jueves, 24 de julio de 2008

Daydreaming







Dado que esta temporada está siendo bastante aburrida, me está dando tiempo para recuperar del baúl series que había dejado de lado en su momento, bien por no considerarlas importantes, por no disponer del slot en que encajarlas o simplemente por mera vaguería.

Una de estas series es/era Windy Tales, que ya sería importante por su estilo de dibujo, tan abocetado y casi acuarelista, distinto, por tanto, al 99% de los animes que se pueden ver. Una excepción en su momento y que no ha vuelto a repetirse, quizás porque no tuvo ninguna repercusión, ya que los que suelen ver anime no son muy amigos de la experimentación, y los que lo son no son aficionados a esas cosas de los dibujitos.

Sin embargo, esta serie no es sólo importante por el estilo de dibujo, destaca también porque a pesar de sus elementos fantásticos, la existencia de unos manipuladores de los vientos que los controlan a su voluntad, el enfoque de la serie es representar las vivencias más sencillas y cotidianas, casi banales e intrascendentes, de estas personas, niños y adultos, que han adquirido esta gente.

Unas vivencias que, por el modo en que están narradas, son mucho más mágicas y extraordinarias que las mismas artes mágicas que suponen la excusa de la serie... o mejor dicho su MacGuffin.

Un ejemplo es el ilustrado arriba, perteneciente al episodio 5, donde una de las protagonistas, retirada al botiquín del colegio por tener un poco de fiebre, sufre una alucinación y se ve trasladada a la península Malaya, como si la realidad hubiera sido abolida.

Un ensueño cuyo detonante son las palabras de uno de los profesores, supuesto viajero y aventurero, que describe con absoluta precisión y todo lujo de detalles, esos que sólo puede conocer el que realmente ha estado en un lugar y ha vivido sobre el terreno, sus andanzas por esa región, tan exóticas para los japoneses como lo puedan ser para nosotros.

Una sugestión, casi un trance, que se consigue solamente con las palabras, con el tono reposado, con, como digo, la acumulación de detalles físicos, sensoriales, el calor, la sed, los sonidos, los colores, que llevan a nuestra protagonista a despertar en un mundo nuevo y renovado, completamente imaginario, pero al mismo tiempo, completamente real.

Que tanto a ella como a mí, nos hace desear ardientemente tomar el petate y marcharnos a recorrer mundo, como los auténticos viajeros, sin destino , ni plazo, sabiendo que el auténtico viaje es el camino y que el final llega, cuando el deseo de vagabundear es substituido por el ansía del hogar.

Un deseo que para ella es completamente nuevo, la primera vez que nunca se olvida, la que abre el mundo como un plano que se despliega para desvelar sus secretos, pero que para mí es una sensación vieja y apolillada, desusada y casi olvidada, pero que me hiere en todo mi ser.

Por conectarme repentinamente con quien fui, con la persona joven que, como esa niña, soñaba con lo que el mundo habría de traerle y revelarle, con todo lo que estaba por hacer, sin estrenar... pero que ahora sabe que cualquier actividad que emprenda puede ser realizada por última vez, o se quedará para siempre guardado en los arcones de lo nunca vivido, aunque repetidamente soñado.

2 comentarios:

Kevin Rivera Ucles dijo...

Se ve muy buena la serie, me interesa mucho talvez podrias facilitarla

David Flórez dijo...

Supongo que debe estar el los lugares habituales (si sabes inglés, tokyotosho es tu amigo) pero dado que es del 2000 y pocos, me da que los canales estarán más o menos secos.