada aquí mismo, ya que todo lo que se puede decir del corto ya lo hizo, tiempo ha, Maria Lorenzo en Tren de Sombras, que por su doble papel de animadora y profesora universitaria de animación, sabe y sabe decir mucho más que yo de este tema, que me limito a apuntar lo obvio... pero en fin, haremos un poder.

Los que sigan estas reseñas semanales, se habrán dado cuenta de las preferencias de los compiladores por el stop-motion y el cut-out, técnica esta última que el espectador medio tiende a desdeñar, al conocerla sólo es su manifestación bastarda en la serie South Park, y que evoca la idea de torpeza y falta de acabado. Sin embargo, el corto de Widrich no es otra cosa que un avance en la idea básica de la animación con recortes, la utilización como material básico fragmentos de otros filmes, evolución que parece lógica y normal, una vez visto el corto, pero que sólo podía manifestarse, al menos de forma natural, con la ayuda de el ordenador, una vez que este alrededor del año 2000 pasó a convertirse en una herramienta básica para los animadores, tanto como el lápiz, el pincel y la goma de borrar.

Esta cualidad de recorte de otros filmes impregna el corto en todos sus ámbitos, ya que su trama argumental es la quintaesencia de todo el cine comercial hollywodiense desde los inicios, la damisela en peligro que debe ser rescatada por el héroe de un grupo de malvados, monstruos y criminales (en diferentes mezclas y proporciones). Así, el corto se estructura en rapto, persecución, reencuentro, fracaso, recuperación del héroe, huida de la guaridad de los malos, nueva persecución y salvación in extremis, fórmula que, como digo, no ha dejado de ser utilizada en el cine comercial.

Por supuesto, el corto de Widrich, es todo menos comercial, ya que los diferentes elementos en los que se materializa esta trama básica, caballos, trenes, aviones, diferentes escenarios, han sido reconstruidos en papel, de forma que en todo momento quede al descubierto el tinglado de la farsa y sea imposible construir esa ilusión de verosimilitud que pretendía el cine clásico hasta sus últimos estertores. Unos elementos papirofléxicos, tan infantiles como la propia trama, sobre los que se proyectan esos fragmentos de películas a los que me refería antes, cuya selección y yustapoxición suponen uno de los triunfos de este corto, al haber tenido el autor que revisar cientos de películas, seleccionar las escenas que fueran relevantes para sus finas y remontarlas en un todo coherente, de forma que escenas, tramas y actores dispares encajasen entre sí como las piezas de un puzzle, que en realidad nunca ha existido.

Un experimento estético que no es huero, ni vacío, ni se agota en la consecución de su propio reto. No, el resultado especial tiene una especial resonancia y una no menos explícita emoción, la que surge de una sincera admiración por ese tipo de cine que sirvió de educación a varias generaciones de cinéfilos, al menos hasta la últimísima, desconectada de ese cine por su desaparición de cines y canales televisivos.Un tipo de cine, que ha pesar de ser un cine de usar y tirar, sin pretensiones estéticas algunas, como indica el propio título del corto, al relacionarlo con la Fast Food encarnada en las hamburgueserías, supo dotar a ese arte nuevo de una sintaxis que aún hoy siguen siendo norma, aunque sólo sea para negarlas y subvertirlas.



Y como siempre, aquí les dejo con el corto, mírenlo y remírenlo, porque muchas son las referencias y los guiños que contiene. De hecho, el único defecto de este corto es que la mayor parte del público joven será incapaz de reconocer las películas y los actores que en él aparecen.




Fast Film de Virgil Widrich por vinkeur2lamer

sábado, 23 de julio de 2011

Dreamt Landscapes

Goffredo Walsh, Casa en un camino rural
Dentro de la temporada veraniega de exposiciones, se puede visitar en el museo del Prado, la muestra titulada Roma: Naturaleza e Ideal, que indaga sobre el nacimiento del genero pictórico del paisaje, centrándose en la  la escuela romana de principios del siglo XVII.

Esta escuela romana tiene una importancia capital en la historia del arte, no por su dedicación al paisaje, sino porque en ella coincidieron artistas de todo occidente, formando una auténtica escuela nternacional, y constituir un auténtico laboratorio del barroco que de allí se propagaría al resto de naciones europeas, incluyendo las protestantes. Un papel capital que en la enseñanza de la historia del arte ha quedado difuminado hasta hace muy poco, ya que los pintores que formaron parte de ese experimento se estudiaban con sus respectivas escuelas nacionales, rompiendo la unidad que caracterizaba a este fenómeno, sólo similar a lo que habría de ocurrir siglos más tarde en las capitales de la vanguardia del siglo XX.

La tesis de la exposición se basa en situar la génesis del paisaje, como género pictórico autónomo, en ese lugar y en ese tiempo, lo cual es más que discutible. Es cierto que en el transito del clasicismo a la vanguardía que tuvo lugar en el siglo XIX, el paisaje tiene una importancia capital, ya que permitió a los pintores desprenderse de las servidumbres del tema y centrarse en los aspectos formales, desembocando así en la abstracción, por lo cual determinar cuando se produjo ese nacimiento del paisaje es historiar uno de los cambios fundamentales de la historia de la pintura.

Adam Elsheimer, Aurora

Tradicionalmente, ese momento se situaba en Holanda, en el siglo XVII, con el nacimiento de la pintura de género y la ascensión de una clase adinerada de religión protestante que demandaba la representación de temas cotidianos con los que decorar sus mansiones, lo cual propición la aparición del paisaje absoluto que no necesita muletas temáticas, historia, mitología, santoral, para ser apreciado y valorado. Así en pocas décadas se llegaría a la cumbre representada por Hobbema y Ruysdael, que paradójicamente suponen también el inicio de su desplome, ya que, a pesar de todo, la sociedad del XVII, estética y políticamente, no estaba aún preparada para una transformación similar a la del XIX.

En ese sentido, muchos de los paisajes que se recogen en esta muestra siguen siendo paisajes disfrazados, excepto excepciones, paisajes que necesitan de una excusa temática, por muy tenue que sea esta, para poder ser valorados y aceptados, lo cual obligaba a que estos paisajistas tuvieran que recurrir a los servicios de otros pintores para pintar las figuras que aparecían en sus cuadros, sin las cuales no estarían nunca terminados para el gusto de la época. Una servidumbre que nos conduce a otro punto en el cual la muestra está equivocada al situar esa eclosión del paisaje hacia 1600, ya que en realidad el comienzo del paisaje tiene lugar hacia 1400 cuando los fondos dorados de la pintura religiosa desaparecen de detrás de los protagonistas del historia sagrada y el mundo empieza a ser representado tal y como es vista, de forma racional con la ayuda de las leyes de la perspectiva.

De hecho, para un observador moderno, lo más llamativo de todos esos retratos de santos y vírgenes del cuatrocento, ya sea italiano o flamenco, son esos campos serenos, esas ciudades en la lejanía, esos cielos de azul profundo, en los cuales quisiéramos adentrarnos. Más aún, porque hacia 1500 es cuando realmente aparecen los primeros paisajes autónomos, en las acuarelas de Durero, de asombrosa modernidad, en las pinturas de Altdorfer y sobre todo, en los sueños de Patinir, al cual el Prado le dedicó una monumental retrospectiva hace unos años.

Claudio de Lorena, Puerto en la Mañana
No obstante, en el fondo, nada de lo anterior es importante. Esta muestra es única no por intentar demostrar que el paisaje fue creado tal fecha a tal hora, sino por mostrar al público no avisado la existencia de esa escuela internacional romana, con representantes de todas las naciones europeas y, como he dicho, auténtico laboratorio del Barroco, en clara contradicción con el rígido marco de las escuelas nacionales y más acorde con una Europa en las que las ideas circulaban de un extremo a otro y los nacidos en un país podían acabar sirviendo a otro, sin que esto supusiera desdoro o deshonor.

Una muestra más que educativa, por tanto, pero no sólo por eso, sino tambien por contribuir a sacar al visitante de los caminos trillados, de esa pereza mental que lleva a considerar como buenos únicamente a los pintores cuyo nombre se tiene guardado en el cerebro. Así, al explorar las diferentes manifestaciones del paisaje en esa Roma del XVII e ilustrar como la percepción del mismo fue evolucionando y transformándose, permite que contemplemos la obra de muchos desconocidos, pintores de segunda fila, es cierto, unos por no haberse podido desprender de sus limitaciones y otros por la perdida o dificultad de acceso de su obra, pero no por ellos menos interesantes o atractivos que las brillantes luminarias.

Y sobre todo, por permitirnos contemplar al combate estético entre dos gigantes, Claudio de Lorena y Nicolas Poussin, cada uno poseedor de una concepción del arte diametralmente opuesta al del otro, pero no por ello menos válida o hermosa.

Dos concepciones que podrían resumirse diciendo simplemente que en Claudio de Lorena, las nubes se disuelven en la luz dorada de atardeceres y amaneceres, mientras que en Poussain, su blancura domina majestuosa cielos de un azul más que profundo.


Nicolas Poussin, Paisaje Ideal

miércoles, 20 de julio de 2011

Unrequited (I)


Me quejaba de las series de Anime de este primer trimestre, en Anime el año comienza en abril, cuando se supone que las productoras sacan su artillería pesada, pero como otros años desde hace un tiempo, lo mejor aparece en las temporadas bajas, al menos lo mejor para mi punto de vista.

Ya tendremos tiempo de comentarlo, pero entretanto, tengo tiempo para ver otras series que tengo en la lista de espera, ya sea antiguas o modernas. Entre esa pila creciente de cosas por ver ha habido una que ha subido a la primera posición aunque acabo de recibirla, se trata de la versión remasterizada de la mítica sere Shoujo Kakumei Utena (Utena la chica revolucionaria).

Es cierto que la animación de Utena, del tiempo de los acetatos y los bajísimos presupuestos televisivos, ha envejecido un tanto, comparada con la brillantez, suavidad y precisión de las que el ordenador dota a las series modernas. No obstante este envejecimiento natural no debe distraernos de lo que es realmente importante, como es el hecho de que en ciertas secciones la expresividad de su animación supera a la mayoría de lo que se hace actualmente, o el elaboradísimo simbolismo visual de una historia que es cualquier cosa menos infantil o simple, y que cuanto más se ve, más se demuestra pensada y organizada al detalle, sin que ningún punto haya sido dejado al azar o no tenga un significado que será explicado y mostrado al final de la serie.


Es ese complejísimo simbolismo visual, sobre cuyo análisis se podrían escribir libros y libros el que ha fascinado a incontables espectadores desde hace quince años y que demasiadas producciones han intentado replicar sin conseguirlo alcanzar. No es mi intención entrar en buscar una explicación a esos símbolos, más allá de lo que es evidente, sino señalar que, aunque lo parezca, toda esa exuberancia visual no es mero adorno, lo que explica el fracaso de tantos otros imitadores, sino que está al servicio de lo que no se puede definir de otra manera que un que como una reinterpretación postmoderna de los cuentos de hadas.

No es ya que el príncipe de la historia sea una mujer, la Utena que da nombre al título, sino que el motivo de esa transformación de los roles es una distorsión del papel que se supone asociado a los sexos en los cuentos tradicionales. En concreto, según se nos cuenta desde el principio de la serie, Utena fue salvada por un príncipe, factor que tendrá más tarde una importancia capital en la trama, sino que en vez de quedarse a esperarle en casa para ser salvada de sí misma, como tantas heroínas de antaño, Utena decide tomar un papel activo y salir al mundo a encontrarle, obrar ella misma su propia liberación.

Esto provoca que otro de los personajes, Anthy, se nos presente como la  nueva princesa del príncipe/princesa, papel que como corresponde a una serie que es un juego de espejos, se revelará como un espejismo y la rosa indefensa se nos mostrará cuajada de espinas. No obstante, lo realmente importante es ese salir al mundo que apuntaba la metamorfosis de Utena en príncipe. El hilo conductor que enhebra toda la serie es el concepto de que si los polluelos no rompen el cascarón, morirán y que por tanto hay que revolucionar el mundo.

Un objetivo, como digo, presente a lo largo de toda la serie, pero que una y otra vez se ve contradicho por el desarrollo de la misma serie, que adopta la forma de un círculo viciosos en el que los personajes repiten una y otra vez las mismas acciones, como si estuvieran atrapados en un mundo creado y fabricado especialmente para ellos, del cual la salida no es la victoria en la cadena de duelos que aparentan ser la objetivo último de la serie y del microcosmo de estos personajes, sino la renuncia a estos combates y la partida de ese mundo que, como digo, falsamente se muestra como el único posible.


No obstante hay otro factor fascinante de esta serie, que en mi caso particular me afecta personal y especialmente, Se trata de su aproximación a las relaciones amorosas, en la cual el sexo y el deseo sexual se muestran en primer plano y sin tapujos, no en el sentido de explícito que esperaríamos en nuestro tiempo y maneras artísticas, sino señalando las consecuencias devastadoras que las pasiones amorosas tienen sobre los seres humanos, la imposibilidad de apagarlas sino es mediante la posesión (o la destrucción) del objeto amado y lo fácil que es que se tuerza y enturbien, convirtiéndose en cárcel y sala de tortura para aquellos que les anhelaban.

Un punto de vista que se aparta radicalmente del romanticismo de andar por casa que se nos vende desde todas lor rincones de estas sociedad nuestras, donde el amor es sencillo, completo y pleno de recompensas, si nubes obscuras que turben el ideal, pero que se muestra extrañamente cercano al romanticismo primigenio, donde el amor, a pesar de su urgencia e inevitabilidad, era ante todo dolor, imposibilidad, impotencia, incapacidad no ya de conseguir y gozar del objeto amado, sino ni siquiera de obtener su atención y compasión




Y así ocurre que para mi la historia de amor de Yuri por Shiori tenga una especial resonancia, ya que al igual que ella, para mí el amor siempre ha significado enamorarme de las personas equivocadas. En su caso, porque eran de su mismo sexo y esa unión nunca podría aspirar a ser compartida ni mucho menos mostrarse en público a la vista de todos. En mi caso, porque las personas elegidas no eran libres de amarme, ni siguiera en secreto.


lunes, 18 de julio de 2011

The TDS's Files VI: RahXephon

Lunes, rescate de artículo de Tren de Sombras. En esta ocasión se trata de uno de mis mejores artículos, que estuvo en un tris de ser portada de la revista.

No es que esté desprovisto de defectos. En primer lugar, anuncia mi desmesurada tendencia a la la prolijidad. En segundo contiene muchos errores sobre el origen de la animación, atribuibles a esa ignorancia que implica la osadía, siendo el más evidente, el desconocer que la animación norteamericana también derivaba del cómic en sus inicios.

Pero dejando aparte esos errores y patinazos, aquí se lo dejo, y espero que lo disfruten, porque es (fue) una gran serie, la obra maestra de Bones, un estudio cada vez más perdido en sus contradicciones, la primera acabar siendo lo mismo cuya repulsa motivo su fundación.

RahXephon

Producción: 2002, Japón, Estudio Bones, Fuji Televisión Network.
Creada y Dirigida por Yutaka Izubuchi
Diesño de Personajes: Akikiro Yamada/Hiroki Kanno
Diseños Mecánicos: Michiaki Sato/Yoshinori Sayawa
Directores de Animación: Hirotoshi Sano/Shito Takeuchi
Música de Yoko Kanno, KhiKo Hashimoto.
Voces de: Maaya Sakamoto,  Hiro Shimono, Aya Hisakawa entre otros


Dejemos las cosas claras desde un principio.

Estamos hablando de una serie de animación japonesa o anime.

Estamos también hablando de televisión comercial, destinada a conseguir una gran audiencia y, por supuesto, los beneficios monetarios que ella conlleva.

Sin embargo, ninguno de estos términos debería ser peyorativo, puesto que el arte, el verdadero arte, no conoce de nuestras estrechas y limitadas clasificaciones. Antaño, no hace tanto tiempo, los poetas tomaban las canciones populares, imitaban sus ritmos, utilizaban sus temas y no tenían reparo en reconocer esa influencia, no siendo muy distintos de los músicos que incluían danzas y melodías populares en sus obras, algo impensable en nuestros tiempos.

No deberíamos tener prejuicios por tanto, pero antes de comenzar a analizar esta serie conviene hacer un poco de historia.

El anime es relativamente reciente. Sus primeras series y películas famosas son de los primeros 70, mientras que las dos grandes escuelas de la animación norteamericana, la Disney y la Warner, nacieron en los años 30. Los primeros años del anime, sin embargo, no fueron buenos tiempos para la animación. El genero, a finales de los 60, se hallaba en crisis y todos los estudios se vieron en la obligación de disminuir la calidad de sus productos,  para abaratar costes y permanecer en el mercado.

En América, fue el momento de triunfo de Hanna-Barbera. Su estilo es extremadamente característico y marcó el concepto y las pretensiones del dibujo animado para toda una generación. Fondos muy sencillos, sobre los que estaban superpuestos los personajes, que permanecían fijos mientras los fondos se desplazaban. Diseños muy simples y de movimientos estereotipados, extremadamente fáciles de animar y de replicar, reducidos casi a bustos parlantes. Guiones que se limitaban a repetir una y otra vez el mismo conflicto. Nada que ver con la expresividad y la imaginación desbocada de la Warner o la perfección técnica y belleza formal de la Disney.

Sin embargo la inmensa variedad de personajes que fue capaz de sacar al mercado la compañía y el agotamiento evidente del estilo clásico de la Warner y la Disney, permitieron que Hanna-Barbera se transformase en la productora de animación por antonomasia de los 70. Sin embargo, en América ese tipo de animación se vio siempre como algo transitorio hasta que llegasen tiempos mejores. Cuando esto ocurrió, en los 90, la animación USA volvió a recuperar su aspecto cinematográfico y, por así decirlo, animado.

El anime, al igual que la Hanna-Barbera, nació como un genero pobre y barato. Sin embargo, los japoneses supieron hacer de la necesidad virtud y crear un estilo completamente nuevo e inconfundible, rompiendo bastantes de la reglas asentadas de la animación

Uno de los principios fundamentales de la animación occidental fue y es, que nunca hay que mover la cámara, sino que es el dibujo animado el que tiene que moverse. Los japoneses, para ahorrar el dibujo de nuevas “cells”, exploraron con la cámara las pocas que tenían. De esta manera, casi por casualidad, descubrieron los dos movimentos básicos de cámara, el que acerca para destacar un detalle en el plano, y el que se aleja, para descubrir algo oculto a nuestra vista.

No fue el único cambio. Mientras que la animación Americana hundía sus raíces en el cine, copiando sus formas, el anime se inspiraba en el cómic japonés, el manga, considerado en Japón como una forma literaria más. De esa manera, la aproximación tridimensional del cómic, en la que el punto de vista cambia en cada viñeta para evitar el aburrimiento, se transformó en el anime, para disimular el estatismo de la animación, en un montaje de planos cortos y perspectivas cambiantes, opuesto al estilo occidental de planos largos y cámara casi estática, que fue la norma hasta muy entrados los ’80.

Para terminar, mientras que la animación occidental estaba dirigida a un público mayoritariamente infantil y familiar, el anime invadía casi todos los géneros del cine popular, desde la comedia romántica y el retrato de costumbres, a la novela histórica, la ciencia ficción o el cine erótico.

De esta manera puestos en contexto, es posible examinar lo que una serie como RahXephon, casi el último eslabón en una cadena de más de treinta años de anime, puede ofrecernos a nosotros, espectadores occidentales.


La inutilidad del arte.


Uno de los rasgos fundamentales del anime es el montaje de planos cortos, sin embargo, existe otra diferencia más que lo caracteriza, el hecho de tratarse de un montaje centrífugo. Es decir, si se muestra el diálogo entre dos personajes, no se limitará a un juego de plano contraplano, sino que, poco a poco, se apartará de los personajes, sus expresiones y sus reacciones, para dirigir la cámara a los objetos que les rodean.

De esta manera, se llega a planos como el ilustrado, completamente inútiles, que no sirven a la historia, ni aportan nada nuevo. Planos de los que se puede prescindir sin que lo que estamos viendo se resienta, planos que sobran y que sólo sirven para entorpecer.

¿O quizás estamos equivocados?

Este plano no es un plano tomado al azar. La casualidad no existe en el dibujo animado. Alguien ha tenido la sensibilidad de recordar el dibujo intrincado que la luz produce al filtrarse a través de una botella. Alguien más se ha preocupado de dibujarlo con todo cuidado para que sea perfecto, exactamente igual al natural.

No ha bastado con eso, las venas de la madera, los carriles de la puerta, la urdimbre de la alfombra también ha sido reproducidos. Así como la luz artificial que penetra en la sombra de una habitación a obscuras y el brillo que esa misma luz deja sobre un brazo desnudo.

Todo este cariño, todo este cuidado, volcados sobre un plano sobrante, sobre un plano completamente inútil.

¿Cuándo ha sido que hemos entrado en los dominios del arte?

La belleza del mundo.


 Un instante de silencio. Una mirada al cielo, a la tormenta que se está formando, antes de reanudar la conversación.

No es habitual un plano así en el cine moderno. Como urbanitas, hemos desterrado la naturaleza de nuestras vidas y vivimos de espaldas a ella. Ya no sabemos ni observarla ni mucho menos representarla de una manera inocente. Nuestras películas transcurren en un verano/primavera eterno, donde nada turba a los personajes, donde las estaciones no cambian, donde no hace ni frío ni calor.

Sin embargo, en esta serie, como en tantas otras de anime, una mirada distraída revela el paso de las nubes en el cielo, asistimos al comienzo y al final de la lluvia, vemos nevar apaciblemente. La naturaleza sigue su curso, ajena a nosotros y nuestros afanes, pero influyendo siempre en nuestros sentimientos.

La luz también cambia, fresca por las mañanas, cálida y lánguida por las tardes, dura hacia el mediodía, gris en los días nublados, limpia tras la lluvia. Al igual que la noche  es distinta en la soledad de las calles de como es en el interior acogedor de los hogares. Al igual que la iluminación difiere cuando se está bajo el dosel de un bosque a cuando se permanece al borde del mar.

Ver plasmado todo lo anterior, sin que apenes llegues a darte cuenta de ello, y contemplarlo en una serie supuestamente comercial, no deja de ser conmovedor.

Porque las horas pasan, los días comienzan y terminan, sin que el tiempo se detenga jamás.

Cotidianeidad.


 Todos vivimos dos vidas. Primero está la vida pública, la de nuestro trabajo y nuestras obligaciones, aquélla que consume la mayor parte de nuestro tiempo y a la que dedicamos casi todos nuestros pensamientos. Luego tenemos nuestra vida privada, aquélla que pensamos ser nuestra vida auténtica, pero que se limita a los tiempos muertos que nos deja la otra.

Dos vidas distintas. Dos modos de vestir, el oficial y el de estar por casa. Dos modos de actuar, la imagen que muestras ante los que están por encima o por debajo de ti, y la postura que adoptas cuando nadie te ve o cuando sólo te acompañan las personas en que confías y a las que amas. Dos esferas distintas, casi incomunicadas, que esta serie logra plasmar casi a la perfección, mostrándonos a través de las ropas y del modo de actuar de los personajes, qué distintos son los protagonistas en el trabajo a cuando están en su casa.

Tiempos muertos. El anime está lleno de escenas en las que los personajes van o vuelven al trabajo, hacen la compra, dejan de trabajar para tomar un café, comen juntos con la familia o toman una copa con los compañeros del trabajo. No es extraño este énfasis, porque es en esos instantes de relajación, en esos tiempos muertos, cuando se anudan las conversaciones, cuando se descubren los sentimientos.

Como ocurre en esta escena, en la que mediante una banal conversación sobre gustos, descubrimos como una relación entre dos personajes se está volviendo cada vez más profunda... y un poco más tarde, en otra comida, la misma conversación nos mostrará como esa relación se ha roto.

Narración lateral


 Esta serie de anime cuenta con 26 episodios, unas 8 horas y 40 minutos de animación efectiva. En ese periodo de tiempo hay tiempo de sobra para contar una historia, tanto que es posible perder el camino y volver a encontrarlo.

Esta serie, a pesar de ser, ante todo, una serie de acción, jamás se apresura. Sería muy fácil contarnos de qué va la historia desde el primer minuto, para pasar enseguida a los golpes de efecto. Sería también muy burdo. Cuando empezamos a vislumbrar qué está ocurriendo llevamos ya tres episodios y una hora de camino. Cuando la mayoría de los personajes han sido presentados, estamos ya por el sexto episodio y terminando la segunda hora.

Nada nos ha sido regalado. Nadie, en el mundo real, se lanza a pronunciar grandes discursos, puesto que sabemos que los demás ya están al corriente de la mayor parte de los que sucede. Así ocurre en esta serie, los diálogos se reducen a lo estrictamente necesario. Presenciamos  como se conversa sobre algo conocido por los personajes, pero que nosotros ignoramos. Es nuestra tarea, ayudados por nuestra inteligencia de espectadores, el recolectar la información dispersa para componer un cuadro coherente, el estar atentos a los actos y expresiones de los personajes para descubrir las relaciones que los unen o los separan.

Esta sobriedad se extiende a los flashbacks que revelan el pasado. En la mayoría de las películas este recurso es una muleta que sirven para introducir información imposible de  presentar de otro modo. Sin embargo, aquí, y en otras muchas series de anime, los flashbacks no narran, sugieren, muestran retazos inconexos del pasado, apenas una imagen o dos, que sólo cobran sentido e importancia a medida que la narración avanza y otros flashbacks vienen a complementarlos

De hecho, uno de los mayores placeres de esta serie es volverla a ver en busca de todos los detalles que se nos habían pasado, de aquellos elementos o reacciones que nos chocaron en su momento y que sólo ahora, conocida la historia, se revelan plenos de sentido.

Silencios


 El silencio es consustancial a esta serie. Es asombroso constatar qué poco hablan los personajes sobre los problemas que les aquejan, como, en vez de abrirse, se refugian en el silencio, como, al igual que en este plano, son incapaces de dar un paso adelante y acercarse a la otra persona, aunque el dolor les desgarre por dentro.

Es sorprendente al principio, cierto, hasta que reparamos con qué frecuencia callamos en la vida real, situaciones que esta serie se las arregla para representar casi en su totalidad.

Unas veces porque conocemos demasiado a una persona. Hemos compartido su pasado, descubierto sus secretos, conocido sus anhelos hasta tal punto, que una conversación sólo serviría para confirmar lo que ya sabemos, como ocurre con dos viejos amigos que se reencuentran en esta serie.

Otras porque simplemente es algo que concierne sólo a los participantes, como una de las relaciones amorosas que se entretejen en esta historia, algo tan íntimo y frágil que no conviene exponerlo al mundo.

Otras veces porque atreverse a formular el deseo que se guarda en el corazón sólo conseguiría acabar con él para siempre, demostrar su imposibilidad. Vale más engañarse, refugiarse en la esperanza, esperar un milagro que no llega.

Otras veces porque los secretos que pudieras confiar al que sufre, solo conseguirían enconar su dolor, porque a veces, como se dice en la serie, es más duro mentir que ser mentido.

Esto se consigue porque la serie cuenta con un amplio reparto de personajes, unidos por una densa de red relaciones oficiales y personales. Pero especialmente porque a todos se les concede un tiempo para expresarse, aunque sea con sus silencios

Acción y Personajes


 Esta serie, y es ahora el instante de señalarlo, es aparentemente una serie de acción. En concreto pertenece a uno de los géneros clásicos del anime, el del muchacho que pilota un inmenso robot o mecha, el RahXephon, para derrotar a unos monstruos/robots que persiguen acabar con la humanidad, los Dolem, y el pueblo que los utiliza, los Mulian.

Sin embargo aquí se acaban las diferencias con el modelo. Como hemos visto la serie es mucho más intrincada y compleja de lo que podría suponerse con esta reseña, y casi inmediatamente se aparta de sus modelos, especialmente en lo que se refiere a las escenas de acción.

En el cine de acción occidental, es precisamente la acción la que justifica la película. Tras un arranque trepidante, se busca que cada escena supere a la anterior, que se hinche en tiempo y sobresaltos, hasta llegar a la gran fiesta final, dejando personajes e historia en un segundo lado, reduciéndolos a meras excusas para sustentar el espectáculo.

En esta serie ocurre exactamente lo contrario. Las escenas de acción cumplen una función estrictamente narrativa. Los personajes y sus relaciones son lo realmente importante. Esto queda claro desde el primer instante. Los tres primeros episodios están repletos de acción, pero se inserta de una forma completamente utilitaria, como  introducción al mundo en el que vamos a movernos el resto de episodios, como presentación de los diferentes bandos en conflicto. Más aún, tan importante en estos primeros episodios como la acción son las escenas intermedias, largas y lentas, que sirven para definir a los personajes y asentar las relaciones que los unen.

A medida que los episodios se acumulan, la serie se aparta más y más del modelo. Las escenas de acción van teniendo cada vez menos importancia. Lo típico en una serie de estas características es que cada capítulo traiga al monstruo de la semana, pero en muchos episodios no aparece ningún enemigo nuevo. En los que sí aparece, los hay que sólo se muestra el principio o el final del combate, mientras que otros se interrumpe para dar paso al diálogo de los personajes. La mayoría de lo encuentros se resuelven de una forma extremadamente rápida y sencilla, casi torpe y burda, porque su función no es la de impactar al público, ni dejarlo pegado a la butaca, sino de la de resolver un conflicto planteado con anterioridad o introducir un elemento nuevo que haga avanzar la trama.

Con un reparto lleno de personajes, con unos caracteres perfectamente individualizados, si uno continúa viendo la serie no es por asistir al próximo combate, descubrir los poderes del siguiente Dolem y averiguar como logrará vencerlo. No, uno lo hace para desentrañar poco a poco la red de relaciones que se ha entretejido entre los personajes, porque ha terminado por cogerles cierto cariño

Así ocurre en el plano arriba ilustrado, donde el combate que acabamos de presenciar ha sido una excusa. Lo importante es poder asistir a una escena en la que dos mujeres se sinceran y una encomienda a la otra el cuidado de alguien muy querido, ya que su rango le impide acompañarlo al combate y protegerlo en persona.

Música


 En la primera escena de la serie, la música que se escucha es el preludio de los Maestros cantores de Wagner. No es la única pieza clásica que se escucha, en otros instantes se incluyen también fragmentos de Scherezade de Rimski-Korsakoff, piano impresionista o secciones dodecafónicas. Resulta extraño que cuando en nuestro ambiente cultural lo música clásica parece haber sido desterrada y cualquier referencia a ella recibe el apelativo de elitista o snobismo, sean los miembros de otra cultura lejana los que nos recuerden la riqueza de nuestra herencia y sepan utilizarla con propiedad.

No es la única música que se escucha, rock, techno, jazz, música incidental, construyen un ambiente musical mucho más rico que el que podemos encontrar en cualquier otra película o serie actual. La selección no es absoluto arbitraria, la primera vez que escuchamos una de las melodías, descubrimos que se ajusta al modo de la situación que estamos presenciando. La segunda vez que escuchamos esa melodía aplicada a otra situación, descubrimos que se está aplicando la teoría del leit-motif, donde músicas similares se relacionan con situaciones parecidas, de forma que el espectador quede preparado y/o advertido de lo que puede suceder y de cómo entenderlo.

La música que se escucha no es algo externo que se añade a la serie. Cuando suena, al principio, la música de Wagner es porque un personaje la está escuchando en unos auriculares. Más tarde averiguamos que, por su carácter y su biografía, es lógico que ese personaje prefiera ese tipo de música. Cada personaje, como en la vida real, escucha un tipo de música distinto, que bien corresponde a su personalidad o le trae recuerdos del pasado.

La importancia de la música no se detiene ahí. Cuando los Dolems atacan, cada uno emite un Aria particular, perfectamente reconocible, la misma que canta el Mulian que lo controla. De hecho esa música es la fuente de su poder, al igual que la del poder del RahXephon, cuyo piloto es llamado interprete, y cuya misión es conocerlo hasta el punto en que sea capaz de improvisar con él.

El mundo está sumergido en sonidos, dice Quon. La música es la forma única del mundo nuevo que puede ser creado, responde Ixtli. En esta serie, la música, la belleza irreductible que le es propia, el placer sobrehumano que nos provoca, tiene un poder salvífico, se convierte en la única potencia que podrá evitar el desastre. Con ese impulso, de salvación a la vez personal y colectiva, Quon ensaya una y otra vez al violín una pieza extremadamente triste de la que se ha perdido el final, confiando en encontrarlo por causalidad y devolverle su sentido, su armonía.

Porque como decían, los antiguos. Musica, laetitiae comes, medicina doloris. Musica, compañera de la alegria, medicina para el dolor. O como de manera más terrible, decía Proust, sólo por escuchar esas armonías merece la pena haber venido a este mundo, aunque al final nos espere la muerte.

Racismo


 Muchas veces al tratar este tema, se cae en el mismo error que los propios racistas. Demasiadas veces el hincapié se pone en la diferencia, se la hace visible y se la señala,  evitando que el público se identifique con los que sufren, ya que ellos mismos, los espectadores, son distintos.

En esta serie, el racismo existe, es uno de los temas fundamentales, pero la “diferencia” no es visible. Como el SIDA, esa diferencia se lleva en la sangre y sólo un análisis puede descubrirlo. Al contrario del SIDA, no hay grupos de riesgo, no es posible decir de antemano quienes son susceptibles de sufrirlo y quienes no. Al igual que el SIDA, es posible adquirirlo y alguien perfectamente normal, alguien que amabas y en quien confiabas, puede, de un día para otro, convertirse en uno de “ellos”.

Éste es un matiz fundamental. En la mayoría de las obras que abordan el racismo, las posturas vienen dadas, por un lado están los buenos, por otro los malos, y ninguno de ellos cambia su opinión, ni puede ser salvado. En esta serie ocurre lo contrario.

La idea preconcebida, aquella en que los personajes han sido educados, es que los que tienen la sangre distinta son los enemigos y que hay que acabar con ellos, puesto que son unos monstruos. Así lo proclama la propaganda oficial, como muestra el fotograma que adjuntamos.

Sin embargo, ya hemos dicho que la “diferencia” puede adquirirse y, en un momento dado de la serie, se descubrirá que varios de los personajes centrales tienen esa “diferencia”. El drama surge entonces en dos planos. Por una parte, la confusión de la persona que formaba parte del mundo, que tenía su camino trazado, y ahora está fuera de él, enfrentado al odio y quizás a la muerte, sin haber cometido ningún crimen. Por otra parte, el dilema de aquellos que tienen que decidir qué es más importante, si lo que sentían por aquella persona o las ideas en que fueron educados.

Es en la descripción de estos dilemas, junto con en el dolor y la duda que conllevan que la serie consigue que la tesis deje de ser abstracta, que pase a convertirse en un sentimiento que podemos compartir, puesto que nosotros también hemos cogido cariño a esos personajes.

Desgraciadamente, nadie puede ayudar a nadie a elegir el camino. Al final esa decisión, la de estar o no del lado de la humanidad, se convierte en la única diferencia que importa.

Transcendencia


 Lo sobrenatural, lo fantástico es una constante del anime en general y de éste en particular.

El Rahxephon no es un arma corriente, sus pilotos tienen que ser elegidos, pero esta elección no la realizan los seres humanos ni los Mulians, es un ente sobrenatural, el Ixtli, independiente de todos, libre y poderoso, poseedor de todos las claves, arbitrario y lleno de misterios, como el mismo Dios, quien elige a los suyos y  los hace despertar.

Despertar. Expresado en términos e imágenes religiosos. En el caminar sobre las aguas. En el huevo de la vida que debe abrirse. En el ángel que desciende a la tierra, extiende su mano y salva a los creyentes. En un goce sobrehumano que aniquila cualquier otro que hayamos podido experimentar.

Despertar. ¿Pero a dónde? Varías veces a lo largo de la serie el telón de la realidad se rasga. El mundo que creíamos firme y real, se revela una mentira. No podemos vivir ya en él y tenemos que saltar a la nueva realidad que se ha abierto ante nosotros, aunque nada nos asegure que éste sea el verdadero. De hecho, Ixtli, el guía de los elegidos, no reconoce realidad alguna.

Porque éste es un concepto budista. Todo lo que vemos y experimentamos no es más que un sueño y una ilusión, pero tampoco existe una realidad auténtica en la que podamos despertar. La única salvación que nos queda es soñar conscientemente nuestro propio sueño, modificar lo que creemos realidad hasta crearnos nuestro paraíso. Cantar la canción prohibida y traer la armonía al mundo, como dice el propio Ixtli.

No deja de ser una conclusión pesimista que el único medio que pueda existir para cambiar el mundo, para devolverle la armonía, como se dice en esta serie, sea un medio sobrenatural, el único de cuya inexistencia estamos seguros.

El transcurrir del tiempo


 El tiempo es otros de los temas centrales de RahXephon. El mundo ha sido dividido en dos regiones, Por una parte, Tokio y sus alrededores, por otra, el resto del planeta, cada una con su propio ritmo temporal, de forma que cuando la historia comienza, hay doce años de diferencia entre Tokio y el exterior. Aquellos que quedaron dentro de la ciudad aún son jóvenes, el resto han envejecido.

No es sólo el mundo el que está escindido. Cada uno de los personajes de la serie, aunque no se atrevan a confesarlo, cuenta sus días en antes y después de aquel momento. Todos han dejado algo atrás, algo que nunca más podrán recuperar. Cada uno ha tenido que aprendido a continuar viviendo a pesar del dolor y de la ausencia.

De nuevo, cuando hablábamos del racismo, sólo de esta manera la idea abstracta puede convertirse en personal y conmovernos.

Así es en el caso de Haruka Shitow. Ella dejó en Tokio la persona que amaba, Ayato Kamina, y a pesar del tiempo transcurrido no ha sido capaz de olvidarlo o substituirlo por un nuevo amor, aunque lo ha intentado. Cuando comienza la serie la vemos entrar en Tokio, encontrar a su antiguo amor y traerlo de vuelta consigo.

Para su desgracia, ella tiene ya treinta años y el sólo diecisiete. Mucho peor incluso, puesto que él no la recuerda en absoluto. Es difícil imaginar un tormento mayor que al  que Haruka se enfrenta. Vivir al lado de alguien de quien estás enamorado y que no te ama a su vez. Alguien que, cuando le llegue el momento de amar, no te elegirá a ti, sino a una persona de su edad. Saber que tu alegría o tu dolor dependen de cómo se muestre hacia ti. Vivir sin poder manifestar lo que sientes, pues no sabes como reaccionará el otro. Esperando un milagro que no se sabe si ocurrirá

Doblemente doloroso, porque el personaje de Haruka es el de una mujer inteligente, independiente y llena de recursos, cuyo único punto débil, conocido sólo por unos pocos es este amor, tan fuerte que podría llevarla a perder la vida por defender a Ayato, aun sabiendo que quizás él no se lo agradeciera.

Porque la historia de RahXephon, si existe alguna, es la historia del amor no correspondido de Haruka por Ayato.

Para terminar, no deja de ser un milagro que todo esto nunca sea contado en la serie, que nunca se nos diga: Haruka amaba a Ayato. No es necesario, basta mostrarlo y que seamos nosotros, los espectadores, quienes lo descubramos.

El Arte de la digresión: Episodio 15




Normalmente consideramos que todos los elementos de una película tienen que estar orientados hacia su final. No toleramos, ni en la ficción ni en la realidad, aquello que se desvía.

Con este episodio y sin previo aviso, entramos en un mundo nuevo, tanto desde el punto de vista visual como narrativo. Los colores se apagan y adoptan una tonalidad sepia, la luz se difumina, las sombras se extienden. El dibujo se hace extrañamente más preciso y realista, más triste y seco que hasta ahora. La historia abandona el presente y se traslada al pasado, no al de los personajes principales, sino a la infancia de tres secundarios.

Nuevamente creemos estar en presencia de algo inútil, de algo sobrante, de algo que molesta y estorba.

Es una ilusión. Desde los primeros momentos del episodio sabemos que estamos dentro de un cuento de hadas, que nos hemos trasladado, nosotros y los personajes, al mundo repleto de sueños e ilusiones de la infancia.

No se intenta engañarnos, puesto que el mundo en que los tres niños protagonistas viven no es un mundo feliz. Crecen encerrados en una residencia donde cualquier falta, la más mínima, acarrea un castigo físico. Un ambiente donde no se tolera la debilidad ni el fracaso, donde los tres niños deben aprender a ser duros, a ocultar sus sentimientos frente a los demás, a buscar el éxito cueste lo que cueste, el único camino que les traerá seguridad y respeto.

A pesar de esta dureza, aún tienen ilusiones, aún pueden permitírselas. Fuera de la residencia existe otro mundo, seguramente distinto a aquel en que viven. Un día, cuando crezcan, cuando lleguen a ser adultos, saldrán de allí y entonces, por fin, serán dueños de su destino. Mientras, podrán seguir soñando, mantener la fe y la esperanza frente a la frialdad del mundo.

Sus esperanzas cristalizan una noche, cuando en las profundidades de la residencia encuentran un ser, distinto a todo lo que conocían, tan prisionero como ellos. Un ser que se convierte en su secreto frente a los profesores y preceptores, algo que, por unas breves horas, les permite ser, no lo que los demás desean, sino lo que ellos quieren.

No hay finales felices en este mundo. Cuando el episodio termina, ilusiones y esperanzas se han quebrado para siempre y, nosotros, como espectadores, hemos aprendido varias cosas, que hay personas que son unos hijos de puta desde el día que nacen hasta el día que mueren, que otras se quiebran bajo el peso de la vida y devienen lo que más odian, que otras tienen la suerte de conservar sus sueños hasta la edad adulta.


El punto de inflexión: Episodio 19


 En toda gran serie de anime hay un punto de inflexión. Se nos lleva a creer y a confiar que la historia es o será de una manera y, de repente, se da un giro en redondo, dejándonos desnudos emocionalmente.

Dentro de esta serie, este capítulo es el momento de la verdad. Hasta entonces, nada parecía ir en serio. Al fin y al cabo, Ayato, y nosotros con él, estábamos del lado de los buenos. Nuestra lucha era justa. La victoria era segura. Tampoco había sangre ni sufrimiento. Cada vez que RahXephon destruía un nuevo Dolem, no había hecho otra cosa que destruir una máquina horrenda. Nadie había sufrido daños, nadie había muerto.

Acabado el día, los personajes podían volver a sus casas, perderse en sus devaneos amorosos, sin que nada viniera a turbarles. Aquí y allá, algún elemento discordante anunciaba una realidad más fría y dura, pero no había motivo de preocupación, porque la luz y la justicia habrían de imponerse.

Tras este episodio ya no es posible mantener esa mentira. Tras cada Dolem hay un ser humano, igual que nosotros, una persona con sueños y esperanzas, que desea enamorarse y ser feliz en este mundo, una persona que habrá de morir de una forma horrible cuando el Dolem sea destrozado a manos del RahXephon, porque en este mundo no hay guerras limpias, ni tampoco causas puras. En todas ellas unos seres humanos destruyen a otros seres humanos. Todas traen dolor y miseria.

Ni siquiera queda el recurso de buscar refugio en la huida. Llegado el momento, todos tendremos que elegir bando y quizás, sin ni siquiera saberlo, acabar con la vida de aquel que más amamos en este mundo.