sábado, 25 de octubre de 2008

Intimations of death






Una de las constantes temáticas que de siempre me han fascinado del anime es la presencia de la muerte, de la auténtica muerte, ésa que irremediable, inmisericorde y sin escape posible. Un destino vital que, además, el anime plasma en multitud de formas diferentes, casi una para cada uno de los infinitos caracteres y temperamentos.

Así, en las imágenes que inician esta entrada, pertenecientes a Mahou Tskai ni Taisetsu no koto, Natsu no Sora, tras una elípsis narrativa que se supone de varios años, nos muestran a un a uno de los personajes yendo en busca de otro, mejor dicho de los lugares que le fueron descritos en el tiempo que permanecieron juntos, ya que, se supone, la muerte les ha separado definitivamente.

Una plasmación apropiada a las fechas en que estamos, cuando ya está cerca el tiempo de ir a visitar a aquellos que se fueron y contarles como nos ha ido, ahora que el tiempo ha apagado el dolor y podemos charlar con ellos como si aún estuvieran presentes.

El segundo sentimiento es mucho más visceral y desgarrador puesto que se trata precisamente de esa idea que todos intentamos apartar de nuestro pensamiento, la de nuestra pronta e inevitable desaparición, contra la que nada podemos hacer



Y es que la excusa temática de Casshern Sins, es precisamente esa, la de un mundo en decadencia, casi vacío de humanos, poblado por robots que se oxidan y deshacen ante nuestros ojos, espejo de nuestra propia humanidad, pero trasladado a aquellos que se pensaron inmortales y descubrieron de repente que eso les había sido arrebatado.

Una serie que destaca también por su enfoque estético, el aspecto retro, excesivamente pop, de los diseños de los años 70, pero traslado completamente a nuestros tiempos, o mejor dicho teñido por los decenios de evolución del anime y su pérdida de la inocencia, de manera que el contraste entre ese aspecto infantil y la seriedad del tema amplifica aún más la resonancia de este...y de las reacciones de los personajes que varían entre buscar en el amor, o la amistad, o el contacto con otras personas, un alivio temporal a ese destino inevitable...



...o el más descarnado sálvese quien pueda, una vez que ya ha quedado claro que no hay vuelta atrás posible...


Nota: Si este año estaba siendo de los peores de anime, pues la primavera apenas nos trajo nada importante, excepto excepciones, el otoño puede redimirlo, pues en una estación habitualmente de retales han aparecido un buen número de series que pueden llegar a ser importantes, y sobre todo que comparten una dureza y una frialdad inusitada desde hace bastante tiempo... casi como si se pudiera certificar ahora mismo la muerte de la inundación moe de estos últimos tiempos.

martes, 21 de octubre de 2008

Too/so many differences, too/so many peoples (y II)

Una de los efectos indeseados de esto de escribir en vivo y en directo consiste en terminar una entrada y darse cuenta de que no se ha referido uno en ningún lugar a lo que realmente quería decir.

¿Y qué es lo que quería decir? Pues que el libro de Goodman (Rome and Jerusalem, The clash of ancients civilisations) trata sobre la guerra entre Roma y los Judíos que tuvo lugar en el año 70 d.C., y que concluiría con la destrucción del Templo y la ciudad de Jerusalén, además de la diáspora de los judíos por el Imperio Romano. Un acontecimiento de gran importancia, no sólo por sus repercusiones históricas que perduran aún hoy en día, como demuestra el propio estado de Israel, trazado a escuadra y cartabón en Palestina para acoger al pueblo apátrida, sino por su excepcionalidad en el curso de la historia romana, ya que nos encontramos con una guerra de religión llevada a cabo por una sociedad tolerante en esas materias y que casi concluye con el exterminio físico y cultural del pueblo judío (más aún si consideramos el epílogo y reafirmación de la sentencia que constituyó la rebelión de Bar Kocheba en el 132 d.C).

Un acontecimiento del que sabemos mucho del como ocurrió y sus consecuencias, pero muy poco del porqué llegó a ocurrir. Ignorancia que no se debe al silencio de las fuentes, ya que contamos con un observador desde el propio interior del Imperio Romano, Tácito, y que este acontecimiento coincida con la guerra civil que asoló al Imperio en el año 69 y que el romano narra con todo lujo de detalles, o los libros sagrados de dos religiones, el cristianismo y el judaísmo rabínico, para las cuales ese acontecimiento constituye casi el punto de partida, al romper el cordón umbilical que les unía al Templo y a Jerusalém, obligándoles a seguir su propio camino.

Y para rizar el rizo, tenemos ni más ni menos el testimonio de uno de los generales judíos que participaron en el levantamiento, Flavio Josefo, que tras ser hecho prisionero por los romanos y pasarse al enemigo, dedicó toda su vida a narrar ese acontecimiento, intentando justificar sus acciones, exculpar a su propia raza, echando las culpas a unos extremistas opuestos a los intereses del pueblo, y, sobre todo, a intentar dilucidar las causas por las que se llegó a esa catástrofe.

Aquí, sin embargo, empiezan los problemas, cuando nos enfrentamos al porqué. Tácito es demasiado romano, para darnos una respuesta, y cuando uno lo lee se da cuenta de que los problemas de Judea y los Judíos le son indifirentes, cuando no incomprensibles. Cristianos y Rabinos están demasiado preocupado por sus disquisiciones teológicas y escatológicas para descender a los burdos temas de la política y la sociedad, mientras que Josefo estuvo tan implicado en los hechos y es tan patente su necesidad de jugar a demasiadas bandas, exculpándose él, adulando a los emperadores, liberando de responsabilidad el común de los judíos, que su historia del periodo anterior al conflicto y su exposición de las causas no son otra cosa que un inmenso embrollo sin posibilidad de ser desentrañado.

De esta manera el periodo, a pesar de su abundancia en datos (y en datos que se corroboran los unos a los otros), se nos ofrece como una inmensa blank slate donde se puede escribir cualquier cosa. Así, Goodman intenta demostrar una tesis un tanto a contracorriente, según la cual no existía una auténtica oposición entre romanos y judíos (ese clash of ancient civilisations que juega con ese postulado/profecía tan de moda ahora mismo) sino que la catástrofe fue provocada por pequeños acontecimientos que se fueron reforzando a sí mismo y que llevaron a un resultado inesperado para sus propios protagonistas, sin que estos se sintieran opresores/oprimidos, ni hubiera un abismo ideologico entre ellos, como podría hacernos pensar la oposición entre un politeísmo aglutinante y un monoteísmo excluyente.

Por supuesto, la exposición de la Roma y la Judea del siglo I, necesaria para demostrar la tesis y que ocupa los dos tercios primeros del libro, se convierte en la parte más interesante de la obra, al mostrarnos algo muy poco corriente, la foto fija de ambas civilizaciones en un momento crucial de su historia, al igual que lo es la descripción de las consecuencias, al ocuparse de unos acontecimiento mal preservados en las fuentes. Sin embargo, la tesis central en mi opinión no es completa, o mejor dicho, es cierto que una dinámica universal de los conflictos es que suelen irse de madre, comienzan localizados y poco ambiciosos, para acabar incendiando todo lo que tocan y, si se extienden demasiado en el tiempo, destruyen a uno de los contendientes o incluso a ambos.

Sin embargo, no es menos cierto que detrás de todo conflicto suele haber "algo" que lo motive, y un algo, además, que suele permanecer larvado durante mucho tiempo hasta que estalla. En ese sentido es muy interesante la lectura de Jesús Desenterrado de Jonathan Reed y John Dominic Crossam, centrado únicamente en la Palestina del siglo I, con un énfasis en el testimonio de los hallazgos arqueológicos, y que nos describe una sociedad profundamente escindida, entre una clase alta y opulenta, colaboradora de los romanos y al mismo tiempo defensora de sus tradiciones, y unas clases bajas hundidas en la miseria, sacudidas por movimientos mesiánicos y opuestas a esta oligarquía, en primer lugar, y después a los romanos que les sostenían en sus privilegios.

Un clima de conflicto civil que, dadas las circunstancias, esos imponderables de los que habla Goodman, un gobernador con más ansias de rapiña que lo habitual, un fracaso del poder romano en ejercer su aplastante poder, estallaría en las narices de los ocupantes, y explicaría la saña, según Josefo, con la que los judíos se dedicaron a exterminarse los unos a los otros por razones políticas, incluso con los romanos a las puertas, así como el rigor con que estos aplicaron su venganza, al tener que tratar al final con los fanáticos que habían sobrevido a esa selección natural.

O lo que es lo mismo, el conflicto entre unas clases altas helenizadas enriquezadas y unas clases bajas conservadoras y pobres, interno a la cultura judía, acabó desencadenando un movimiento antirromano, convirtiéndose por tanto en un problema de estado del Imperio, y llevando a éste a intervenir con todo su poder, para no perder su prestigio y que otros pensarán en seguir ese camino.

Un modelo que tiene turbadoras semajanzas con otro clash of civilisations del que no sabemos aún su final, como es que las luchas entre las corrientes modernizadoras y las reaccionarias en el mundo islámico haya sido trasladada por los extremistas al ámbito de las antiguas potencias colonizadoras, convirtiendo ese conflicto interno de una sociedad en un conflicto externo entre civilizaciones, Islám y Occidente, que se nos presentan como incompatibles, sin posibilidad de acuerdo.

domingo, 19 de octubre de 2008

Abstraction For The Win



He comentado ya muchas veces mi preferencia por las formas menores en las artes, por el corto en cine, por la obra para solista o el cuarteto en música, por el cuento en literatura. Una inclinación, esta mía, que tiene un doble origen, por un lado, el hecho de que verse estrictamente limitado en el tiempo o en el espacio, obliga al artista a prensar sus recursos expresivos para que quepan en ese formato tan exiguo, a sublimar y a destilar, a intentar dar lo máximo con el mínimo, a sugerir y apuntar mucho más de lo que le tiene ocasión de decir llegando al extremo, como se ha dicho de la poesía, que una medida de su calidad, es la relación entre versos de un poema y el número de páginas en prosa que se necesitan para explicarlo y comprenderlo. Un modo de hacer exigente y duro, que provoca que muchos de los que lo practican de ordinario sólo puedan dedicarse a ello en su juventud, cuando las fuerzas y las ilusiones sobran, al contrario de los largometrajes o las series, la novela, los conciertos y sinfonías, donde el amplio espacio permite bajar la tensión del material, repartirlo en un par de puntos cruciales y convirtiendo el resto de la obra en transiciones entre esos puntos o, en el peor de los caso, en mero relleno.

Aparte de esta diferencia estética provocada por el formato, hay otra razón más prosaica, para justificar mi preferencia, mi inclinación hacia esas formas mínimas. Una gran novela, una gran película, una gran opera, debido a su propia longitud, es algo que apenas llegamos a disfrutar un par de veces en nuestra existencia. Hay que reservarle varias horas, un tiempo en el que podamos sumergirnos en ellas, pillarles el ritmo, desconectar del mundo y sus preocupaciones. Un corto, un poema, un cuento, una sonata, es algo que apenas consume tiempo, que puede incluirse en cualquier rato perdido y, sobre todo, que podemos visitar cuantas veces queramos, hasta sabérnoslo de memoria, hasta que forme parte íntegra de nuestra vida, algo sin lo cual no podríamos concebir nuestra existencia.

Así que gracias a YouTube, no hago más que repetir el visionado de cortos y cortos de animación, entre ellos los de Norman McLaren, ese animador fundamental, cuya obra entera cabe en apenas unos cuantos DVD, y que por sus logros, por haber sacado la abstracción del congelador de los lienzos, dándole la vida que ofrece la pantalla de cine y fundiéndola con la música, haciendo realidad el sueño de los grandes pintores abstractos de principios del XX (y no, no se me olvidan Fischinger o Lye, pero de uno ya hablé y del otro ya hablaré).

Algo que debería bastar para que se le considerase uno de los grandes cineastas del siglo XX, o al menos mejor que muchos otros famosísimos, simplemente por pocos pueden superar la inventiva, la constante innovación, la belleza formal o la alegría con que atiborra todos y cada uno de sus cortos... y esto utilizando los medios más simples, líneas, puntos, formas abstractas, figuras geométricas, objetos cotidianos, lo más simple y aparentemente más alejado del gran arte y que, como digo, bailan y disfrutan al ritmo de la música, fascinando a cualquier espectador que se atreva a mirarlo sin prejuicios, o mejor, dicho, que se atreva a disfrutarlos, sin cargarse de bagaje inútil o concepciones previas

Poco más puedo decir. De hecho, decir más, aparte de explicar como se concibieron, realizaron y planearon estos cortos, es ocioso, puesto que no pueden añadir nada a su belleza o a su alegría, esos conceptos tan extraño a nuestros parámetros culturales de ahora mismo.

Basta con señalarlos y que otros nuevos los descubran, los disfruten.





sábado, 18 de octubre de 2008

10.000 Visitas

Pues llego el día soñado.

Hoy este blog alcanza las 10.000 visitas, desde que las estoy midiendo, es decir, el 15/06/2006, aunque cuando realmente ha despegado ha sido este año, con unas veinte visitas diarias/600 mensuales.

Por hacer un poco de historia desde la fundación (15/05/2005)

Primer año: Tras un comienzo muy productivo, empecé a dejar grandes huecos entre entrada y entrada, incluso de dos meses de duración... dudo que alguien que me pillase en esa época haya continuado hasta ahora, tanto por esa inconstancia, como por lo errático de mis comentarios.

Segundo año: Podría decirse que fue el año en que este blog comenzo a tomar forma, con posteos a intervalos regulares (excepto en ototño que casi tuve una recaída), y una cierta cristalización temática.

Tercer año: Esa cristalización temática se hizo definitiva este año, centrada alrededor de tres ejes, arte/exposiciones, anime, lecturas varias (historia y literatura, en su mayoría). Una cuarta vía, la musical, se quedó en vía muerta, más que nada por falta de tiempo.

Cuarto año: Aparte del surge en visitas, esa media de 20 diarías/600 mensuales, e incluso cierta participación en los comentarios que decía antes, otros hilos se han añadido a los habjtuales, como han sido las citas de fin de semana con el cine y la animación.

Y tras esto por supuesto, agradecer a los lectores habituales su apoyo, especialmente a aquellos cuyos nombres conozco y paso a reseñar aquí (y pido perdón si alguien se me queda en el tintero, y respecto al orden, bueno, había que poner alguno)

Procedentes de cinexilio: Yaguereales, Jasikevicius, Gregg Toland, Scully MacMulder, DirtyTrack, Mr Toldo.


Lectores que se han identificado: El Rey Mono, Mayor Reisman, Fabber

Visitors from the Great North: Mahendra Singh

Otros varios sin localizar: Kinoética, Un lector anónimo de León , Otro lector anónimo desde Zaragoza , un último desde las islas Baleares

Y seguro que se me queda más gente, pero la mente está limitada y con la vejez cada vez más....

Y para terminar, si lo desean retrátesense en los comentarios/And If you wish so, please leave a comment.

viernes, 17 de octubre de 2008

Give me a Thousand Kisses (y III)







Boomp3.com (Pulsen para comprender mejor el momento)







He comentado ya la sorpresa que supuso para mí el descubrimiento de Simoun, una serie que, desde fuera, era semejante a un anuncio de neón que dijera Hot lesbian chicks riding mechas, o en otras palabras, la apoteosis de los clichés y las fantasías sexuales masculinas, el cebo perfecto para capturar a los otakus insatisfechos y vacíar su carteras... un concepto que otra serie de la misma época, Strawberry Panic, encarnaba a la perfección, intentando disfrazar con ese gancho, el de los tópicos sexuales y narrativos, la penosa calidad de su animación y su historia, de manera que tras "gustar" de sus primeros capítulos me impuse su visionado hasta el final a modo de penitencia.

Algo que evidentemente no es el caso de Simoun. Una serie que por su calidad, y por huir de esos tópicos y cebos fáciles, paso inadvertida para el otaku corriente, preocupado él por cosas más terrenales, cuando esta serie, por el contrario, encerraba en sí ejemplos mágníficos de lo mejor del anime, de esas características especiales que nos han atraído y seducido a tantos.

Ya hablaré (he hablado en parte) de los rasgos temáticos que destacan a esta seríe, pero en esta entrada me gustaría señalar sus virtudes formales, en concreto, esa similitud del estilo del anime con el del cine de verdad, en concreto el cine clásico, que busca resaltar las expresiones de los personajes, conseguidas con el mínimo de recursos gráficos, y utilizando el montaje y los movimientos de cámara, para explicar lo que no se puede explicar con las palabras, pero sí el poder de la imagen, o mejor, su yuxtaposición y concatenación.

De esta manera, en el primer fragmento de la secuencia que incluyo en esta imagen, puede verse el cuidado que los artistas del anime ponen en reflejar los sentimientos de los personajes, mejor dicho, las expresiones que delatan esos sentimientos, y como se utiliza el montaje para reforzar el clima que esas expresiones nos hacen sospechar. En un par de planos podemos ver la transición espiritual en uno de los personajes del miedo/duda a la leve esperanza y de ésta al no te dejaré escapar esta vez, tendrás que hacerlo, mientras que el otro vacila entre ser dejado en paz y conceder ese deseo que se le pide con tanta insistencia y dramatismo.... Ayudado todo por el continuo salto entre los primeros planos, que nos muestran la urgencia, casi el forzamiento, de esa petición por parte del primer personaje, y los medios del segundo, que nos muestran la separación entre ellos, para a continuación saltar al primer plano, cuando se produce la aceptación.

Ayudado todo, además, por la iluminación desusada y antinatural, que nos muestra cuan precaria y peligrosa es la situación en la que se encuentran ambos personajes y que se explica, sin necesidad de palabras en dos magnificos planos...




... que muestran el abismo que les separa, a uno perdido en sus propias preocupaciones, al otro, incapaz de escapar a su obsesión.

Una tensión que no tardará en estallar y que llevará a uno de ellos al borde del abismo (y observen en toda la secuencia, lo maravillosamente que está narrada, tanto en la descripción de las expresiones, como en el uso de la luz y del encuadre para subrayarlos)...





























Había empezado comentar plano por plano la escena, pero me he dado cuenta de que es mejor dejarla fluir y que sean los lectores los que descubran cada uno de los ínfimos detalles, porque si algo demuestran esta capturas es una vieja regla de la animación, que para descubrir su calidad hay que romperla en planos y ver qué es lo que queda, algo que en Simoun se consigue en muchas ocasiones.

Especialmente en este caso, cuando uno de los personajes está a punto de comecer una de las mayores bajezas que se pueden cometer, aquélla de destruir lo que más se ama, de lo que se está más orgulloso, y destruirse asímismo en el intento... una catástrofe personal de la que logra salvarse en el último instante, en ese crucial y magnífico cruce de miradas, sin pronunciar una sola palabra.

Una mirada, donde se unen desprecio, fortaleza y compasión, que le demuestra que esa victoria física no será más que una derrota espiritual, y que desarma al contrario por completo, al negarle lo que más desea y espera, que ese sentimiento que experimenta sea compartido y respondido.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Too/so many differences, too/so many peoples (y I)

One provintial at least took solace from this variety of customs. Bar Daisan a speculative Christian Philosoper at the court of Abgar VII of Edessa, wrote a treatise in Syriac On Fate, or the book of the laws of countries in the late second century CE, in which he argued against astrological determination by showing ( not altogether accurately) how the customs of peoples differ.

"Now listen, and try to understand that not all people over the whole world do that which the stars determine by their fate an in their sectors, in the same way. For men have established laws in each country by that liberty given them from God. Among the Romans, everyone who has stolen some triffle is scourged then set free. On the further side of the Euphrates, towards the East, no man called a thief or a murderer will become very angry. But if a man is accused of having sex intercourse with boys, he revenges himself and does not even shrink from murder... In the North, however, on the territory of the Germans and their neighbourds, the boys who are handsome serve the men as wives, and a wedding feast, too, is held then... Among the Britons, many men together take a wife..."

From such evidence, argued Bar Daisan, it is clear that man controls his own fate, and that life is controlled neither by stars nor by geography. The same argument is bolstered by evidence that people can change their customs, most strikingly and effectively, according to Bar Daisan, when they become Christians,

Rome & Jerusalem, Clash of Ancient Civilisations. Martin Goodman.

Leía este fragmento del libro de Goodman, y me vino a la memoria la comparación que hacía Arnold J. Toynbee en su A Study of the History entre el mundo Grecorromano y el de su tiempo, la Inglaterra Postcolonial (y por extensión el nuestro). Dos mundos separados por milenios que compartían una característica turbadora, la de ser multiculturales, o mejor dicho, la del encuentro, más o menos violento, más o menos brutal, de una civilización con el resto

Un contacto que rompió los esquemas mentales y filosóficos de ambas civilizaciones, al ponerlos en contactos con gentes cuyas formas de gobierno, su constumbres, su religión y moral, eran distintos a los de los romanos, cuando no opuestos, diferencias que se aplicaban también al muestrario de civilizaciones con los que se encontraron, haciendo aparentemente imposible encontrar un denominador común, un algo que pudiésemos llamar universal y por tanto aplicable a toda la humanidad.

Por supuesto, los romanos intentaron romanizar al resto del mundo, no sólo de forma material, sino también espiritual, de manera que cuando escuchamos las descripciones etnográficas de las fuentes antiguas, vemos como una y otra vez intentan embutir esa realidad extraña en sus clasificaciones culturales, dando la extraña impresión de que todo el mundo era romano (o griego) sin saberlo, y de que todo allí fuera era como en casa, sólo que con pequeños toques cosméticos. Una actitud que al historiador moderno, en el caso de no tener evidencias externas, creadas por esa propia civilización, le hace tirarse de los pelos, puesto que es incapaz de distinguir qué hay de visión romana y qué de auténtico en las descripiciones de geógrafos y etnógrafos clásicos.

No obstante, las diferencias persistían. Se quisieran como se quisieran ocultar, asignando como en el caso de la religión egipcia, alter ego griegos a esas divinidades nativas, el caso es que los usos y las formas diferían, como era el caso de la pasión por conferir cualidades divinas a animales vivos, y que les llevaba a adorarlos en vida y a enterrarlos suntuosamente ya muertos, algo que a los romanos les repugnaba profundamente. Una persistencia en la diferencia que llevaba, obviamente, a propugnar una razón que las justificase, y que para los romanos era, ni más ni menos, el marco físico, que según ellos, determinaba completamente al individuo, mejor dicho, su cultura y su civilización.

Una conclusión errónea que a Toynbee le servía para demoler otra conclusión contemporánea (de su tiempo, quiero decir) no menos errónea, la de que era la raza la que determinaba la cultura y los logros culturales. En efecto, al igual que los romanos y griegos, los conquistadores ibéricos y los colonizadores europeos se habían topado con una variedad inimaginable de culturas que se contradecían entre sí. Un rango de manifestaciones culturales que vanamente intentaban relacionar con sus mecanismos culturales o al menos reducir la variedad, y que atribuyeron al rasgo más espectacular que diferenciaba a las personas que habitaben esos países exóticos, el color de la piel, mientras que los romanos, al moverse en un mundo en que todo eran tonalidades de blanco, lo atribuyeron al medio físico, inventando ambas civilizaciones todo un sistema de rasgos característicos que eran consustanciales, como digo, al color de la piel o al medio físico.

Conclusiones apresuradas, basadas en características secundarias, más en nuestro caso que en el de los grecorromanos.

Sin embargo ese choque de culturas, tipo romanos vs resto del mundo, civilización occidental vs resto del mundo, es cierto que producen la aparición de estas ideas que se pueden calificar de discriminatorias, en el sentido de convertir al ser humano en un ser determinado desde su nacimiento, pero no es menos cierto que producen también el efecto contrario, el de mostrar las posibilidades de la libertad humana, o mejor de dicho de la infinidad de caminos que se pueden tomar, en su mayoría igual de válidos los unos de los otros, al poner de manifiesto la variedad infinita de soluciones que se han dado, una y otra vez, a los mismos problemas.

Algo que si a Bar Daisan, un ciudadano de la periferia del Imperio, viviendo en un estado vasallo y escribiendo en la lengua no oficial (aunque sí una de las lenguas de cultura del oriente romano, el Siriaco), le servía para romper los grilletes del destino y la astrología sobre el hombre, al demostrar que para la misma configuración de astros, las gentes se comportaban de maneras distintas (y de forma inesperada mostrar que esa libertad permitía que cualquiera fuera cristiano), a Toynbee le servía asímismo para romper las anteojeras del racismo y del colonialismo, al narrar la aventura de cada civilización y la validez de sus soluciones partículares, y por tanto, la estupidez que suponía sostener la primacía de unas frente a otras.

¿Y a nosotros para qué podría servirnos? Pues para romper otros grilletes, concretamente la de que estamos determinados desde nuestro nacimiento por unas constantes culturales, que según algunos constituyen nuestra esencia y de las cuales separarse es una traición.

Cuando la realidad es que todo puede ser cambiado, todo puede ser puesto en tela de juicio, y todo puede ser moficado, simplemente porque somos nosotros los que decidimos que esas constantes culturales son las que valen, y si no nos valen, las tiramos y escojemos otras.