jueves, 3 de noviembre de 2005

Reading Dickinson (y 1)

You said that I "was Great" - one Day -
Then "Great" it be - if that please Thee -
or Small - or any size at all -
Nay - I'm the size suit Thee -

Tall - like the Stag - would that?
Or lower - like the Wren -
Or other heights of Other Ones
I've seen?

Tell Which - it's dull to guess -
And I must be Rhinoceros
Or Mouse
At Once - for Thee -

So say - if Queen it be -
Or Page - please Thee
I'm that - or nought -
Or other thing - if other thing there be -
with just this Stipulus -
I suit Thee -



Uno suele creer que lo ha visto todo, lo ha leído todo, que nada ya puede sorprenderle.

Así nos lo hacer creer esta sociedad.

Somos bombardeados con imágenes, con palabras, con sentimientos. Todo es antiguo a los cinco minutos. Sólo es válido lo que vemos en el instante que se nos escapa. Debemos, si querer vivir en este mundo, correr a la búsqueda de novedades, apurarlas antes de que caduquen, arrojarlas al instante.

Sin que a nadie se le ocurra pensar en amarlas o encariñarse con ellas. ¿Para qué? Nadie en su sano juicio se encariña con la basura, sino que la tira en cuanto tiene ocasión.

Así transcurre nuestra vida, sin que nada quede en ella, ni siquiera recuerdos, puesto que no podemos memorizar todo.

Todo encuentro es superficial, todo conocimiento es imperfecto, todo amor es de una sola noche. No puede ser de otra manera. No hay tiempo para profundizar, no hay tiempo para entrenerse, no hay tiempo para divertirse, porque lo siguiente viene ya empujando, exigiendo su lugar al sol.

De vez en cuando, se encuentra a alguien que nos parece importante.

Quisiera utilizar la palabra definitivo pero es demasiado grande, demasiado pesada, para lo que quiero decir.

A veces se encuentra a alguien con el que se desearía estar. Alguien cuyas opiniones, cuyas percepciones, cuyos extremos, fortalezas y debilidades coinciden con las nuestras. Alguien que nos habla con nuestras mismas palabras o, mejor dicho, aquellas palabras, aquella voz con la siempre quisimos hablar, pero que nunca llegó a ser la nuestra, por que nos faltó el valor, el talento o la oportunidad.

Sin poder evitarlo saboreamos esas palabras, esos pensamientos, una y otra vez. Para nuestra sorpresa, para nuestro estremecimiento, el uso no las desgasta, al contrario, poco a poco, las impurezas del significado se desprenden y desaparecen, para dejar la idea, el símbolo, la revalación, al descubierto, cual fruto maduro delicioso, que nos espera.

Y no nos importa lo que los demás piensen, ni su burla, ni su desprecio, ni su desencanto, ni su frialdad. Sabemos que estamos en el buen camino, aquel contruido sólo para nosotros, aquel que nos lleva al hogar.

En esas ocasiones, poco importa que el depositario de esas ideas sea un muerto hace casi siglo y medio, o una persona que viva, sienta y ame al otro lado del mundo. La conexión ha sido establecida, nada puede romperla, y sólo se desea volver una y otra vez al lugar querido, abándonando el resto de placeres, que se han revelado como lo que són, espejismos y fantasmas, completamente inútiles para nuestro existir.

Por eso me pregunto, ahora que he encontrado a Dickinson, si no será mejor olvidarse de la actualidad y el mundo, limitarse a unos cuantos libros, unos cuantos discos, unos cuantas películas y vivir sólo con ellos, hasta que se los sepa uno de memoria, hasta que formen parte de uno mismo, como un hábito que no se percibe ya, al igual que no percibimos nuestro propio cuerpo.

Pero quizás es que uno es demasiado viejo y quedóse anclado en el pasado, mientras que el mundo ha seguido su camino.